Redacción EC

JANET TAMURA 

Al igual que un niño juega con pequeños cubos de madera, el arquitecto Carlos Pestana lo hace con los grandes volúmenes. Él es capaz de convertir los requerimientos más sencillos, en casas que se asemejan a enormes rompecabezas, en donde los bloques parecen entrar y salir, moverse dependiendo de la luz.

Pestana nos muestra su último proyecto: una casa en Villa que tiene su sello personal en cada rincón. Es un gran volumen lineal, rico en texturas y transparencias que le dan relevancia a los muros y espacios que se proyectan a diversos niveles. Se utilizaron piezas de porcelanato color madera, fachaletas de piedra talamoye y grandes paños de vidrio, de 10 mm de espesor.

Lo mejor del proceso creativo es la total libertad que tuvo para definir el diseño arquitectónico. La dueña, una amiga de la infancia, dejó completamente en sus manos la construcción de la que sería su futura casa familiar. Sus únicos requerimientos fueron que tuviera cuatro dormitorios, dos salas de estar –una para cada hijo– y un gran jardín. De lo demás se encargó él.

VERDE Y VIVA

Solo se usó 256,70 m2 del terreno total, que llega a los 1.134,50 m2, porque se decidió privilegiar las áreas verdes. “La construcción se pegó hacia el sur, para tener una vista completa del jardín y de la casa”, argumenta el arquitecto.

Al ingresar al hogar, un gran espacio nos envuelve. El techo de doble altura (5,5 m), le da un aspecto imponente a la residencia. Surca este ambiente un puente con barandas de vidrio templado que une ambas partes del segundo nivel. Todas las áreas sociales, la cocina, un cuarto de huéspedes y el estudio, se encuentran en el primer piso. En la sala, roba las miradas una chimenea de etanol revestida con planchas de granito, que armoniza con el frío microcemento de las paredes. Además, en el mismo lugar, corre lateralmente un jardín interior que brinda luz y enfatiza el pedido de los propietarios de tener elementos naturales a la vista.

En el segundo piso están el dormitorio principal –desde el exterior se ve como un cubo proyectado hacia el horizonte–, los dos cuartos secundarios y la sala de estar de la hija de 8 años. Desde el interior de todas las habitaciones pueden verse la puesta del sol y el mar que está ubicado a tan solo 30 m de distancia de la vivienda. “El dueño corre tabla hawaiana y desde su cuarto puede saber cómo están las olas, y observar si la corriente se orienta hacia el norte o hacia el sur”, comenta.

En el exterior, unida a la casa por el techo de la terraza, está la sala del hijo adolescente. Corona esta moderna casa, la piscina de 8 m de largo por 2,80 de ancho, en donde la familia se refresca en los meses de verano. La conexión de esta casa no solo se da con los materiales, también con el espacio natural que la rodea. El silencio como el sonido de las aves y del mar también forman parte de la propuesta.