Redacción EC

En esta barranquina no hay espacio para la reflexión mecánica en materia de decoración. Las piezas antiguas, sin querer, crean un ambiente cálido y hogareño.

Asimismo, los pequeños rincones formados por butacas y mesas de centro cumplen funciones de sala de estar. Cada espacio refleja el fuerte interés de la dueña por el arte.

El piso original de la casa es de pino oregón. En varios de los ambientes destacan los floreros de Jonathan Adler, los cuales se convirtieron en objetos del deseo.

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