Alianza Lima jugará la Liga 2 en la temporada 2021. (Foto: Liga de Fútbol Profesional)
Alianza Lima jugará la Liga 2 en la temporada 2021. (Foto: Liga de Fútbol Profesional)
Pedro Canelo

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“Alguien tiene que dar la cara en estos momentos”, escribe un dolido hincha de Alianza Lima en su cuenta de Twitter. Su referencia no es al plantel de jugadores ni al cuerpo técnico. En estas horas extremas, con el descenso íntimo confirmado, es importante escuchar a las cabezas y en Alianza el hilo conductor es manejado desde hace 14 meses por el Fondo Blanquiazul, grupo inversor que, apenas acabó el partido con Sport Huancayo, borró su cuenta en la mencionada red social. En el momento más urgente, los del Fondo se borraron.

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Minutos después apareció un tímido comunicado en la cuenta oficial de Alianza Lima. Una carta algo desprolija en su diseño y presentación. Pedían perdón a los hinchas, a ese fanático que, en medio de este dolor máximo, quiere escuchar explicaciones. El Fondo Blanquiazul no responde. No sabe. No opina.

Sí, en el análisis de esta tragedia deportiva es inevitable hacer mención a la colección de errores del principal acreedor de los íntimos. En septiembre del 2019, se confirmó que un grupo inversor llamado Fondo Blanquiazul había pagado el 80% de la deuda que tenía Alianza con la Sunat. Más de 20 millones de soles cancelados. Era el inicio de una transición con triste final.

Pablo Bengoechea dejó el banquillo de Alianza Lima en marzo pasado. (Foto: AFP)
Pablo Bengoechea dejó el banquillo de Alianza Lima en marzo pasado. (Foto: AFP)

-Tres años impecables-

Bajo la administración de Renzo Ratto, la gerencia deportiva de Gustavo Zevallos y la dirección de menores de Ernesto Arakaki, el club blanquiazul empezó a crecer en cada una de sus aristas. Incluso, el área de Marketing, bajo la mirada de Benjamín Romero, empezó a rendir resultados en azul.

El primer equipo consiguió un campeonato y dos subcampeonatos, todos con Pablo Bengoechea como entrenador. Se generaron 3 millones de dólares por clasificación a fase de grupos de Copa Libertadores. Los hinchas estaban felices por la competitividad y las cabezas dirigenciales respiraban con arcas cada vez más nutridas de ingresos.

El Fondo Blanquiazul removió de su cargo a Ratto y asumió Kattia Bohórquez. En la parte deportiva, Gustavo Zevallos cada vez tenía menos poder de decisión ante la aparición de Víctor Hugo Marulanda como director deportivo. Arakaki y Romero se fueron a la Federación Peruana de Fútbol. Era una etapa de cambios en todas las instancias.

En enero del 2020 comenzaron los principales errores de los blanquiazules. El armado del plantel fue mediático, pero sin un concepto del beneficio colectivo. El resultado final fue ver un equipo como el de hoy, ante Sport Huancayo: totalmente desordenado y desprolijo en todas sus líneas.

Alianza Lima contrató a jugadores como Jean Deza o Carlos Ascues, que ya tenían antecedentes de indisciplina. Antes de que Alianza inicie su participación en la Libertadores, las cámaras de un programa de TV los “ampayó” incumpliendo con el cuidado natural de un deportista de alto rendimiento.

Pablo Bengoechea cometió el error de respaldar estas inconductas y salió con la frase: “Las fiestas deportivas”. El charrúa se inmoló por sus jugadores y estos no correspondieron. Al final, el uruguayo se despidió argumentando que el equipo ya no lo escuchaba. Comenzaba la anarquía de un plantel, que no pudieron arreglar los técnicos que llegaron después: Mario Salas y Daniel Ahmed.

Mario Salas fue despedido a finales del mes de octubre. (Foto: GEC / Difusión)
Mario Salas fue despedido a finales del mes de octubre. (Foto: GEC / Difusión)

-Tropiezos irremediables-

Exceso de confianza o falta de mirada para anticiparse a los problemas. En Alianza Lima despidieron a Jean Deza por indisciplina, perdonaron a Ascues y dejaron ir, sin hacer el mínimo esfuerzo por retenerlos, a los uruguayos Adrián Balboa, Federico Rodríguez y Luis Aguiar.

Se apostó por jugadores como Beto da Silva, que solo arrancó dos partidos como titular en toda la temporada, o el mismo Ascues, que ante Sport Huancayo erró un penal con penosa displicencia.

Se fue desarmando Alianza y el técnico Mario Salas tampoco podía convencer con su dogma de juego ofensivo, con la pelota en los pies. La pausa por la pandemia y la brevedad de la Fase 2, acortó cualquier replanteo organizacional de Alianza Lima.

Se fue Salas y el Fondo Blanquiazul le pidió con insistencia a Daniel Ahmed, para que se haga cargo del primer equipo. El desenlace no pudo ser peor.

Se perdonaron indisciplinas, pasaron 5 técnicos (si contamos a los interinos Guillermo Salas y Jaime Duarte) y se fallaron con casi todas las contrataciones (solo se salvaría el defensor venezolano Quijada y Josepmir Ballón). Muchos malos pasos y poca autocrítica. Por eso el hincha exige una explicación. Pero el Fondo Blanquiazul ha elegido sumergirse en una existencia fantasmal. Por ahora, están escondidos. Otra señal de un barco a la deriva. Quizá el renacimiento de Alianza Lima deba comenzar con la llegada de nuevas cabezas.


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