Jerónimo Pimentel

Dentro de las varias vergüenzas que nos depara nuestra segunda división, la principal es su pintoresquismo organizacional. El ascenso depende de un cuadrangular compuesto por clubes que llegan por dos vías: la Liga 2 y la Copa Perú. No participan, sin embargo, los campeones respectivos, pues estos cuentan con promoción automática; lo juegan los finalistas.

Este año, el campeón en cancha de la Copa Perú debió ser el Deportivo Llacuabamba, pero el FC Carlos Stein impugnó el resultado por alineación indebida y ganó el torneo en mesa, lo que llevó al joven equipo chiclayano a la primera división y al joven equipo liberteño a la liguilla de ascenso. En la Liga 2, por su parte, el triunfo fue para el Cienciano, por lo que Atlético Grau pasó a disputar los cupos restantes con el ya mencionado Llacuabamba, una institución llamada Sport Chavelines Juniors de Pacasmayo y un viejo conocido, Deportivo Coopsol. Si el lector está confundido o ignora la historia de estos equipos no tiene por qué preocuparse: el fixture parece imaginado por un adicto al ácido lisérgico, varios de los clubes mencionados tienen apenas 7 u 8 años de vida y el estadio de alguno de ellos tiene capacidad para sólo 500 personas.

ENTREVISTA A FREDDY AMES EN SU OFICINA DE SAN ISIDRO
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El problema de este disparate es que parte de extraños supuestos. El primero y más delirante es que la primera división peruana puede contener a 20 clubes profesionales. El segundo, que el campeón de la Copa Perú debería tener derecho a ascender a un equipo de manera directa. El tercero, que esta arquitectura imposible va a subir el nivel de nuestro sistema futbolístico.

El último partido del cuadrangular ya nos ha dado una muestra de lo que nos espera. En un ejercicio antideportivo e impúdico, Llacuabamba y Grau decidieron dejar de jugar al fútbol durante todo el segundo tiempo pues el empate a cero los clasificaba a ambos. La renuncia a jugar fue tan grotesca que no hubo disparos al arco en la segunda parte del encuentro (en los 90 minutos se contaron apenas dos), al punto que el director técnico de los piuranos, Wilmar Valencia, abandonó la cancha ¡en pleno partido!

Deportivo Llacuabamba - Ganador Cuadrangular 2019 - Jugará la Liga 1 en el 2020 (Foto: GEC)
Deportivo Llacuabamba - Ganador Cuadrangular 2019 - Jugará la Liga 1 en el 2020 (Foto: GEC)

Luego, en declaraciones a prensa, reconoció lo que todos vieron en el campo a pesar de ser uno de los beneficiados: “Lamentablemente el torneo estaba hecho así, ha habido precedentes de está índole en campeonatos mundiales (clara referencia al Alemania vs Austria de España 82), en torneos internacionales como Copa Libertadores (el infame Defensor vs Cristal de 1996), bueno, servirá de precedente para que los torneos en adelante sean de una manera distinta y quizás se jueguen los partidos a la misma hora…”. Entendiblemente, el Deportivo Coopsol presentará una queja formal por la presumible concertación del encuentro.

Si, como suele pasar por estos lares, no hay sanción para los responsables de esta vergüenza, el espectador estará avisado sobre la catadura moral de los nuevos miembros de la primera división peruana. Es cierto que no se puede juzgar a un grupo de jugadores por un partido y no por el esfuerzo hecho durante todo el año, pero tan cierto como eso es que hay lugares de los cuales no se vuelve.

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