Bayern Munich enfrenta el jueves al Sevilla por el título de la Europa League. (Foto: Reuters)
Bayern Munich enfrenta el jueves al Sevilla por el título de la Europa League. (Foto: Reuters)
Raúl Castillo

Para Bielsa “los elogios debilitan, sobre todo si son exagerados y describen como definitivas las circunstancias que son parciales”, pero para quienes vemos al , ni una lluvia de mil halagos podrán mermar el nivel de un equipo que se postula a marcar un antes y después en el fútbol. Cuando el éxito de un triplete puede mermar el nivel de una plantilla en un corto plazo, los bávaros respondieron al inicio de temporada con un 8-0 sobre el Schalke 04, preguntándonos si estábamos viendo un partido en una consola de Play o un duelo oficial de la .

El equipo de Flick no parece salido de este mundo: presiona como una máquina sin descanso durante 90 minutos y no como si fuera un grupo de once humanos corriendo detrás de un balón. Tras los goles de Goretzka, Gnabry, Sané, Musiala y Lewandowski el viernes pasado en el Allianz Arena de Múnich, solo queda preguntarnos – y con justa razón - por qué no existen políticas de transición como la del Bayern en otros grandes clubes del mundo, como el Barcelona, Real Madrid o Manchester United, pues las cifras son para jalarnos los pelos.

En los últimos años, Bayern ha invertido 271 millones de euros en ocho jugadores indiscutibles de su plantilla (Sule, Lucas, Pavard, Goretzka, Gnabry, Coman, Sané y Davies), mientras que el Barcelona ha pagado 34 millones de euros más que los alemanes en tan solo tres delanteros (Dembelé, Griezmann y Coutinho) por la obsesión de un puesto dejado por Neymar. Si el Bayern depositaba 35 millones al Stuttgart por un lateral como Pavard, Barcelona hacía lo mismo con el inefable Semedo, pero por un millón de euros más. Si los bávaros compraban por 10 millones a Davies, en Catalunya preferían invertir ocho más por el sentado y cuestionado Firpo.

La lista podría continuar y tocar al Real Madrid que ha abonado más en Rodrygo y Vinicius Junior, que los bávaros en Gnabry y Coman. O el Manchester United y sus 105 millones en Pogba.

Por eso, y en un mundo como hoy cuando los futbolistas cada vez cuestan más y las cláusulas de rescisión ya oscilan entre los 500 a 700 millones de euros, el Bayern nos enseña en el mundo del fútbol que hay saber invertir con inteligencia. Pasaron siete años para volver a ganar la Champions League, pero no con un plantel veterano, sino con un equipo rejuvenecido que, gracias a sus dirigentes, supo detectar el talento para, probablemente, marcar una época para una nueva década.

Antes que billetera, un poco de cabeza.

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