Redacción EC

En un grupo de jóvenes se reunió para patear penales en una cancha de fútbol sala, ante bellas modelos que fungían de poteros. Sin embargo, la novedad es que ellas y todos los ejecutores les lanzaban el balón en el trasero uno por uno.

El dolor de las modelos belgas era notorio y en un penal se invirtieron los papeles, es decir los pateadores se situaron en el arco de espaldas para que el débil remate de una modelo los azote.

Pero no contaron con que el camarógrafo sorprendería corriendo hacia el balón y pateando fuertemente hacia el arco; lo cual casi golpea fuertemente la humanidad de un joven.