Russo fue campeón de la Copa Libertadores con Boca Juniors el 2007. (Foto: AFP)
Russo fue campeón de la Copa Libertadores con Boca Juniors el 2007. (Foto: AFP)
Redacción EC

Boca Juniors y Atlético Mineiro empataron sin goles en el encuentro de ida en la reanudación de la Copa Libertadores tras finalizar la Copa América. El partido jugado en Argentina tuvo polémica debido a un gol que fue anulado por una supuesta falta de Diego Hernán González antes de marcar de cabeza. El VAR otra fue el protagonista.

Al término del partido, el técnico argentino Miguel Ángel Russo mostró su malestar por el mal arbitraje del colombiano Andrés Rojas: “Yo creo que esa jugada nos condicionó de manera importante, porque estamos en octavos de final de la Libertadores, con equipos duros y parejos, la mayoría argentinos y brasileños. Permanentemente son partido parejos donde la ventaja es mínima, y cuando sacás la ventaja te sentís dolido porque no la podes consolidar”.

En otro momento de la conferencia, el entrenador señaló al exjugador de River Plate como importante en la decisión del árbitro para anular en tanto de Boca Juniors: “Lo que me llama la atención es que el rival no quiso sacar del medio. Nacho Fernandez fue el que tiraba la pelota afuera. Le manejaron el partido y eso no puede pasar. Teniendo al VAR y todo. Los árbirtos no se pueden llevar por esto. No le hicieron caso y eso es algo muy grave”.

Con un desarrollo discreto, repleto de imprecisiones y faltas, el partido se hizo deslucido, y Boca apenas estuvo cerca de la apertura en un centro cruzado de Pavón sobre el área chica al que González no llegó por milímetros para empujarla a la red.

La última de la noche estuvo en los pies de Jair, que en tiempo adicional metió un derechazo desde la medialuna que salió al lado del vertical izquierdo de Rossi, pero el marcador no se movió y la chapa terminó con un cero que deja la serie abierta.

El empate sin goles muda las emociones a Belo Horizonte, donde el Mineiro tendrá la ventaja de la localía, pero Boca podría avanzar en caso de un empate con goles, en un desquite que se presume sin tregua entre el mejor equipo de la etapa de grupos y los xeneizes, obsesionados en la persecución de la séptima Copa Libertadores de su historia.