De acuerdo con su plan de reestructuración, Universitario de Deportes tiene un deuda que bordea los US$152 millones. (Foto: Dante Piaggio/El Comercio)
De acuerdo con su plan de reestructuración, Universitario de Deportes tiene un deuda que bordea los US$152 millones. (Foto: Dante Piaggio/El Comercio)
/ DANTE PIAGGIO
Pedro Ortiz Bisso

El 2031. Ese es el año en que la administración del club Sport Boys espera sanear las cuentas de la institución. Los encargados de Cienciano, que dilapidó los ingresos generados por sus títulos internacionales, aguardan hacerlo en el 2029. En Alianza Lima el plazo fijado es el 2028 y en Melgar, el 2025.

De los cinco clubes profesionales que se encuentran bajo proceso concursal desde hace ocho años, solo Universitario permanece en la incertidumbre. Aunque tiene un plan de reestructuración aprobado, la dimensión de sus acreencias –alrededor de US$151 millones; las de los otros clubes alcanzan, en conjunto, los S/81 millones– y las disputas de sus principales acreedores (Gremco y la Sunat) mantienen su situación en un punto muerto.

Mientras tanto, la deuda concursal ha seguido creciendo alimentada por una tasa de interés leonina, sin que los acreedores hayan cobrado hasta el momento.

Paralelamente, la deuda corriente ha aumentado a cifras estratosféricas por el afán de sus administradores concursales de mantener el nivel competitivo del equipo de fútbol. Han actuado con la irresponsabilidad de cualquier presidente de club, ofreciendo contratos millonarios sin tener recursos para pagarlos.

El caso de Universitario es complejo. Los campeonatos que consiguió desde mediados de los 90 hasta la fecha sirvieron como disfraz para ocultar la crisis institucional que ya empezaba a generarse. Lo paradójico es que cuenta con activos inmobiliarios (Campo Mar, los estadios Monumental y Lolo Fernández) cuya valoración parece suficiente para pagar lo que debe.

¿Por qué no encuentra la paz, entonces? Justamente por eso. Es esa riqueza la que ha sido su perdición. La voracidad de Gremco y la Sunat ha devenido en una guerra a muerte, que ha enrarecido el ambiente y alimentado la desconfianza. En una columna anterior señalé que lo lógico hubiese sido trabajar en el fortalecimiento de la institución y, a partir de ahí, comenzar el pago ordenado a los acreedores.

Nada de eso se ha hecho. De ahí que los hinchas hayan impulsado una serie de iniciativas judiciales para cuestionar la deuda, en particular la que reclama Gremco.

La Corte Superior de Lima acaba de disponer que la constructora vuelva a presidir la junta de acreedores. Ayer, Indecopi la autorizó a convocar dicha junta. En pocas semanas, el club tendrá un nuevo administrador, con ideas distintas a las de quien maneja sus destinos en la actualidad.

¿Cómo puede sobrevivir una institución –imagine la que sea– en medio de tanta inestabilidad? Ojalá que cuando Gremco y la Sunat se den cuenta de lo que están haciendo, no sea demasiado tarde.

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