La selección peruana volvería a Trujillo para disputar un amistoso internacional. (Foto: GEC)
La selección peruana volvería a Trujillo para disputar un amistoso internacional. (Foto: GEC)
Jerónimo Pimentel

Federación Peruana de Fútbol. Habiendo malgastado todo el crédito mundialista en blindar a su presidente, el 2019 se presenta agrio para la institución: acéfalo de facto, afronta una transición organizacional en un año cargado con Copa América e inicio de Eliminatorias. A su vez, los retos locales se multiplican en un torneo pobre y cuestionado, por no hablar del desgaste que genera la tensión diaria con la ADFP. Las únicas noticias positivas, al menos desde el orden interno, han sido las renovaciones de García Pye y Juan Carlos Oblitas.

Ricardo Gareca. El ‘Tigre’ ha utilizado su aval deportivo en causas extrafutbolísticas, como su apoyo a las campañas ultraconservadoras, sus críticas al Ministerio Público o sus visitas a Edwin Oviedo (una forma de respaldo propia de un familiar). Hay quien argumenta que el entrenador simplemente ejerce su libertad, pero cuesta ver cómo una figura que creó consenso y logró revertir un trauma de 36 años dilapida ese respaldo en labores ajenas. En el 2019, con la algarabía mundialista transformada ya en historia, Gareca deberá demostrar en la cancha –de nuevo– que puede cumplir los objetivos por los que renovó: ampliar al plantel, superar la idea de que este grupo ha alcanzado ya su techo y probar competitividad en los torneos que vienen.

Ricardo Gareca llevó a la selección peruana al Mundial Rusia 2018. (Foto: EFE)
Ricardo Gareca llevó a la selección peruana al Mundial Rusia 2018. (Foto: EFE)

Edwin Oviedo. El presidente de la FPF enfrenta acusaciones impropias de un dirigente deportivo, cargos que van desde un supuesto rol en el asesinato de líderes gremiales hasta sus posibles vínculos con las mafias del Poder Judicial. Lo que no se puede dejar de repetir es que estas gravísimas denuncias lo incapacitan para dirigir nada que no sea su propia defensa jurídica. Hay un agravante: al haber utilizado a la federación para sus fines personales, demostró incapacidad moral para velar por la institución que preside. El 2019 para Oviedo se ve negro, pues debe recuperar –no queda claro cómo– dos de los bienes más preciados que puede perder un hombre: su libertad y su respetabilidad.

La selección. La historia de amor entre el hincha y la selección es una de las narraciones más bonitas que dejó el 2018. Este idilio funcionó porque hubo reciprocidad: el aficionado dio y –por una vez– recibió. ¿Puede perdurar el romance? Los últimos amistosos han mostrado que la selección ha perdido momento y se han evidenciado carencias: no hay ‘9’ que funcione en este esquema (Ruidíaz); algunas figuras del mediocampo, como Flores, tuvieron un segundo semestre discreto; nuestro lateral izquierdo titular (Trauco) no tiene minutos en su club; el ‘10’ está cuestionado (Cueva) y su sucesor no tiene consenso (Benavente). Pensar que el regreso de Guerrero resolverá estos problemas es pensar mal; lo mismo se puede decir de quienes abogan por estirar la carrera de Farfán al infinito. Los líderes de la selección (entrenador, capitán, veteranos, influyentes) deben entender que la única forma de prolongar la competitividad de la Blanquirroja es a través de la renovación gradual de los puestos críticos.

El hincha. Es muy poco probable que el 2019 depare tantas alegrías como este año, al que le quedan solo horas. Las Copas América que se celebran justo antes del arranque de las Clasificatorias se toman con especial seriedad en Sudamérica y a un país que ha alcanzado dos terceros puestos en las tres últimas ediciones solo le confortaría una final o un campeonato. Pedirlo, a la luz de los últimos amistosos, parece exagerado, sobre todo con Brasil de local, pero ese será el termómetro que marcará el camino a Qatar. El último trimestre, cuando empiece el nuevo proceso mundialista, revelará un estado de las cosas que sincerará cuánto se ha trabajado de julio del 2018 a noviembre del 2019.

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