El fútbol peruano está entrando a una peligrosa etapa en la que varias de sus instituciones principales están en crisis o corren el riesgo de entrar en ella. El caso más preocupante es el de la “U”. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
El fútbol peruano está entrando a una peligrosa etapa en la que varias de sus instituciones principales están en crisis o corren el riesgo de entrar en ella. El caso más preocupante es el de la “U”. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
Jerónimo Pimentel

El fútbol tiene algunas verdades que parecen contrasentidos. Una de ellas es que a Alianza Lima le conviene que Universitario de Deportes le vaya bien (y viceversa). Cuando dos clubes rivales pasan por un buen momento se activan muchos beneficios compartidos: aumenta la competitividad, se disfrutan mejores clásicos, crece el universo de jugadores convocables a la selección, se negocian mejores patrocinios, se incrementa la taquilla, etc. Por el contrario, cuando un fútbol centralizado en solo dos o tres clubes sufre el debilitamiento de alguno de ellos el efecto asemeja al de una mesa con patas cortas: hay incomodidad y prevalece la sensación de que algo se cae.

El fútbol peruano está entrando a una peligrosa etapa en la que varias de sus instituciones principales están en crisis o corren el riesgo de entrar en ella. El caso más preocupante es el de la “U”, donde no existe seguridad siquiera alrededor de cuánto debe, a quién y cuál es el rol y la composición de los acreedores. Que en estas circunstancias Jean Ferrari pueda proponer un proyecto y logre convocar a profesionales como Gregorio Pérez es milagroso, pero no se debe tomar lo excepcional por cotidiano. Las iniciativas de solución en Ate no parecen plausibles: una es emprender litigios interminables, proponer pericias contables que rebatan otras pericias contables, entrar al juego de las acciones de amparo y la búsqueda de resquicios legales para ganar tiempo; la otra, ceder la dirección a un empresa sin interés futbolístico cuya única preocupación es concesionar los activos del club o -por qué no- liquidarlos. ¿Cómo sería una retoma del club por parte de los hinchas en estas circunstancias? Lo cierto es a la fecha no se conocen propuestas viables o articuladas que posean legitimidad y consenso, lo que de alguna forma es una condena: la “U” muere y nadie logra impedirlo.

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Sporting Cristal no se halla en esta situación dramática, pero las noticias que llegan de La Florida no son alentadoras. Los nuevos dueños desperdician crédito ante el hincha con la telenovela alrededor de Carlos Lobatón, quien merece un respeto que no se le ha dado, a la vez que surgen dudas sobre la situación económica del club a raíz de la reducción del auspicio de Backus, tal como lo ha manifestado Diego Rebagliati en redes hace unas semanas. Perder la solidez empresarial de la cervecera, creemos, será una merma que lamentaremos todos, en tanto debilitará la posición económica de los nuevos dueños del club, quienes tendrán su propia curva de aprendizaje en términos de gestión.

En La Victoria las noticias son más felices, en tanto existe el consenso de que la administración temporal ha encontrado equilibrio entre las obligaciones financieras y el foco deportivo. Prueba de ello es que la aparición del Fondo Blanquiazul apenas ha significado el paso de Kattia Bohórquez de Finanzas a Gerencia General, lo que asegura estabilidad a un equipo que ha obtenido tres finales consecutivas en los últimos años.

¿Podrán los clubes de provincia ganar el terreno que los limeños pierden? ¿Será esta una etapa de transición de cara a una nueva configuración de poder en el fútbol profesional peruano? ¿O estamos solo ante un declive temporal?

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