Deza regresó a Alianza por pedido de Bengoechea. (Foto: Fernando Sangama)
Deza regresó a Alianza por pedido de Bengoechea. (Foto: Fernando Sangama)
Ricardo Montoya

Periodista y psicólogo

@RMontoyaDes

En aquella sub 20 de Daniel Ahmed, del Sudamericano del 2013, fue el mejor. Hay quienes todavía se lamentan que no haya podido jugar contra Chile en el partido decisivo. “Con Jean lo ganábamos e íbamos al Mundial” era el comentario unánime de aquel verano. Una infausta segunda amarilla frente a Ecuador, la fecha previa, lo dejó fuera del juego clave. Sin él, faltaron armas para clasificar a Polonia. Habían, de todas formas, justificadas esperanzas en lo que se pensaba sería un futuro brillante. El tiempo se encargaría de desvanecerlas.

Pablo Bengoechea lamenta situación de Jean Deza

Como el bandido que cuando es capturado infraganti solloza pidiendo perdón, pero luego que lo liberan delinque de inmediato, Jean Deza “arrepentidísimo” ha perjurado frente a la directiva y el comando técnico blanquiazul que “nunca más”. Una vez absuelto, porque sus facultades son enormes y nuestro fútbol generoso, ha perseverado en sus escándalos. El caso, que en primera instancia irrita, luego, a la luz de los hechos, se vuelve preocupante. Sirve inclusive a los lingüistas para esclarecer nítidamente las diferencias entre la obstinación y el obcecamiento. Las personas, con cierto grado de lucidez, no atentan contra su talento de semejante manera; ni lo boicotean e ignoran las consecuencias de sus actos. Se sabe que, de cerca nadie es normal, pero en algunos casos y éste es uno de ellos, de lejos tampoco.

¿Qué sigue? Pablo Bengoechea, a muerte con el plantel, intentó torear a la prensa minimizando la primera infracción de Deza y Ascues. Hasta bromas hizo al respecto. En la segunda ya su rictus y el tono de su discurso empezaron a ponerse graves. Por confundir paternalismo con permisividad las críticas lo habían alcanzado. Pablo, que no es tonto, prefirió blindar al grupo a riesgo de chamuscarse él ante los medios. Internamente habrá cavilado “si yo lo protejo ahora, por reciprocidad el chico me va a responder de la mejor forma”. Al constatar que con Deza, la lógica elemental no funciona “El Profesor” se ha obligado, tras este tercer dislate público, a una medida disciplinaria radical. Lo hace pensando en la salud del equipo. Si deja pasar esta sucesión de despropósitos, por más buen futbolista que sea Deza, se estaría poniendo solo la espada de Damocles sobre la nuca. Ningún futbolista puede alterar las normas de convivencia establecidas. Las excepciones como Best, Ronaldhino, Vidal, Romario o el propio Diego hubiesen sido aún más exitosas de haberse comportado profesionalmente. Todos lo han admitido.

MÁS SOBRE DEZA


Regresando a Deza, lo deseable sería que siga un tratamiento psicológico prolongado y que, de momento, al margen de los resultados, no sea tomado en cuenta en Alianza. Si la emergencia en la tabla o la inminencia del clásico obligan a contar con él, a la larga el perjudicado va a ser el club y a la corta el propio jugador. Los correctivos deportivos y económicos sin medidas terapéuticas complementarias en casos como éste funcionan a medias. Está bien que el castigo sea severo, pero estaría mejor aún que se le brinde la ayuda profesional que necesita con urgencia.

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