Kenyi Peña Andrade

Para intentar alcanzar un sueño, no basta solo con querer, eso lo hacen todos. Para cumplirlo hay que sacrificar cosas importantes. Y no solo una salida de fin de semana con los amigos. Hablo de dormir menos, de trabajar más. Se trata de ser el primero en ver la luz del amanecer, y de ser testigo como la luna se esconde. Hablo de ser Thalía Mallqui los 365 días del año desde hace una década, de ser una luchadora afuera y dentro del tatami (espacio donde se produce el combate).


‘Thali’, como le dicen sus amigos en la Federación Peruana de Lucha Amateur, usa sus fuertes brazos para someter y derribar a sus rivales. Pero, además, también para sostener los libros que aprovecha para leer en los micros entre viaje y viaje- del Callao, donde vive, hasta el Puente del Ejército, el lugar en el que entrena, por ejemplo-, libros sobre ingeniería química, la carrera universitaria que está a nada de terminar.

Thalía ganó la medalla de plata en Toronto 2015. (Foto:Violeta Ayasta)
Thalía ganó la medalla de plata en Toronto 2015. (Foto:Violeta Ayasta)

Pero, esos bíceps marcados tienen un propósito mayor: llevar la mochila de su hijo, el pequeño Oziel, hasta la puerta de su colegio. Es una peleadora nata y uno se da cuenta por su mirada que echa fuego cuando le planta cara a su contrincante. Sin embargo, al hablarnos de su hijo sonríe, mira el vacío y es presa de la sensibilidad de su faceta de mamá engreidora. “Tengo con quien dejarlo pero siempre lo traigo porque no deseo dejarlo solo. La vida de una deportista es absorbente y prefiero llevarlo para aprovechar el tiempo con él. Acá me observa entrenar y hacemos las tareas”.

Thalía, además de luchadora, está a punto de terminar la carrera de ingeniería química. (Foto: Facebook)
Thalía, además de luchadora, está a punto de terminar la carrera de ingeniería química. (Foto: Facebook)

Ella se hizo de la medalla de plata en los Panamericanos de Toronto 2015, pero, en sus propias palabras, nada se compara con el premio mayor que obtuvo - y tendrá- en su vida: ser madre.

“Al principio se dieron muchas complicaciones porque debí estudiar, entrenar, trabajar y ser mamá a la vez. Había personas que me decían que me dedicara de lleno solo a una cosa. Mi tío me dijo que solo se es joven una vez y era cuestión de organizarme. No sé las razones por las que las personas dicen ese tipo de cosas, yo solo ignoraba”, indica Thalía mientras observa desde la tribuna al resto de sus compañeras en plena práctica. “Hay cinco chicas que también son mamás en este equipo. Cuando viene Oziel nos ayuda a entrenar. Es como el asistente del entrenador por momentos (risas)”.

—Genes de lucha—

Y, más que ayudar, Oziel observa los entrenamientos y lleva a la práctica un curso adelantado de lucha amateur que le servirá de mucho. Él también está sumergido en este mundo de los deportes de contacto: hace judo. Entonces pregunto si esta mamá guerrera, sin miedo a los golpes o llaves, también se pone nerviosa como cualquier progenitora cuando ve competir a su hijo.

Thalía practica lucha libre desde hace más de una década. (Foto:Violeta Ayasta)
Thalía practica lucha libre desde hace más de una década. (Foto:Violeta Ayasta)

“Me pongo muy nerviosa. Y eso que él se muestra muy tranquilo, como un veterano. Eso lo sacó de su papá”. El padre es Abel Herrera, un reconocido luchador que, así como Thalía, también estará en Lima 2019 defendiendo a nuestra blanquirroja.

Hoy, en el Día de la Madre, Thalía no tendrá que pensar, al menos por 24 horas, ni en entrenamientos ni preocuparse en que Oziel llegue a tiempo al colegio. Hoy, como toda buena guerrera, tendrá un tiempo de reposo. Se lo merece.

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