El plantel campeón de los Boliviarianos del 2005. (Foto: Germán Falcón).
El plantel campeón de los Boliviarianos del 2005. (Foto: Germán Falcón).
Eduardo Combe

“¿Sientes que no se valoró mucho esa medalla de oro?”, fue la última pregunta que le hicimos a Miryam Tristán, goleadora y figura de la selección peruana de mujeres campeona de los Juegos Bolivarianos en 2005. La hoy futbolista de Alianza Lima mira fijo y solo demora un segundo en responder. “Yo pienso que no, definitivamente, no. Para el femenino, era como calificar a un Mundial”.

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Aquel 20 de agosto de 2005 no existía Instagram para hacer un en vivo, ni el TikTok con sus ocurrentes videos o el Twitter para subir alguna foto de la celebración por el título. Los asistentes al ‘Hernán Ramírez Villegas’ de Pereira, la mayoría colombianos, fueros testigos de la alegría de las chicas. Una bandera bicolor hizo su usual aparición en los festejos. Nadie más los vio.

Hace quince años, Perú goleaba 3-0 a la anfitriona Colombia y ganaba la medalla de oro en la primera edición de fútbol femenino en unos Bolivarianos. Fueron 18 las convocadas por Lizandro ‘El Mago’ Barbarán, quienes hicieron todos los esfuerzos posibles, y hasta imposibles, para llegar al torneo. Quizás, más allá del éxito, muchas cosas siguen igual en el fútbol femenino de nuestro país.

La medalla de oro de los Juegos Bolivarianos 2005. (Foto: Erick Nazario).
La medalla de oro de los Juegos Bolivarianos 2005. (Foto: Erick Nazario).

A nuestro país llegaron algunas fotos, con suerte una toma de los goles y ni más. El oro bolivariano en el fútbol femenino pasó casi desapercibido, más allá de la trascendencia de la noticia. Sin ser muy detallistas, en esas pocas imágenes, Perú vestía de rojo. “Esa era nuestra cábala, queríamos diferenciarnos un poquito porque el blanco era de mala suerte”, cuenta Adriana Dávila, quien, entre otras ‘cábalas’, no escuchaba a Eva Ayllón ni lavaba la media de abajo cuando ganaba.

Las chicas fueron invitadas al Congreso por su logro, pero luego siguieron con su vida normal: algunas estudiaban, otras trabajaban, si no era ambos casos a la vez, para subsistir. El balompié no era su principal fuente de ingresos. “Vale la pena todo lo que hemos peleado y luchado para llegar”, menciona Melissa Díaz quien luego de ese campeonato se fue a jugar al exterior, hasta hoy. Esa lucha de nuestras futbolistas persiste hasta este tiempo.

La celebración del gol peruano en la gran final. (Foto: Reuters).
La celebración del gol peruano en la gran final. (Foto: Reuters).

Las dificultades

Uno relaciona al éxito deportivo con una preparación de lujo, pero las chicas recuerdan todo el esfuerzo que hicieron para poder, al menos, entrenar antes de viajar a Colombia. “En nuestro momento luchábamos por poder jugar fútbol, por tener una cancha o espacio. Tuvimos gente que nos dijo “vamos con ustedes” y nos apoyó”, dice María Gutiérrez.

“Íbamos antes de trabajar o estudiar, a las siete de la mañana. Más tarde, volvíamos a entrenar, nos íbamos a hacer otras cosas, y regresábamos”, dice Melissa Díaz. A veces los campos estaban mojados, hacían trajín entre la oficina y la cancha si tocaba doble horario o coordinaban para dormir en la casa de alguna compañera para no llegar tarde.

A veces no había canchas o los horarios no eran compatibles con los entrenamientos. A eso, le debemos sumar la falta de recursos para la selección femenina. Como era de esperar, todo pasaba para la selección masculina. Pero a base de resultados, en contraste al de los hombres en esa época, las chicas comenzaron a recibir cosas tan elementales como “una manzana o agua”, como recuerda Marisella Joya.

Enrique Mayor Ocharán es un personaje clave en esta historia. Delegado del plantel en Colombia, para las chicas su presencia fue más que importante para llegar al título. “Fue como un jugador más, si faltaba o necesitábamos algo, nos ayudaba. Nos decía que solo nos preocupáramos por jugar”, cuenta Tristán. Todas coinciden que sin él, el título hubiera sido muy difícil.

La conclusión de nuestras futbolistas es que las cosas se las ganaron, pero también, que formaron un gran grupo. “De 1998 a 2005 éramos casi las mismas y fuimos compitiendo en muchos torneos”, aclara Melissa Díaz. “Luego hubo un corte total de todo, cuando regresé a Perú, ya no había nada”, completa. Es verdad, después de esta medalla de oro, en vez de seguir creciendo, el fútbol femenino en el Perú se fue a pique.

Este equipo pudo marcar el inicio del despegue del fútbol femenino, pero no se siguió trabajando. (Foto: Germán Falcón).
Este equipo pudo marcar el inicio del despegue del fútbol femenino, pero no se siguió trabajando. (Foto: Germán Falcón).

¿Qué pasó?

En 1998, la selección femenina de fútbol quedó tercera en el sudamericano de Mar del Plata, su primera participación oficial en la historia. Cinco años después, Perú fue sede del mismo torneo y quedó cerca de ir al Mundial. Nunca más superó la fase de grupos. Con diez de estas futbolistas, ganaron la medalla de oro en los Juegos Bolivarianos 2005 de Colombia.

Cuando parecía que el Sudamericano 2006 era el momento para pensar en una clasificación mundialista, Perú quedó eliminado rápidamente y nunca más volvió a ganar un partido oficial. “El fútbol lo tenemos, una idea de juego también, pero la parte física es fundamental”, cuenta Myriam Tristán, haciendo una comparación del equipo campeón bolivariano al que jugó en los Panamericanos de Lima 2019.

Hubo un gran detalle que pasó desapercibido cuando los buenos resultados empezaron a ser escasos. La gran mayoría de las campeonas en Colombia dejaron de ser convocadas de un momento a otro, muchas en momento de madurez futbolística. Con un plantel más joven, Perú dio su primera alarma al no sumar puntos en el Sudamericano 2010, única vez que le pasaba algo así.

Algunas habían dejado el fútbol y volvieron a jugar, pero tampoco fueron consideradas. La mayoría tuvo que unirse a las más jóvenes en la lucha que vemos hoy para que nuestro balompié femenil sea mejor considerado. Todo el terreno ganado a inicios de milenio, se había perdido en los últimos años. Felizmente, su voz se ha hecho escuchar con el paso de los años y, de a pocos, se les está tomando importancia y respeto.

“Ahora me han llamado de Alianza Lima, que tiene un proyecto muy lindo, tengo a Pedro Pablo Loguercio como representante y al menos nos dan un sueldo, que no alcanza para vivir, pero sí es algo”, comenta Tristán, quien también ha jugado en Universitario y Sporting Cristal. La delantera es seleccionada desde la Sub 20 de 2002, valiente equipo que enfrentó a Brasil por el único cupo al primer Mundial de esa categoría. Hoy es la más experimentada del plantel adulto.

La campaña

El 13 de agosto de 2005, el equipo de Lizandro Barbarán debutaba con una goleada por 5-1 ante Venezuela. Myriam Tristán demostraría su calidad al anotar tres goles en los primeros 25 minutos. Cinthya Morote y Adriana Dávila también marcaron. Al día siguiente, con muchos cambios, superó 4-0 a Ecuador. La bicolor ya demostraba que era superior a sus rivales.

La anfitriona Colombia era el siguiente rival, pero ni jugar de visita afectó a nuestras seleccionadas y ganaron 2-0. Perú cerró su perfecta campaña en fase de grupos derrotando a Bolivia por el mismo marcador. Pese a descansar en la última fecha, ya estaban clasificadas a semifinales y nadie podía sacarlas del primer lugar.

Lo mejor aún estaba por llegar. Bolivia se cruzó otra vez en su camino y las vencieron por 3-0. El sábado 20 de agosto de hace quince años, el ‘Hernán Ramírez Villegas’ de Pereira albergaba la final entre Perú y Colombia. La expectativa estaba hacia las locales, pero eso no las hizo sentir menos, todo lo contrario.

Rosa Fernández, María Gutiérrez, Marisella Joya, Kira Bilecky, María Ticona, Adriana Dávila, Carla Perea, Lissett Díaz, Connie Puerta, Myriam Tristán, y Cynthia Morote fueron las once futbolistas elegidas para esta noche histórica. Como ya mencionamos, vestidas elegantemente de rojo.

Perú no se hizo problemas y ganó 3-0 con dos goles de Tristán y uno de Morote, todos en tan solo 41 minutos. Cuando el venezolano Manuel Andarcía pitó el final, la celebración fue única. Todo el esfuerzo para llegar hasta allí pasó por la mente de todas. Nunca fue fácil para ellas y esta medalla de oro era el gran premio a tantos sacrificios.

Las anécdotas

Desde que salieron de Lima, nuestras futbolistas tienen muchas cosas que recordar. “En la avioneta hacía mucha turbulencia porque hacía mucho calor y era un avión muy pequeño. Todo eso generaba lo que pasó”, nos cuenta Adriana Dávila. “Yo pensé, me muero acá”, completó María Gutiérrez. Felizmente, llegaron todas bien.

Antes de la final, también quedaron cosas qué contar. “Estábamos paradas en el lobby del hotel y el bus no llegó. Tuvieron que conseguir otro y salimos sobre la hora”, recuerda Carmen Kuong. “Nos dijeron en el bus “por siacaso, piensen en cambiarse acá”. Me acuerdo a Enrique Mayor, con la gente de la organización, buscando uno para llevarnos de Armenia a Pereira”, agregó.

“Nos pidieron que tengamos listas las vendas y todo ni bien bajemos, pues llegamos con las justas. En las fotos se ve que estábamos en un bus más chico. Viajamos apretadas”, comenta Marisella Joya. La defensora asegura que la única medalla dorada de esos Bolivarianos en la Videna era suya.

Por otro lado, Tristán asegura que su presea está bien cuidado con su camiseta, que aún viste a veces y nos mostró emocionada en la entrevista. Hace quince años, 18 futbolistas peruanas viajaron a Colombia en búsqueda de la gloria, regresando campeonas. Las tardes de gloria de nuestro fútbol femenino, pero todas confían que esta nueva generación podrá revertir ese momento.

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