"Quizás no esté en su punto más alto. Quizás exhiba chispazos de un talento innato que parecía perdido. Pero quizás nosotros deberíamos reconocer que ha dejado de ser un ex futbolista". (Foto: AFP)
"Quizás no esté en su punto más alto. Quizás exhiba chispazos de un talento innato que parecía perdido. Pero quizás nosotros deberíamos reconocer que ha dejado de ser un ex futbolista". (Foto: AFP)
Renzo Galiano Sedán

El nombre de Farfán vuelve a estar incluido en un acalorado debate. No precisamente por algún comentario fuera de contexto que dañó a terceros, tampoco por una mala conducta que perjudicó su imagen, y mucho menos por alguna lesión de consideración. La discusión nace por su presencia en el duelo ante Ecuador.


Definitivamente, Farfán debe tener minutos en Quito. Sus cualidades son vitales para causar zozobra en la línea posterior norteña. Es un futbolista explosivo que rompe esquemas en cualquier lado del campo. Tiene la calidad que tanta falta nos hizo y que supimos arreglar con un estilo solidario y perseverante.


La inclusión de la ‘Foquita’ dependerá de la recuperación de Yotún. Si el militante de Orlando City está diez puntos, lo más razonable es que Gareca mantenga la base ya estructurada. Pero en cualquier zona de la cancha, Farfán rinde. Su mejor colocación es por los lados, aunque se asentaría mejor por el carril de Trauco. Lo ayudaría mucho en los relevos y la sensación de miedo en el ataque rival bajaría considerablemente. Además, con un poco de entendimiento entre ambos, los centros largos del hombre de Flamengo ayudarían a Jefferson a superar a los marcadores en un santiamén.


En el último partido de Ecuador por Eliminatorias, se visualizó a un conjunto conservador que intentó cuidar su retaguardia frente al bloque comandado por Neymar. En el Olímpico de Atahualpa no será así. Los dirigidos por Quinteros propondrán un libreto agresivo y dejarán espacios amplios que serían como anzuelos para Farfán. Una vez que pise ese espacio correrá con un ojo en Guerrero. Ahí veremos su clásica conexión que acabaría en un centro directo y cabezazo del ‘Depredador’, o un recorte hacia dentro y posterior pase rasante a las espaldas de los centrales ecuatorianos que tendría como destino los pies de Paolo.


Esas cualidades presenta Jefferson. Es el diferente que ve lo que otros no pueden en situaciones cargadas de tensión e histeria. Un claro ejemplo fue el pase entre las piernas del boliviano Sagredo para Cueva, que por poco acaba en gol. Su inteligencia ayudará bastante en estos tres últimos juegos. Quizás no esté en su punto más alto. Quizás exhiba chispazos de un talento innato que parecía perdido. Pero quizás nosotros deberíamos reconocer que ha dejado de ser un ex futbolista.