(Foto: AFP)
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Mario Fernández

El hijo de Doña Peta es también el 'papá' de Godín. Jugador de capitanía, maduró de grande hasta convertirse en lo que hoy se llama un 'futbolista de '. En tenis le dirían un jugador de Copa Davis. En básquet un Mister Clutch. Es decir, aquel que pide la pelota en los minutos calientes. Se trata de un carácter por encima del promedio, que disfruta de los choques top antes que de los partidos normalitos y que arrea zagueros uruguayos por el piso como si fueran rivales menores y no los backs del Atlético de Madrid.

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Mezcla inicial de niño llorón con proyecto de bombardero letal, vivió años prometiendo más que haciendo. El click llegó tarde pero llegó. Desde la del 2011, Paolo se ha consolidado dentro del raro grupo de futbolistas que se libera cuanto mas ráting tiene el partido.

Todavía recuerdo su cara seria, casi budista, cuando se dirigía al área a disparar tras el fallo de Suárez. Estaba zen en momentos en que otros estaríamos aterrados. Estaba pidiendo patear primero en una situación donde jugadores de otro tiempo estarían bajo la frazada. El '9' tiene ese plus para lo épico que le impulsa el liderazgo en una Eliminatoria o en definiciones como las de ayer. Cuando todos son más mortales, él coge la capa. Siempre o casi siempre en el ciclo Gareca. En ese sentido, no es casual que haya aparecido ante Colombia en la hora limite o frente Bolivia cuando perdíamos 0-1 o ahora que había que enseñar el camino tras la tapada de Gallese.

Conociéndolo como (ya) lo conocemos, entiendo que, pese a la suspensión del 2017, haya querido agotar las vías para no perderse el Mundial de Rusia y se haya aliado hasta con el entonces presidente de la FPF para lograrlo. Si alguien del grupo de jugadores interpretó ese gesto como un exceso de vedettismo está en su derecho, pero es un pecado venial, de ningún modo una tarjeta roja. Felizmente Gareca tomó rápida nota y luego del error de sentarlo 65 minutos ante Dinamarca le dio una titularidad que merece más que varios que le reclamaron "pensar en el grupo" (sic). Al crack no se le puede aceptar todo y si hay cosas por reclamarle a él o a su entorno, perfecto, pero que la lección no pase por sentarlo porque ahí no se le castiga solo a Paolo, se castiga a la selección.

No es que no falle, pero sus aciertos han sido totalmente decisivos en el ciclo de Gareca. Comprender la historia del proceso del argentino es entender la dependencia hacia gol que tenemos de Guerrero. Si no cree, lea: perdíamos con Argentina en Lima, empata Paolo. Nos ganaba Uruguay en Lima, gol de Paolo. Perdíamos 2 a 0 con Venezuela acá y allá, descuenta Paolo hasta empatar ambas 2 a 2. Caíamos 4 a 2 con Chile acá, disminuye Paolo con un tanto que terminaría siendo clave en los goles totales a favor versus los rojos. No le podíamos entrar a Colombia y nos quedábamos fuera de Rusia, claro que apareció él.

Verlo capitanear al equipo a los 35 años es, finalmente, un homenaje al cuadro actual pero además un guiño de reconocimiento a la generación 83/84, la más talentosa en décadas, esa que tuvo de estandartes a los hoy lesionados Rodríguez y Farfán. Más atrás en el tiempo tuvo su rato Vargas y su momento Cruzado. Hoy queda él. Con sus ganas de jugar, su piconería controlada y su gesto de inconforme hasta cuando le toca festejar un gol. Es el gran legado de un gran crack. Si alguien siempre quiere más, ese es Paolo Guerrero. De los que vi, el mejor 9 de Perú.

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