Tres pasos cortos. (Foto: AFP)
Tres pasos cortos. (Foto: AFP)
Jerónimo Pimentel

1. Me decía un gran aficionado a la Premier League, Alex Hartley, lo satisfecho que se encontraba luego de haber esperado tres décadas para ver al Liverpool de Klopp en su forma actual. En su satisfacción faltaban elogios para el once y no le faltaba razón: Alisson está entre los tres mejores arqueros del mundo; los laterales, Robertson y Alexander-Arnold, hacen olvidar el sentido común que pide buscar brasileños para el puesto; no hay mejor defensa central hoy que Van Dijk; los mediocentros, Henderson, Fabinho y Wijnaldum, tienen una increíble capacidad para reemplazarse entre ellos; la explosión letal de Mané y Salah los ha convertido en los dos mejores jugadores africanos en activo; y, finalmente, un prodigio que a veces es 9, a veces falso 9 y cuando le place armador, quizás el delantero más subestimado del mundo: Firmino.

Esta máquina aceitada se cargó al Tottenham de Mourinho el sábado pasado y suma media temporada a un ritmo imposible: ha ganado todos sus partidos con la excepción de uno, que empató. ¿Será este el equipo que entierre a ‘Los Invencibles’ de Wenger y, ya en Champions, confirme su primacía europea? Probablemente. La prueba ácida que pone en valor la mano del DT, me decía Hartley, es que ninguno de ellos tiene esos rendimientos en su selección, ni tampoco logran mantener el nivel cuando dejan Anfield (Coutinho es la gran prueba). Palmas para el alemán.

2. El contraste inmediato es el Arsenal, que empieza un nuevo intento de renovación bajo el dominio de Arteta. Pero más que analizar su aporte, algo que aún no puede evaluarse, resalta una tendencia que el vasco protagoniza junto a Solskjaer, su colega del Manchester United. Ambos han alcanzado la dirección técnica de dos clubes a los que normalmente se aspiraba como culminación de una carrera, no como el inicio de la misma. La tendencia parece confirmarse con las noticias que llegan de España: el domingo la prensa especulaba ya con el regreso de Xavi al Barcelona, lo que de alguna forma se antoja ‘normal’ así la única experiencia en el banquillo del ex mediocampista sea la actual en el Al-Sadd catarí. ¿Será que se empieza a valorar más el liderazgo, la administración de egos y el llamado ‘micromanagement’, algo a lo que los exfutbolistas parecen habituados, que la experiencia y los viejos atributos del ‘míster’? Pronto se verá si la anécdota se convierte en tendencia.

3. Un patrón que sí parece estar cambiando, esta vez para bien, es el referido al manejo de la indisciplina en el fútbol local. El caso de Quevedo tiene todos los ingredientes para ser paradigmático: por un lado, forzó su expulsión de la Sub 23 por llegar en un estado inaceptable al primer entrenamiento; por otro, la gestión de su pase por parte de su padre y agente no parece tener un destino feliz y hoy se encuentra sin un equipo en el cual hacer pretemporada. A un profesional, el tropiezo le sirve para corregir y rectificar; a quien no lo es, no le sirve para nada. La pregunta para el aficionado peruano es si nos podemos dar el lujo de desperdiciar a uno de los pocos prospectos de 9 de su edad. Quizás Kevin se pueda permitir tirar al tacho su carrera, pero esa es una decisión que nos costará a todos los que quisiéramos ver una renovación gradual en la selección en el corto plazo.

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