"Aunque las informaciones sobre el SARS-CoV-2 se empezaron a publicar desde enero de este año, en el último mes ha afectado directamente la forma como trabajamos", dice Bruno Ortiz Bisso.
"Aunque las informaciones sobre el SARS-CoV-2 se empezaron a publicar desde enero de este año, en el último mes ha afectado directamente la forma como trabajamos", dice Bruno Ortiz Bisso.
Bruno Ortiz Bisso

Periodista de Ciencia y Tecnología

bruno.ortiz@comercio.com.pe

El 11 de setiembre del 2001 me tocó abrir el turno, muy temprano en la mañana, de la novel redacción web de El Comercio. Recién desde inicios de ese año se había convertido en un portal de noticias minuto a minuto que, por cierto, funcionaba bastante divorciada de la edición de papel. Lo que pensé que sería un día tranquilo, con un peligroso incendio en los pisos altos de en una de las Torres Gemelas, terminó siendo un terrible atentado que cobró la vida de casi 3.000 personas. Ese día casi 14 horas de trabajo se pasaron en un suspiro.

Casi 20 años después, estoy encargado de la sección de Ciencias del diario -ya con todas sus plataformas integradas- y me toca cubrir la pandemia del SARS-CoV-2 que, hasta el momento en que escribo estas líneas, ha infectado a casi 370.000 personas y matado a más de 16.500 en el mundo.

Si bien son dos hechos diametralmente opuestos, es imposible sobrecogerse ante la cantidad de personas que perdieron la vida en ambos.

Repasando más recuerdos para este texto, parece como si pandemia de la gripe porcina (influenza H1N1) en el 2009 hubiera sido una alerta que nadie supo descifrar. En ese momento, Vida y Futuro (que era como se llamaba la sección Ciencias) en colaboración con la sección Mundo y luego con otras del diario, cubrió los diferentes ángulos de la noticia, con notas informativas, entrevistas a especialistas y mucho material gráfico para entender mejor esa enfermedad que, en conteos posteriores, se calcula que pudo matar a medio millón de personas.

Ahora las cosas han cambiado, y bastante. Las redes sociales son fuente incansable de información (la mayoría de las veces falsa); se cuenta hoy con diferentes recursos que se actualizan en tiempo real y permiten ver desde la cantidad global de infectados, muertos y recuperados, hasta el detalle por cada país; hay infinidad de animaciones y videos que nos explican desde qué son los coronavirus hasta cuáles son las mejores maneras de fabricar mascarillas caseras; la posibilidad de entrevistar a expertos internacionales a través de videollamadas. Y no podemos dejar de mencionar los reportajes de todas partes del mundo, muchos de los cuales , pero que aún no han sido probados debidamente en humanos.

Aunque las informaciones sobre el SARS-CoV-2 se empezaron a publicar desde enero de este año, en el último mes ha afectado directamente la forma como trabajamos. Primero, porque se ha apoderado de la agenda informativa. Cuando junto con Diego Suárez -redactor de la Sección Ciencias- empezamos a planear los temas de la semana y tratamos de ir dejando al coronavirus gradualmente, nuevos enfoques de la información nos vuelven a jalar. Los resultados de las últimas investigaciones, análisis sobre fármacos con aparente potencial efectividad, entrevistas a epidemiólogos, infectólogos y otros especialistas para que nos expliquen el avance de la pandemia, y hasta un poco de historia han centrado nuestra atención.

Y segundo, porque nuestro trabajo diario no se ve reflejado solo en el papel: gracias a la integración de plataformas hemos producido también varios . Además, estamos tratando de aprovechar los para producir una serie de episodios breves y utilitarios que ayuden a la población a sobrellevar de mejor manera estos días de aislamiento social obligatorio.

Sin embargo, mucho de lo que aquí les he resumido no hubiera sido posible si El Comercio no fuera uno de los pocos medios nacionales que tiene un verdadero y constante compromiso con la ciencia. Y eso no es algo que venga desde el más reciente rediseño del diario; ni tampoco desde 1981 cuando el ingeniero Tomás Unger empezó a escribir sus columnas semanales de ciencia que no han dejado de publicarse ni un solo martes desde entonces. Viene desde hace 119 años, cuando publicó, a los 16 años de edad, su primer artículo en este diario, que fue justamente sobre un tema de ciencias.

Desde este lado seguiremos trabajando para que tengas la tranquilidad de que la información sobre ciencias que encuentres en El Comercio sea en la que puedas confiar.