María del Carmen Yrigoyen

Lino Chipana, de 54 años, entró a trabajar a este Diario en febrero de 1988. Ha cubierto desde la Guerra del Cenepa hasta el . Y ha estado en territorio FARC, en , en los tiempos más complicados del conflicto armado.

Ahora le toca registrar los estragos de una pandemia que en seis meses se ha expandido por 213 países y ha cobrado la vida de 327.821 personas. “En la guerra o en los conflictos sociales te puedes adelantar a algunos hechos. Esto es completamente distinto. Acá solo ves las consecuencias del virus. No sabes dónde estás parado. Pero hacemos nuestro trabajo donde nos toca”, dice.

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No es fácil. Pero no por eso se le pasaría por la mente cambiar de oficio. Su hijo, Nicolás, de 20 años, ya lo ha asumido. “Viejo: ¡cuídate!”, le dice todos los días cuando conversan por teléfono o videollamada.

En estos dos meses de aislamiento obligatorio, Lino ha podido estar cerca de él apenas cuatro veces, cuando ha tenido que llevarle algún paquete. Ver a sus padres es aún más difícil ya que viven en Pisco. “Ellos están más preocupados. No importa cuántos años tenga, para los padres uno sigue siendo su bebé. ‘Te he visto en la televisión. No vayas por esos sitios que te vas a contagiar’, me dice mi papá. Yo trato de calmarlo”, cuenta.

“No quiero que te enfermes”

Cada vez que Hugo Curotto, de 37 años, sale de su casa, su hijo Massimo, de 7 años, se preocupa. Será pequeño, pero es consciente de que mucha gente se ha enfermado, y gravemente, en estos meses. Ha escuchado sobre el y cree que su padre también podría contagiarse.

Así que cuando Hugo sale de comisión, Massimo le pide a su mamá que le preste el celular y le manda un audio por Whatsapp. “Estoy muy preocupado por ti ―le dijo hace unos días―, porque tu trabajo es muy peligroso. No quiero que te enfermes. Quiero estar contigo para abrazarte. Te amo”.

A José Rojas, su hijo Joaquín, también de 7 años, le dice cosas parecidas: “Tengo miedo de que te pase algo”. EL niño trata de evitar que su padre salga de comisión. Le dice que se siente solo, que está triste, que lo necesita para jugar.

“Pero siempre he pensado que ser fotógrafo me da la posibilidad de ayudar a los demás. Nunca cambiaría esto”, dice José.

Lo mismo cree Anthony Niño de Guzmán. “Llevo cinco años en este oficio. Descubrirlo fue algo hermoso. No lo cambiaría por nada”, asegura.

Angustias de una madre

César Campos, de 31 años, trabaja en el Grupo El Comercio desde el 2017. Una de las cosas que más le ha impactado en este tiempo ha sido ver tanta gente intentando volver a sus ciudades, a su pueblos. Algunos esperando en el Grupo Aéreo N° 8. Otros lanzándose a las carreteras. “Soy de Camaná, Arequipa. Entiendo ese deseo de volver a casa en esta situación”, explica.

Su madre, Josefa Castro, preferiría que él no saliera a trabajar. Se lo ruega a Dios cada día. “Me da mucho miedo que se contagie. Me quedo con el corazón latiendo así”, dice la mujer agitando la mano.

Plegarias

“Jamás imaginé que iba a cubrir una pandemia. He cubierto conflictos peligrosos como los de Tía María, en Islay, o el desalojo de La Parada. Pero nada se compara con esto, que ha sido devastador”, dice Alessandro Currarino, de 43 años, quien trabaja en El Comercio desde el 2010.

“Soy un fotoperiodista y tengo que estar en primera línea. Es lo que escogí. No me arrepiento de esto. Pero, por supuesto, salgo al igual que el resto del grupo con todos los equipos de protección personal que nos da el diario: la máscara, el traje, los guantes", indica. Aparte de eso, ha separado uno de los compartimentos donde normalmente lleva los lentes de la cámara para convertirlo en una especie de botiquín con pastillas, alcohol y jabón líquido.

A pesar de todas esas precauciones, tiene miedo de visitar a su padre, Carlos Currarino, de 80 años, y llevarle el virus. Así que solo puede hacerle videollamadas o aprovechar cuando le lleva alguna medicina para verlo desde la vereda. Su padre hace un esfuerzo para acercase a la ventana y saludarlo desde el segundo piso.

“Estoy orgullosa del trabajo que hace Ale día a día, con o sin COVID–19″, dice Gigliola, la hermana de Alessandro. “Pero es difícil. Lo vemos por la ventana y cuando llega es una sensación de felicidad, pero también de mucha tristeza. Verlo irse es duro", agrega. No hay día que no le prenda una vela a su mamá para que desde el cielo lo cuide.

El equipo

Aquí les presentamos al equipo: Daniel Apuy (jefe del Núcleo de Fotógrafos del Grupo El Comercio), Piko Tamashiro, César Grados, César Bueno, Gonzalo Córdova, Joel Alonzo, Francisco Neyra, Ángela Ponce, Gian Ávila, Hugo Pérez, Leandro Britto, Andrés Paredes, Lino Chipana, Alessandro Currarino, Hugo Curotto, Anthony Niño de Guzmán, Mario Zapata, Renzo Salazar, Diana Marcelo, Miguel Yovera, José Caja, Britanie Arroyo, César Campos, Manuel Melgar y Fernando Sangama. Solo falta José Rojas Bashe, quien hizo las fotos.
Aquí les presentamos al equipo: Daniel Apuy (jefe del Núcleo de Fotógrafos del Grupo El Comercio), Piko Tamashiro, César Grados, César Bueno, Gonzalo Córdova, Joel Alonzo, Francisco Neyra, Ángela Ponce, Gian Ávila, Hugo Pérez, Leandro Britto, Andrés Paredes, Lino Chipana, Alessandro Currarino, Hugo Curotto, Anthony Niño de Guzmán, Mario Zapata, Renzo Salazar, Diana Marcelo, Miguel Yovera, José Caja, Britanie Arroyo, César Campos, Manuel Melgar y Fernando Sangama. Solo falta José Rojas Bashe, quien hizo las fotos.

Daniel Apuy, el jefe del núcleo de fotógrafos del Grupo El Comercio, cuenta que hay días más difíciles de sobrellevar para el grupo. "Sobre todo cuando sabemos que uno de nosotros o algunos colegas de otros medios han caído infectados. Nos sentimos vulnerables ante un enemigo invisible. A pesar de eso seguimos adelante, día a día, esforzándonos por retratar la realidad local. Estoy orgulloso del equipo que somos, del equipo que formamos y del trabajo que hacemos”, dice.

El Comercio mantendrá con acceso libre todo su contenido esencial sobre el coronavirus.

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