(Foto: Lino Chipana / El Comercio)
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Redacción EC

(Por Hernán Chaparro, psicólogo social).- Bastante –y de manera justificada– se ha escrito sobre los problemas del último censo. Acá solo quiero resaltar algunos aspectos positivos, que sí los hay.

 Primero, estamos ante errores de una institución que, como ya señaló Eduardo Dargent, está “por encima del promedio de la burocracia peruana”, y que constantemente aporta con su buen trabajo.

 Los errores y fallas están allí y afortunadamente hay un equipo consultor de mucha experiencia, que bien se podría ampliar para supervisar los ajustes necesarios, y dar tranquilidad a la ciudadanía, sobre los resultados y el uso de los datos.

 Algo muy importante es que gracias al trabajo gremial de APEIM (el gremio de encuestadoras) se han incorporado casi todas las variables que en el sector privado se usan para evaluar el nivel socioeconómico de los hogares (A, B, C, D, etcétera).

 Esta es una forma alternativa al enfoque de “pobreza monetaria” y es parecido conceptualmente a la propuesta del Banco Mundial (BM), que propone una medición multidimensional de la pobreza.

 En este caso, APEIM hace años tiene un modelo que permite identificar todos los niveles socioeconómicos con variables más sencillas de usar en una encuesta que lo planteado por el BM.

 Esto permitirá ver el nivel socioeconómico de todos los distritos del Perú y facilitará el desarrollo de políticas públicas así como el emprendedurismo de cualquier tamaño de empresa.

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