SAS expuso hoy en Lima los principales hitos a considerar en el proceso de lograr una transformación digital exitosa. (Foto: AFP)
SAS expuso hoy en Lima los principales hitos a considerar en el proceso de lograr una transformación digital exitosa. (Foto: AFP)
Redacción EC

El índice Standard & Poors, también conocido como el S&P 500, es quizá el índice bursátil más importante de Estados Unidos. Es el índice que agrupa a las 500 empresas más grandes que poseen acciones que cotizan en las bolsas de dicho país y es uno de los valores más seguidos. Por muchos es considerado como el marcador de las tendencias de la economía norteamericana. El promedio de vida de las empresas del S&P 500 hoy es de 20 años, era cerca de 40 años en los 70 y será de menos de 15 años para el 2030. En 10 años más, el 50% de las empresas que componen el S&P 500 serán reemplazadas por otras. 

Esa es la velocidad con la que se está transformando el mundo empresarial. En el Perú ha ocurrido lo mismo en el pasado y, naturalmente, seguirá ocurriendo en el futuro. Grandes empresas familiares peruanas, consideradas emblemáticas, han dejado de existir, desapareciendo del mapa empresarial. Algunas quebraron y otras fueron adquiridas, fusionadas o absorbidas por la competencia.

Simplemente, no pudieron adecuarse a un nuevo entorno ni a las amenazas de los cambios que se dieron en el mercado. Las estadísticas en el mundo indican que el 70% de las empresas familiares desaparecen en la transición de la primera a la segunda generación y que solo el 3% que supera la cuarta generación, vive para contar la historia.

Otras empresas, por el contrario, han salido fortalecidas, consolidadas y mantienen una ruta clara de crecimiento.

Me ha tocado vivir experiencias personales en distintos procesos y encuentro que hay tres áreas, todas igualmente importantes, que son recurrentes y que explican mucho el éxito o el fracaso por el que se termina definiendo la vida de las empresas. La primera es la de tener como empresa un propósito claro y compartido. 

Fracasarán las empresas que trabajan de manera reactiva, sin una dirección clara hacia el futuro. Es crucial que la empresa cuente con una visión clara de lo que quiere ser. Todas las empresas tienen que tener una visión y esta debe ser, además, ampliamente compartida por toda la organización. Sin una visión es imposible diseñar una estrategia en el tiempo. La empresa tiene que tener claro cuál es su lugar en la cadena de valor y saber dónde centrarse y a qué renunciar. Fracasarán también las empresas que no cuenten con alguien que pueda liderar. Se puede contar con una visión muy clara para el largo plazo y tener la infraestructura más avanzada, pero esta no servirá de nada si la empresa no cuenta con quien lidere. 

La mayor responsabilidad recae sobre el CEO. Es una posición clave, ya que el CEO es quien deberá formar un equipo que tenga las competencias y habilidades necesarias. Contar con un directorio que comparta la visión, que empodere a la organización y que aporte, termina siendo también una parte importante del liderazgo que se necesita en todo el proceso de la vida de la empresa, acompañando al CEO.

Finalmente, se requiere una organización con las competencias y habilidades necesarias. La forma en que se organice la empresa actualmente es esencial. Hoy existen empresas que se han convertido en entes burocráticos en donde el proceso de toma de decisiones es lento y difícil, como consecuencia del exceso de información que se procesa. La organización debe permitir y promover la creatividad, la innovación, pero –sobre todo– la capacidad para tomar decisiones.

Las empresas que han contado con una visión clara, con un líder que las guíe y con una organización ágil para enfrentar los retos del entorno han probado ser exitosas en el pasado. Estos mismos principios, que han funcionado en el pasado, funcionarán también hoy en el proceso de transformarse para enfrentar las amenazas y aprovechar las oportunidades, al vivir en este nuevo mundo digital.

Los tiempos son otros, hoy las empresas no cuentan con años para transformarse, la necesidad es urgente y la velocidad del cambio es dramática.Sabemos que en un entorno cambiante se generan amenazas, pero también oportunidades y es lo que viene dándose en el mundo de la transformación digital. Es aceptado mundialmente que la velocidad del cambio que tendrán que enfrentar las empresas hoy es otra. Ya no hay los tiempos que existían antes para innovar y transformarse.