"Parece que acá las personas se contagian más que en otros lados". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Parece que acá las personas se contagian más que en otros lados". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Alek Brcic Bello

Editor de Economía y Día1

abrcic@comercio.com.pe

Con la tercera postergación del final de la cuarentena y una nueva fecha de salida pasado el Día de la Madre, hay una pregunta que ronda en la cabeza de muchísimas personas encerradas en sus casas: ¿Por qué si las medidas de aislamiento para enfrentar el han sido tan estrictas, el Perú se encuentra entre los países con mayor número de contagiados de la región?

Para responder a esta interrogante, hay que advertir primero que las restricciones al libre tránsito sí han tenido efecto. Y que de no haberse implementado (o si la población hubiese salido a las calles el 31 de marzo como se esperaba inicialmente), la cantidad de personas contagiadas sería muchísimo mayor. Así, pese a que los casos confirmados aún mantienen un ritmo de crecimiento exponencial, la tasa de propagación se ha reducido durante la cuarentena.

No obstante ello, parece que acá las personas se contagian más que en otros lados. En Colombia, por ejemplo, se registró el primer caso el 6 de marzo (un día después de que ocurriera en el Perú), se decretó el aislamiento social obligatorio el 25 de ese mes (diez días más tarde que acá), pero al último sábado el país cafetero apenas superaba los 4.800 contagiados.

Es cierto que el número de pruebas realizadas influye significativamente en la cantidad de casos positivos, y que Colombia ha hecho solo el 45% del total de pruebas que ha realizado el Perú. Pero incluso considerando lo anterior, ¿por qué acá tenemos cinco veces más contagiados? La respuesta se encontraría más bien en la estructura socioeconómica de un país que no estaba en condiciones de enfrentar la cuarentena.

Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), los peruanos no tienen capacidad de ahorro. El saldo neto entre ingresos y gastos mensuales para casi el 80% de la población es cero o incluso menor que eso. Peor aun, en una economía tan informal como la nuestra, el 36% de hogares vive del día a día y si no produce no tiene para comer. Considerando lo anterior, esperar que estas personas se queden dos meses en sus casas sin salir es imposible.

Para contrarrestar ese problema, el ha venido implementando diversos bonos (que ahora buscan alcanzar al 75% de hogares). Pero, nuevamente, con una bancarización urbana que no llega siquiera a la mitad de la población (47% según Ipsos), siempre existirá un grupo de personas que no podrá cobrar el bono y se verá obligado a salir a la calle (hasta ahora, un 20% de beneficiados del primer bono de S/380 no ha podido cobrarlo).

También, por más que el presidente Martín Vizcarra pida cambiar costumbres y hacer compras “una vez por semana”, de acuerdo a las últimas cifras de la Enaho, en el Perú urbano un 35% de la población no tiene una refrigeradora en casa para conservar sus alimentos. Incluso, después de obtener los recursos del bono para poder adquirir alimentos, este grupo se verá obligado a salir a la calle más seguido, para conseguir qué comer.

Muchas personas critican que cada día que pasa se vean más personas en las calles rompiendo las medidas de aislamiento social obligatorio. Según la última encuesta nacional urbana de El Comercio-Ipsos, el 79% de personas desaprueba el desempeño de la población durante la emergencia. Lo cierto, sin embargo, es que en el Perú no estábamos listos para rendir esta prueba. Y el ‘precario’ sistema de salud pública (en palabras de presidente) ahora lo hará más evidente.

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