A la par que se reanudaron las operaciones en los restaurantes, los empresarios encontraron otras oportunidades de espacios en centros comerciales.
A la par que se reanudaron las operaciones en los restaurantes, los empresarios encontraron otras oportunidades de espacios en centros comerciales.
Leslie Salas Oblitas

Las oportunidades están para quiénes las quieren ver. Y la familia Ingunza Alvarado, dueña de las cadenas La Choza de la Anaconda ( amazónico), Umarí y Tiradito Barra Cevichera, las identificaron a tiempo.

La crisis sanitaria, lejos de nublar su visión y bloquear su olfato emprendedor, provocó la reinvención de su negocio gastronómico al punto de crear dos nuevas marcas en plena pandemia: Frutsel (paletas de helado amazónicas) y Productos Ingunza, que comercializa insumos de la selva como cecina, yuca, plátanos, pulpa de camu camu y cocona y paiche, entre otros.

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Gerson Ingunza, su fundador, comenta que en marzo de 2020 tenían todo en contra: 35 de sus locales cerrados, el 90% en centros comerciales, y un crédito de capital refinanciado por el cual no pudieron acceder a Reactiva Perú.

“La situación era crítica, se nos juntó el pago de planillas y teníamos dos toneladas de cecina y chorizo, nuestra principal materia prima, estancada en nuestra planta del Callao, que abastecía exclusivamente a nuestros restaurantes; perdimos mucha mercadería. Prácticamente tocamos fondo”, confiesa.

Así, en abril para cubrir algunos gastos fijos decidieron poner a la venta a través de sus redes sociales cecina y chorizo directamente al consumidor a precios bajos, lo que provocó que sus redes colapsaran. Recuerda que luego de ello, tuvieron que subir un poco los precios para también ganar en vista de la gran demanda.

“Llegamos a tener entre 70 y 80 pedidos diarios, tuvimos que multiplicarnos con mi esposa y algunos colaboradores para poder cumplir con la entrega, y así se acabaron las dos toneladas”, señala.

Es a partir de allí que decide empezar de lleno en la producción de productos empacados al vacío para el consumo directo, además de cecina y chorizo, sumaron a su oferta otros insumos como mermeladas, ajíes, pulpas, entre 10 y 15 productos, y formar la empresa de consumo masivo Grupo Ingunza.

EXPANSIÓN EN VEZ DE RETRACCIÓN

Gerson Ingunza señala que para el holding esta nueva empresa (Grupo Ingunza) se convirtió en su ‘Reactiva’ y en el motor para poder a los meses abrir sus restaurantes, bajo los protocolos de seguridad exigidos. “De no haber creado este negocio hubiéramos fracasado como muchos, en cambio, solo fue necesario cerrar tres locales”, asegura.

A la par que se reanudaron las operaciones en los restaurantes, aunque con ciertas restricciones, también surgieron otras oportunidades de espacios en centros comerciales, que eran dejados por otras marcas y que incluían los activos.

Es así, que abren dos locales en La Rambla de las marcas Umarí y una barra cevichera, y luego tres más en Callao (Bellavista) y en las ciudades de Arequipa y Trujillo en plena crisis, sumando un total de 37 locales entre todas sus marcas, de los cuales 23 son La Choza de la Anaconda.

Y, el plan de expansión no ha terminado, ya que a la fecha se encuentran construyendo cuatro locales más para Barra Cevichera en Lima (Plaza Lima Sur y Mall del Sur) y en Arequipa (Arequipa Center y Mall Aventura de Porongoche); así como dos Umarí más en Real Plaza Chiclayo y Cajamarca, revela.

“Antes para entrar al patio de comida de un ‘mall’ necesitabas entre S/350.000 a S/400.000 (con carta fianza), hoy con S/ 50.000 a S/ 80.000 se puede conseguir un espacio. Así que estamos aprovechando el momento para invertir porque esto solo es coyuntural, en algún momento todo regresará a la normalidad”, indica.

MÁS EMPRENDIMIENTOS

Además, Gerson Ingunza con la firme convicción de reinvertir también apostó en enero de este año por el negocio de helados con Frutsel. “Contraté a uno de los mejores chef de repostería, el mismo que le hizo la fórmula a la empresa chilena Palettas, para crear helados en base a aguaje, coco, camu camu y otros sabores típicos de la selva. En total, invertimos unos US$ 60.000 para ello”, detalla.

Afirma que este negocio aún está en fase de crecimiento y espera que entre noviembre y diciembre se pueda potenciar aún más.

En tanto, sus restaurantes están en fase de recuperación, algunos al 70% de las ventas prepandemia y otros incluso han llegado al 100%, pese al aforo restringido.

En general, confiesa que parte de su éxito ha sido rodearse de buenos profesionales y de especialistas en los diferentes campos, ya que pese a ser una empresa familiar, fundada junto a su esposa, es gerenciada por un profesional, ex BBVA, devela.

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