Conoce al peruano que asesora en finanzas a Atlético de Madrid
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Se acerca el final de otro calendario y con él surgen una serie de pensamientos. No recuerdo un mundo tan enrarecido política ni económica ni socialmente. Ni tampoco concibo un horizonte tan lleno de oportunidad. El tiempo es oro y no debemos distraernos un ápice. Por eso quiero esforzarme en despojar lo raro y convertir en deseos los siguientes cinco pensamientos:

1. Ojalá que Estados Unidos obtenga un crecimiento responsable, vigoroso y sostenido. Ojalá que el gobierno de Trump actúe con altura, que se respeten los acuerdos de comercio internacional, que Estados Unidos mantenga su compromiso con el cambio climático y que las conversaciones con relación a temas pendientes en el Medio Oriente se desarrollen por senderos constructivos. El mundo en general se beneficia con una economía americana vibrante. Esperamos que la euforia desatada por el impulso a la inversión no dé lugar a comportamientos irracionales, y que la clase política sepa evaluar los riesgos que supone anteponer objetivos nacionalistas a intereses comerciales y diplomáticos de rango mundial. Ojalá que el ímpetu inicial no se vea mermado por tendencias inflacionarias, que únicamente se pudieran revertir con políticas monetarias alcistas. Dicho escenario, que ojalá no se dé, encarecería las deudas en divisa del mundo emergente, y ocasionaría fuga masiva de los inversionistas en deuda de países emergentes.

2. Ojalá que Europa se mantenga como bloque económico. Ojalá que los países europeos tengan madurez para elegir con responsabilidad y los resultados permitan respaldar la continuidad del mercado común. El calendario estará cargado por elecciones en Holanda, Francia y Alemania, y los riesgos de que la zona euro vire hacia caudales proteccionistas son aún altos. Los resultados experimentados recientemente con relación al voto del ‘brexit’ y a la elección del presidente Trump le otorgan mayor razón a los olvidados por la globalización, mensaje que ojalá la clase política haya sabido escuchar. Y ojalá que al debatirse los temas gruesos se llegue a una conclusión duradera con relación al tema de los inmigrantes: la Europa Occidental necesita de mano de obra cualificada para seguir creciendo.

3. Ojalá que la China logre una transición económica exitosa. Ojalá que el mundo no entre en pánico si luego de las elecciones del 2017 los vaticinios de crecimiento para la siguiente década se presentan inferiores a los indicadores tan boyantes a los que nos han tenido acostumbrados. No ha habido experimentos de conversión de crecimiento basado en la exportación a crecimiento basado en el consumo, sin algún tropiezo. Ojalá que el tema de la deuda, causante de las burbujas inmobiliarias, sea acometido de raíz, y programas de recapitalización sean otorgados a los bancos acreedores. Ojalá que la dirigencia política no se deje provocar por las declaraciones en contra del capital chino, esgrimidas durante y después de la campaña presidencial en EE.UU. Y ojalá se evite caer en la tentación de una confrontación comercial con el gobierno de Trump. Disputas comerciales.

4. Ojalá se mejoren las relaciones con Rusia. Y ojalá que mejores vínculos con Putin ayuden a solucionar el conflicto en Siria, eviten el resurgimiento del debate de equipamiento nuclear con Irán y faciliten mayor cooperación entre países productores de petróleo. Desfases en la producción del crudo pueden hacer resurgir precios prohibitivos para el crecimiento mundial. E intentos de producción desmedida pueden abaratar el ingreso y propiciar una segunda Primavera Árabe.

5. Ojalá que el reciente reencuentro entre PPK y Keiko marque el inicio de una etapa de mayor concordancia entre los poderes del Estado. Nuestro futuro inmediato depende más que nunca de nosotros mismos, y urge aprovechar nuestras fortalezas. Ojalá que seamos los propios peruanos y su confianza en el país los que hagamos brotar nuevas inversiones, motor indispensable para combatir el ambiente externo que muestra indicios tan enrarecidos. Y ojalá que sepamos otorgarnos mérito por los logros alcanzados, que de manera tan distintiva nos diferencian de otros problemas que aquejan a muchos. Ojalá que dejemos de dudar de nosotros mismos, que aceptemos que no todo lo externo será desventajoso. Ojalá no desmayemos en nuestros esfuerzos por combatir la corrupción y la inseguridad ciudadana, y procedamos con paso valiente a acrecentar nuestra competitividad mediante mejoras en nuestra infraestructura y nuestros procesos educativos. Y ojalá que no caigamos en beneficios cortoplacistas y pongamos en compromiso la verdadera misión en el largo plazo: erradicar la pobreza y otorgar una vida digna a la totalidad de los peruanos. 

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