(Foto: El Comercio)
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Redacción EC

Luego de varios meses de cifras desalentadoras, el ha empezado a mostrar señales de recuperación. Los despachos nacionales de han mostrado avances desde junio, destacando octubre con el mayor crecimiento (5,8%). 

En el tercer trimestre, Cementos Pacasmayo y Unacem reportaron crecimiento en despachos de 4,8% y 0,4%, respectivamente, impulsados por la autoconstrucción en la zona norte y por los avances en la línea 2 del metro. 

Por otro lado, en ese período la ejecución del gasto público en proyectos creció 13%, especialmente en el norte (35%) debido a la normalización en la obra pública regular, y dada una base baja de comparación en el 2016 considerando el ajuste en el gasto fiscal.

Para el 2018, el sector construcción sería el más dinámico, con un crecimiento esperado de 8%, sustentado por la . Según el BCR, la inversión pública crecería 15% el próximo año. Los principales rubros de inversión incluyen la Reconstrucción con Cambios, los y mayor obra pública regular. 

Este escenario favorecería a las cementeras, especialmente a Cementos Pacasmayo, impulsando un crecimiento estimado en los despachos de 8% a 10%. Hacia adelante, el crecimiento en el sector requerirá el refuerzo de la inversión privada. En esa línea, hay una amplia cartera de proyectos en diversos sectores, lo cual refleja la brecha de infraestructura estimada en US$68.815 millones para el período 2016-2020, según el Plan Nacional de Infraestructura. Así, Pro Inversión apunta a licitar APP por US$11 mil millones entre el 2017 y el 2019.

Sin embargo, las oportunidades de crecimiento del sector y del país enfrentan retos importantes. 

Por un lado, las confesiones de actos de corrupción de Odebrecht han impactado en la confianza para invertir y financiar construcción. A diferencia de las cementeras, las cuales tienen capacidad instalada para responder a una mayor demanda, las compañías constructoras requieren líneas de capital de trabajo y cartas-fianza para ejecutar sus proyectos, lo cual les dificulta la situación en un entorno mucho más cauto.

Por otro lado, se mantiene el riesgo de demoras en la ejecución de proyectos, lo cual podría afectar la reconstrucción y las APP. Asimismo, queda por seguir destrabando el avance de proyectos relevantes como la línea 2 y relanzar el Gasoducto Sur Peruano.

En la coyuntura que tenemos, es importante contar con un entorno que promueva la estabilidad y confianza, a fin de incentivar la participación de empresas constructoras en los proyectos, así como de asegurar el fondo para infraestructura, tanto por parte de las entidades financieras como del mercado de capitales. Se debe reforzar la estructura de los contratos y el cumplimiento de los mismos, aprendiendo de los errores pasados.

Finalmente, no basta con una cartera de proyectos. Se requiere seguir canalizando esfuerzos para reducir los cuellos de botella en los procedimientos para la preparación de proyectos, agilizar la toma de decisiones y asegurar su ejecución.

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