A la izquierdae, logo "ruso" de Facebook en el episodio 5x01 de "Silicon Valley". (Fuente: HBO)
A la izquierdae, logo "ruso" de Facebook en el episodio 5x01 de "Silicon Valley". (Fuente: HBO)
Carlos Ganoza

Economista y cofundador de Quantum Talent

, la meca del capitalismo tecnológico global, está empezando a generar preguntas fundamentales sobre su rol en el mundo. Aunque para cualquier observador externo los logros del lugar suenen a un éxito digno de imitar, tras dos semanas en Silicon Valley conversando con inversionistas, emprendedores y tecnólogos, es inevitable percibir un ánimo un poco sombrío sobre dónde está el ecosistema emprendedor en el valle y hacia dónde se dirige.

Hay una narrativa emergente sobre el riesgo de que Silicon Valley se transforme, y pase de ser un lugar contracultura que acogía a rebeldes que se juntaban para construir cosas que cambien el mundo, a uno donde nada importa más que convertirse en el siguiente unicornio y hacerse inmensamente rico. La principal preocupación es que este cambio en la mística del lugar lleva a construir tecnología sin preocuparse de las consecuencias que pueda tener. El ejemplo más icónico es

La creciente evidencia sobre la negligencia de la compañía para advertir e impedir el uso de data de en su red social por parte de organizaciones que atendían intereses del Gobierno Ruso para influenciar en la campaña presidencial en EE.UU. ha generado una discusión intensa en el valle. 

El acceso a data sobre perfiles de usuarios es una parte consustancial del modelo de negocio que Facebook ha construido en torno a su tecnología. Las consecuencias del uso de esa data para fines perversos pueden ser nefastas.

Esto se ata a una pregunta incluso más trascendente que hace tiempo da vueltas en la zona de la bahía de San Francisco, que es si Facebook está mejorando la vida de las personas. ¿Facebook realmente sirve para facilitar la comunicación entre personas queridas y conectarnos más al compartir cotidianidad, o simplemente está creando hordas de solitarios adictos a los likes, que reciben su dosis diaria de dopamina por una pantalla en lugar de por contacto humano genuino?

El argumento que cada vez se escucha más es que esa pregunta debería haber estado en las mentes de los fundadores, inversionistas y líderes de Facebook desde su inicio, y debería haber moldeado cada decisión que tomaban sobre cómo construían su producto y su modelo de negocio. 

Un emprendedor no puede eludir la responsabilidad de lo que construye. Si le entregas al mundo una tecnología que creó valor financiero pero no contribuyó a hacer del mundo un mejor lugar, no puedes decir que fue una consecuencia inesperada. Bajo esa visión, existe una dimensión ética en las decisiones del emprendedor relacionadas con el impacto de su tecnología sobre la sociedad, y que va mucho más allá del credo convencional de pagar impuestos, cumplir leyes y tratar bien a empleados y clientes. 

Estas preguntas tienen una relevancia mayor a Silicon Valley y van directo al rol del empresario en la sociedad.

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