The Economist: Mal manejo político puede contaminar la economía
The Economist: Mal manejo político puede contaminar la economía

CECILIA NIEZEN /  

Luis Miguel Castilla, titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) respondió la semana pasada a un artículo publicado en la revista “The Economist”, que advertía que los desaciertos políticos del actual gobierno podían terminar contaminando el buen manejo económico del país.

La publicación hizo referencia a la caída en la aprobación del mandatario Ollanta Humala, que pasó, según una encuesta de Ipsos, de 54% a 25% en solo un año. El artículo señaló también que si bien el Gabinete actual estaba lleno de tecnócratas capaces, el presidente Humala había fallado en proveer al Gobierno de un liderazgo político. Como era de esperarse, las referencias al rol de la primera dama Nadine Heredia, y al hombre fuerte del gabinete, el ministro de economía, estuvieron presentes. 

Castilla señaló que en el Perú, el ruido político y la baja aprobación presidencial por momentos, han acompañado siempre a los diferentes gobiernos. Pese a ello, Castilla resaltó la buena conducción económica y dijo que Humala estaba ejerciendo un liderazgo para impulsar las inversiones a través de asociaciones público-privadas. Lo cierto es que el real impacto que generan los problemas políticos podría estar siendo subestimado y sumando una factura gruesa para el futuro.

En el aspecto macroeconómico multianual 2014-2016, el MEF estima que el PBI del 2014 será mayor al del 2013 (5,7%), colocándolo en un rango de entre 5,8% y 6,3%. Proyecciones optimistas son parte de los mensajes de los diferentes gobiernos de turno. Y si bien el análisis del contexto internacional, el manejo macroeconómico (garantizar inversión y consumo), así como reformas que se han venido implementando de manera permanente en los últimos años son elementos claves para el cumplimiento de las metas económicas, hay otros aspectos a los cuales se les presta menos importancia, pero que tienen el potencial de desacelerar más el crecimiento en el mediano y largo plazos o, en un escenario pesimista, sentar las bases para un retroceso económico pronunciado.

Entre estos elementos, se cuentan la debilidad institucional y la inestabilidad. En los casi tres años que lleva el actual régimen se han sucedido cinco primeros ministros. Uno de ellos, César Villanueva, dejó el cargo en medio de una polémica pública con la primera dama, Nadine Heredia, a quien la oposición acusa de inmiscuirse en temas de gobierno que no le competen, ejerciendo un poder informal. Hay más ejemplos: la violencia y la corrupción regional, de la que Áncash es el ejemplo paradigmático, o la reciente denuncia periodística sobre la utilización política de los gobernadores.
  
¿CUERDAS SEPARADAS?
Fernando Toledo, ex viceministro de economía durante el segundo gobierno de Alan García, considera que estabilidad política y económica van de la mano. “Si se genera ruido político, se afecta básicamente la confianza de los consumidores e inversionistas, elemento fundamental para el desempeño económico”, indica. Toledo pone como ejemplo el sector minero, señalando que las inversiones que buscan llegar al país tienen una mirada de largo plazo, donde el análisis del panorama político es clave para determinar si conviene invertir o no. 

“Los cambios en las reglas de juego de gobierno a gobierno son una mala señal y no garantizan un crecimiento sostenido. Es importante tener instituciones políticas y económicas sólidas, que generen condiciones y confianza para todos”, dice.

De hecho, según cifras del Banco Central de Reserva del Perú, la inversión privada se ha desacelerado notablemente en el último año, pasando de crecer 13,5% en el 2012 a 3,9% en el 2013. Hay varios factores atrás, pero ¿qué tanto ha contribuido el ruido político para estos resultados? Las opiniones varían. Juan Mendoza, director de la Maestría de Economía de la Universidad del Pacífico, considera que la principal razón tras el retraso de las inversiones mineras en estos dos últimos años es el ruido político.

La expresión más concreta de ese ruido –señala— no es una política específica, sino lo que se genera alrededor, por la falta de procedimientos claros para enfrentar los conflictos alrededor del sector en cuestión. “Estas inversiones retrasadas podrían haber representado un incremento en la tasa de crecimiento del PBI de casi 1,25% por el efecto multiplicador de la minería y el PBI podría haber crecido a una tasa de 7% en el 2012 y 2013”, afirma. 

CONSUMO
Si vemos al consumo, la cosa no es tan diferente y las señales políticas son muy importantes. Si bien Percy Vigil, vicepresidente de la Asociación de Centros Comerciales del Perú, dice que los inversionistas que tienen más tiempo en el país están más acostumbrados a los vaivenes políticos; quienes recién quieren invertir sí pueden encontrar, en un contexto de incertidumbre, un motivo determinante para no hacerlo.
 
En el caso concreto del sector ‘retail’ (un buen termómetro de la confianza del consumidor), Vigil recuerda que en el 2013, ante una mención explícita del Ejecutivo de que venían tiempos difíciles para la economía, hubo un impacto inmediato en el consumo: “En los centros comerciales el impacto se puede sentir al día siguiente. En el caso mencionado, tuvimos unos puntos de caída en el consumo, pero se recuperó en el último trimestre del año”, dijo. 

La confianza es un aspecto clave para el buen desempeño económico, coinciden todos. Por ello, Alfonso García Miró, presidente de la Confiep, considera que el enfrentamiento y ruido político dificultan y hacen menos eficiente la labor administrativa del Gobierno porque distrae su foco de atención, que debería estar en la modernización y simplificación del Estado, entre otros temas de relevancia. “Ello enrarece el clima de confianza y estabilidad que debe tener todo país para que se desarrollen las inversiones”, dice.

Según García Miró, ninguna autoridad tiene derecho a interferir, abusando del poder, en los negocios de los privados, como consecuencia de sus cálculos políticos, pues ello daña irremediablemente la confianza de los inversionistas y opaca la percepción del ciudadano. En todo caso, como señala Mendoza, de la Universidad del Pacífico, es importante separar el ruido político de la orientación de un gobierno. “Puedes diseñar un mecanismo o una herramienta como la consulta previa y si sabes cómo funcionará, cómo la implementarás y está en el marco de la ley eso no es ruido. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero el ruido surge cuando no hay claridad y no se sabe si el mecanismo va estar presente o cómo se va implementar”, concluye.

REFORMA POLÍTICA
Para el analista político Fernando Tuesta, no es que este gobierno en particular, transgreda instituciones o figuras institucionales, más que otros gobiernos. Sin embargo, sostiene que el no haberse emprendido una reforma política ha llevado a que el crecimiento económico de los últimos años haya sido desigual en diferentes niveles. De acuerdo con Tuesta, por más esfuerzos que se hagan en términos de políticas públicas, entre lo que se decide y lo que se puede implementar, hay un conjunto de eslabones que no están adecuadamente conectados. “Esto tiene que ver con la representación política, pero también con problemas coyunturales”, señala. En su visión, una institucionalidad sólida es también un soporte para momentos en los que la economía no crece a altos niveles.

Queda claro que por más bonanza económica existente, un sistema político débil en el cual los peruanos se sientan cada vez menos representados, es un factor nefasto para la confianza y en consecuencia para la economía.