"La búsqueda del equilibrio entre salud y economía llevaron a un derrumbe espectacular de las actividades en el segundo trimestre", dice Tuesta. (Foto: Getty Images)
"La búsqueda del equilibrio entre salud y economía llevaron a un derrumbe espectacular de las actividades en el segundo trimestre", dice Tuesta. (Foto: Getty Images)
David Tuesta

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Desde hace un año, la valoración de las proyecciones económicas globales se ha visto condicionada por tres vectores novedosos en el tablero de control de políticas económicas: primero, por supuesto, está el escenario de confinamientos desde hace exactamente 365 días en que nos enterábamos de la cuarentena en Wuhan; segundo, los gigantescos estímulos fiscales de bancos centrales y gobiernos que se constituyen en factores decisivos del futuro económico; y tercero, la entrada a la cancha de las y la esperanza de que el planeta “arañe” la inmunidad de rebaño al finalizar el año.

De estos tres elementos, para bien o para mal, los dos primeros han jugado un rol decisivo el 2020. De hecho, el resultado que venimos observando refleja el choque de dos fuerzas contrarias que no terminan de resolverse bien hasta hoy: confinamientos y estímulos financieros. La búsqueda del equilibrio entre salud y llevaron a un derrumbe espectacular de las actividades en el segundo trimestre. Luego, la remisión gradual de la primera ola de contagios y el funcionamiento de los estímulos permitieron, al final, una recuperación mejor que la esperada en el tercer y cuarto trimestre del año que se fue.

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Los programas de ayudas financieras han sido enormes. A manera de ejemplo, en el caso de Estados Unidos la Reserva Federal expandió su balance monetario en cerca del 35% del PBI, dio facilidades crediticias superiores al 20% del producto y estímulos fiscales superiores al 15% del PBI. Este y los otros programas que se implementaron en el mundo no evitaron, sin embargo, que se haya producido una caída del PBI global para el 2020 cercano al 3%; con reducciones pronosticadas cercanas al 4% para Estados Unidos y de más del 7% para la Eurozona. China contribuirá a mitigar el resultado final creciendo en más del 2%, pero bastante alejado de los crecimientos de 6-7% del pasado reciente. Pero como fuera, más allá de la inevitable destrucción generada, se evitó el 2020 el colapso doméstico y global de la cadena de pagos que hubiese amplificado por un múltiplo elevado los efectos negativos mencionados.

Mirando el tablero de control de predicciones, se incorporó este año de manera concreta en el análisis la factibilidad del proceso de vacunación masiva contra el COVID-19 que debiera ir menguando la incertidumbre que nos acecha. Sin embargo, todo indica que el proceso no será tan rápido ni homogéneo como se esperaba, lo cual se constituye en el reto inmediato a superar, si queremos imprimir de mayor credibilidad a nuestra recuperación. Y lo anterior tendrá que interactuar con el peligroso empinamiento de la pendiente de contagios y de muertes en el mundo. Esto que por si sólo ya es un “problemón”, se le suma cada día noticias más angustiantes como el hecho que la nueva cepa del virus que circula por el mundo tenga la probabilidad de ser más contagiosa y letal, lo que viene activando otra vez los confinamientos estrictos y el anuncio de más programas de ayuda financiera. Con todos estos ingredientes hasta el momento, nuestro tablero de control 2021-2022 nos señalaría que es bastante factible esperar mejores condiciones en el sector real y financiero que coadyuve a mejores resultados en crecimiento y empleo que los vistos el 2020.

Así, en el caso de Estados Unidos, la llegada de los Demócratas a la Casa Blanca, bajo un nuevo panorama de control de las dos cámaras y, la confirmación de otro potente paquete de estímulo ha inyectado optimismo en los agentes. Por su lado, la Unión Europea, más allá del trágico escenario de contagios que viene sufriendo, parece dar señales positivas de que estímulos financieros adicionales también entrarán a jugar a mediados de este año tras el desbloqueo del fondo de recuperación europeo y la eliminación de la incertidumbre sobre el acuerdo de salida del Reino Unido. Así mismo, el hecho que China presente un contexto más balanceado de su cuenta corriente, menores presiones inflacionarias y menores tensiones con los Estados Unidos, podría dar espacio a que se plasme un crecimiento más fortalecido.

Dicho todo esto, se esperaría para el mundo un crecimiento superior al 5% para el 2021, donde los Estados Unidos podría aproximar, e incluso superar, el 4% de crecimiento anual, en tanto los programas de nuevos estímulos y vacunación sigan buen cauce. En Europa, en tanto se logre superar con rapidez el difícil escenario de contagios y amengüen los confinamientos estrictos que se vienen desplegando, podríamos esperar un crecimiento alrededor del 3-4%. China, por su parte, tiene una excelente oportunidad para regresar a una actividad económica que crezca cerca al 8%.

Hay que tener claro que las condiciones de predictibilidad de los modelos enfrentan más factores inciertos que en el pasado. Así, “exprimiendo” un poco más a estos modelos para proyectar el 2022, observaríamos crecimientos menores para el mundo, que estaría entre el 3,5% y 4,2%, en un escenario donde los estímulos financieros se irán desactivando. Así, China habrá transitado hacia su potencial de crecimiento de largo plazo entre el 5,5-6%. Estados Unidos por su parte, retornará a los ritmos de expansión en torno al 2-2,4%. La Eurozona, en cambio, podría seguir creciendo en torno al 4,0% dado a los efectos extendidos de los estímulos.

Esta situación de crecimiento 2021-2022, sin embargo, mantiene algunos cuestionamientos sin respuestas claras, que pueden llevar a desvíos a las proyecciones señaladas. Aquí lanzo algunos para vuestro entretenimiento. ¿Qué políticas se implementarán para gestionar el alto endeudamiento público y privado que nos ha dejado la pandemia? ¿Cuándo, y a qué ritmo retirar los “respiradores artificiales” que tienen los agentes económicos? ¿Cómo responderá el mercado y cómo se modificará el futuro de las industrias y el empleo? Y claro, ya mejor no meternos a especular sobre qué pasará en la relación China-Estados Unidos. ¿Habrá resurgimientos de desbordes político y sociales en el mundo? ¿Y cómo quedará la nueva reconfiguración de las cadenas globales de producción? ¿Qué pasará con mayores presiones del precio del petróleo? ¿Y como cambia todo si surgen tensiones financieras ante sospechas de debilidad en alguna parte del mundo? Habrá que estar muy atentos.

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