La Reserva Federal de Estados Unidos. (Foto: Reuters)
La Reserva Federal de Estados Unidos. (Foto: Reuters)
José Larrabure

Gerente de la División de Inversiones de AFP Prima

jose.larrabure@comercio.com.pe

La reciente caída en los mercados de acciones se ha dado de manera generalizada y esta vez ni siquiera se libró del golpe, muy a pesar de haber demostrado una extraordinaria fortaleza en lo que va del año. El sentimiento del mercado es bastante negativo y eso se ha reflejado en el salto significativo del VIX, el principal indicador de volatilidad del . Este deterioro en las expectativas de los inversionistas tiene su principal origen en el alza inesperada en las tasas de interés.

Generalmente, los incrementos en las tasas de los bonos del Tesoro norteamericano, también conocidas como tasas base, se deben a que la economía norteamericana viene creciendo fuertemente y los agentes del mercado empiezan a proyectar que la Reserva Federal (FED) tendrá que subir las tasas para evitar que la economía se recaliente y la inflación se dispare. Sin embargo, un aumento en las tasas no siempre genera una caída en los valores de los activos a nivel global.

Un entorno de alto crecimiento acompañado de un alza de tasas moderada generalmente es positivo para los mercados de acciones y algunos tipos de bonos; sin embargo, un incremento abrupto e inesperado como el de los primeros días de octubre sí afecta las expectativas en cuanto al crecimiento futuro y, por ende, impacta negativamente en las valorizaciones de manera generalizada.

Fue precisamente un comentario de Jerome Powell, presidente de la FED, el hecho que inició este incremento violento en las tasas. Powell comentó que probablemente todavía estábamos lejos de llegar a un nivel de tasas neutral y esto fue interpretado por el mercado como un mayor número de subidas de tasa en el futuro. Los agentes tenían la expectativa de que este proceso iba a ser más gradual y esto agarró descolocado al mercado. La pregunta del millón es si estamos frente al inicio de una crisis o una simple corrección de expectativas.

Personalmente, me inclino por lo segundo debido a una serie de indicadores que no muestran que estemos próximos a entrar en un ciclo recesivo. Seguimos viendo indicadores de crecimiento bastante sanos no solo en EE.UU., sino en Europa, Japón y algunos mercados emergentes.

Los primeros reportes de resultados de las compañías norteamericanas ratifican el buen momento que vive la economía de ese país. En cuanto a los datos de inflación en EE.UU., incluyendo los de salarios y empleo, muestran una tendencia al alza pero con un nivel de inflación controlado. Ni qué decir de Europa y Japón que todavía están dos o tres años detrás en su ciclo de recuperación económica. Por último, si bien las tasas han mostrado un incremento importante, estas todavía no se encuentran en terreno contractivo.

Los cambios en las tasas de interés, así como otros factores de riesgo como las tensiones comerciales entre EE.UU. y China o un incremento en el riesgo geopolítico en Europa, deben ser monitoreados de cerca, ya que pueden ser muy disruptivos para los mercados de capitales. Sin embargo, la mayor volatilidad también genera correcciones que algunas veces exceden a los fundamentos, generando oportunidades de entrada para los inversionistas de largo plazo.