Luis Fernando Alegría

(Unidad de Análisis Económico)

La decisión del presidente de disolver el Congreso ha atraido todos los reflectores durante la semana. Una de las dudas que este hecho ha propiciado es qué se puede esperar en el plano económico en el 2020, pues para lo que resta del 2019, la gran mayoría de decisiones ya están tomadas. Por ello, en la Unidad de Análisis Económico de El Comercio, no creemos que el escenario para el último trimestre se haya debilitado, de modo que mantenemos nuestra expectativa de crecer 2,4% este año.

A pesar de que la incertidumbre política genera ruido en los agentes económicos, no vemos que sea el principal factor de riesgo sobre la economía peruana. De hecho, las cifras de crecimiento en el mundo apuntan a que la gran incógnita son los vientos externos.

AJUSTES

Tomando en cuenta los últimos sucesos, tanto locales como internacionales, hemos recortado nuestra proyección de crecimiento para el próximo año. En el escenario al que le asignamos mayor probabilidad de ocurrencia –que llamamos ‘base’–, la producción nacional crecería 3%, una cifra inferior al 3,5% que anticipábamos originalmente.

En este escenario, prevemos que el ruido político interno tenga un efecto de desaceleración sobre la . Aunque algunas decisiones podrían retrasarse, no prevemos una contracción de dicha variable. Este enfriamiento tendría un contagio leve sobre la dinámica del consumo privado.

El rubro que tendría el menor dinamismo dentro de los componentes del gasto es el de exportaciones. Anticipamos que solo aumentarían 1,5% durante el próximo año, debido a que la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha tomado un rumbo poco auspicioso.

Como se recuerda, Estados Unidos ya ha elevado los aranceles a productos chinos por un valor superior a los US$600 mil millones y, en la última semana, el presidente Donald Trump ha decidido gravar bienes de la Unión Europea que totalizan un valor de US$7.500 millones, elevando el riesgo de una guerra comercial a nivel global.

En ese sentido, nuestro escenario base supone que las tensiones comerciales persisten, pero no desatan una guerra de mayores proporciones.

RUMBOS DISTINTOS

En todo ejercicio de proyección se analizan distintos escenarios. Además de nuestro escenario base, estimamos uno optimista, en que las tensiones comerciales se alivian y el ruido político local no merma la inversión privada. Bajo estos supuestos, la crecería 3,6%, con una aceleración de la inversión privada y las exportaciones.

Sin embargo, nuestro escenario pesimista asume que las relaciones comerciales entre EE.UU., China y la Unión Europea se tornan más álgidas y que la transición política hacia un nuevo Congreso genera mayor incertidumbre. Bajo estas condiciones, la producción nacional solo crecería 2%.

En la historia económica mundial, un antecedente de conflicto comercial data de 1930, cuando EE.UU., a través de la ley Smoot-Hawley, subió sustancialmente los aranceles a productos de otros países, que respondieron de igual forma. Como consecuencia, en solo tres años el flujo de comercio global se cortó en 60,6%, según cifras de los investigadores Giovanni Federico y Antonio Tena-Junguito.

Considerando este antecedente, creemos que un escenario de mayores tensiones comerciales, ya no solo entre EE.UU. y China, sería la principal fuente de riesgo en el 2020.

POLÍTICA EXPANSIVA

En todos los escenarios considerados, la política fiscal tendría un rol expansivo. Vemos que la inversión pública crecería 5% en cualquier escenario, considerando que 61,4% del presupuesto para gasto de capital en el 2020 estaría en manos de los gobiernos subnacionales, que ya pasaron su periodo de aprendizaje.

Finalmente, es clave notar que ningún escenario considera que la economía peruana se estanque o caiga. Hay proyectos importantes en ejecución que no se detendrán, en minería, infraestructura, centros comerciales, entre otros; mientras el consumo privado no da señales que lleven a pensar que crecería menos de 3%.

Las incertidumbres ahora son otras, por Juan Carlos Odar

El escenario para el 2020 presenta varias interrogantes que pueden influir de manera importante en nuestras proyecciones de crecimiento.

En primer lugar, mientras EE.UU. por un lado revierte parte de sus acciones contra China, por otro amplía aranceles a la Unión Europea. Esto es una manifestación de un escenario externo bastante más volátil aunque las condiciones de la economía global ya están débiles, como se manifiesta por ejemplo en la evolución reciente de los indicadores del PMI industrial.

En segundo lugar, las elecciones legislativas que se llevarán a cabo en enero serán para completar el mandato del Congreso saliente, es decir hasta julio del 2021. Si el nuevo Parlamento realiza una labor ordenada y más armonizada con el Ejecutivo, el impacto sobre el ánimo de los inversionistas y consumidores debería mejorar, lo que tendría un efecto favorable sobre la economía a lo largo del próximo año. Además, una mejora del ritmo de crecimiento ayudaría a entrar con mejor pie al año del bicentenario.

Finalmente, consideramos que en cualquier escenario es de esperarse una política fiscal contracíclica, pero canalizada en el consumo, ya que la ejecución de la inversión pública está más atomizada. Si las exportaciones o la inversión privada pierden velocidad, el consumo público actuaría como estabilizador parcial.

Sin embargo, con la minería apenas creciendo y con la fuerte contracción pesquera de este año, es improbable que en el 2020 vuelva a ocurrir una caída de sectores primarios.