"Además del desarrollo infantil temprano, las herramientas de la economía del comportamiento pueden ser aplicadas a otros problemas del Perú", indican los expertos. (Foto: GEC)
"Además del desarrollo infantil temprano, las herramientas de la economía del comportamiento pueden ser aplicadas a otros problemas del Perú", indican los expertos. (Foto: GEC)
Manuel Barrón, Juan Francisco Castro y Pablo Lavado

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Muchos problemas graves del Perú tienen una solución en teoría conocida. Un claro ejemplo es la . Si sabemos que puede curarse o prevenirse consumiendo suplementos, alimentos fortificados o alimentos ricos en hierro, ¿por qué su prevalencia es tan alta en el Perú y el mundo? En el documento de política elaborado para el proyecto Agenda Bicentenario del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP) analizamos este aspecto.

El mayor esfuerzo en programas de lucha contra la anemia se concentra en asegurar la distribución de insumos a los hogares y difundir el conocimiento sobre la enfermedad. Poca atención se ha prestado al papel que juega el comportamiento humano en la adopción de estas prácticas, y menos aun en su adherencia. Avances recientes en la pueden generar aportes importantes en este campo.

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Las personas tomamos muchas decisiones diariamente, desde a qué hora levantarnos hasta cuánto tiempo o dinero invertir en un negocio. Para el primer tipo de acciones, usar reglas fijas, como levantarnos siempre a la misma hora, es útil.

De manera similar, almorzamos usualmente a la misma hora, y usamos las mismas rutas para ir de la casa al trabajo. Tener algunas rutinas simplifica mucho nuestra toma de decisiones y libera ancho de banda mental para poder enfocarnos en el segundo tipo de decisiones, que requieren esfuerzo cognitivo importante de nuestra parte.

Cuando un programa introduce una práctica nueva, como cambiar los hábitos de cocina, hay un quiebre en la rutina. En el caso de la anemia, podríamos olvidarnos de comprar los ingredientes requeridos, de agregar los multimicronutrientes (las “chispitas”) a la comida, o de recoger las gotas de sulfato ferroso. También podríamos simplemente postergar la adopción de dicha práctica indefinidamente, pensando que un día más no hará gran diferencia. El problema ocurre cuando terminamos postergando la decisión prolongada o tal vez indefinidamente.

Cuando un programa introduce una práctica nueva, una clave importante es transformar estas nuevas prácticas en hábitos, de modo que se vuelvan parte de nuestras rutinas. Esto es especialmente difícil en el caso de enfermedades que no tienen síntomas visibles, como puede ocurrir en el caso de la anemia infantil. La ausencia de síntomas esconde la necesidad de adherirse a las prácticas, ante lo que uno podría abandonarlas.

En un estudio llevado a cabo en el distrito de Sechura (Piura) con la colaboración del Programa Mundial de Alimentos (PMA) encontramos que las visitas que brindan información y demostraciones individuales a hogares sobre cómo preparar alimentos ricos en hierro disponibles localmente pueden reducir la prevalencia de anemia en niños y niñas menores de 3 años.

Además de difundir conocimiento, las visitas (dos al mes por un periodo de seis meses) y las demostraciones funcionan como recordatorio y alivian algunos de los costos asociados al cambio de comportamiento. Esto contribuye a la adopción de prácticas, pero puede no ser suficiente para asegurar la adherencia. De hecho, los nuevos comportamientos y la reducción en anemia desaparecieron luego de 6 meses de concluido el programa. Cabe cuestionarse qué variantes del programa podrían hacer perdurar los efectos en el tiempo.

Además del desarrollo infantil temprano, las herramientas de la economía del comportamiento pueden ser aplicadas a otros problemas del Perú como la salud, educación, acceso a seguros, informalidad, evasión tributaria, corrupción o ahorro para la jubilación.

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