"El grueso de la carga impositiva recae en un reducido grupo empresas de mayor tamaño a las que ahora se pretende exprimir con más fuerza", señala García. (Foto: GEC)
"El grueso de la carga impositiva recae en un reducido grupo empresas de mayor tamaño a las que ahora se pretende exprimir con más fuerza", señala García. (Foto: GEC)
Marcial García

Socio de Impuestos de EY Perú

Entre las innumerables consecuencias de la actual crisis figura una fuerte caída de la . De acuerdo con la en el 2020 la contracción fue de 17,4%, un efecto esperable pues es el resultado de un menor dinamismo de la . Si bien en lo que va de este año se ha registrado una recuperación de los ingresos tributarios (+31,7%), se considera que no será suficiente para enfrentar las enormes demandas de gasto público motivadas por la pandemia.

El principal vocero económico de Pedro Castillo ha adelantado que, en un eventual gobierno del profesor cajamarquino, se aplicarán mayores impuestos o regalías a las y que la Sunat enfilará sus baterías contra las grandes empresas para financiar con esos recursos sus promesas electorales. También ha dicho que no piensan revisar la tributación de personas naturales.

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De este modo, se estaría buscando cobrar aún más a los pocos negocios formales que ya contribuyen, en lugar de orientar los esfuerzos a procurar que los hoy no tributan comiencen a hacerlo. Porque en el Perú, ya se sabe, menos de uno de cada diez trabajadores paga Impuesto a la Renta, ya sea porque laboran de manera informal o porque sus ingresos están dentro del tramo inafecto.

Y, por si fuera poco, un gran número de –sobre todo pequeñas y medianas– operan en distintas escalas de informalidad y, en consecuencia, tampoco pagan impuestos. El incumplimiento del Impuesto a la Renta de tercera categoría bordea el 50% de la recaudación potencial y en el caso del IGV el 30%, por encima de países comparables como Chile, México y Colombia.

Hoy, el grueso de la carga impositiva recae en un reducido grupo empresas de mayor tamaño –consideradas por la Sunat como principales contribuyentes– a las que ahora se pretende exprimir con más fuerza. Pese a que representan menos del 0,2% del total de contribuyentes aportan el 80% de la recaudación. Presionarlas aún más en este contexto sería, para ellas, llover sobre mojado.

Pero más allá de eso, las medidas planteadas no abordan el problema de fondo. La única manera de que la presión tributaria como porcentaje del PBI crezca al nivel que se requiere es formalizando la economía, para lo que se hace necesario un esfuerzo muchísimo más ambicioso.

La tarea exige reducir los altos costos de hacer negocios formalmente en el país, eliminando trabas burocráticas, simplificando el sistema tributario y flexibilizando el régimen laboral. Mientras eso no pase será difícil que la tan ansiada ampliación de la base tributaria se haga realidad, para que cada vez sean más los que cumplan con las obligaciones tributarias que les corresponden.

Nadie dice que sea fácil ni popular implementar reformas de esta naturaleza (después de todo, a nadie le gusta pagar impuestos), pero eso no quita que se puedan poner sobre la mesa. Tratar de reducir o terminar con la debiera ser una de las prioridades del próximo gobierno si lo que se quiere es aumentar los ingresos fiscales de manera sostenible. Hasta el momento, sin embargo, las políticas anunciadas indican el riesgo de que continuaremos por el camino equivocado.

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