"Y es que esta crisis está lejos de acabar, y se debe actuar con decisión y responsabilidad", expresa Tuesta.
"Y es que esta crisis está lejos de acabar, y se debe actuar con decisión y responsabilidad", expresa Tuesta.

12% de caída del . Esa es la proyección del Banco Mundial para el 2020. Más allá de la magnitud de la cifra, llama poderosamente la atención su comparativa: caemos el doble que el promedio mundial y más del triple del latinoamericano. Es cierto que el funcionamiento de nuestro clamoroso Estado explica en parte esta brecha, pero anticipamos justificadas razones para pensar que las decisiones de este Gobierno tienen también una gran culpa.

Comencemos por las fallas de base. La terquedad del Gobierno en insistir en una aproximación puramente estatal-regionalista ha sido fatal; es decir, la misma de toda la vida, y cuyo fracaso vivió este Gobierno en carne propia con la vergonzosa lentitud de la reconstrucción del norte. ¿Creyeron realmente que ahora sí habría éxito? Se pudo buscar la ayuda articulada del sector privado, pero no. Se prefirió la confrontación con este en lugar de aprovechas sus mejores prácticas operativas y tecnológicas.

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Todo lo anterior ha afectado negativamente las acciones en el ámbito sanitario y económico, donde un conjunto de burócratas muy bien intencionados ha dejado su huella indeleble en todas las etapas. La cuarentena estricta, indiscriminada y extremadamente larga se ha mostrado inerme ante la letalidad del virus. En el campo de la política económica, más allá del anuncio de varios puntos del PBI en medidas de estímulo, el componente fiscal ha sido muy tímido. Es cierto que las ayudas vía garantías, facilidades tributarias y acceso al ahorro privado han sido importantes, pero proporcionar sólo 1,6% del PBI al gasto público, ha sido muy conservador para lo que estamos padeciendo. Cuidar los recursos fiscales es muy importante, qué duda cabe, pero se puede morir también de prudencia, sobre todo cuando debes salvar al tejido productivo que te dará de comer mañana. Este conservadurismo puede haber afectado, por ejemplo, a la aproximación gradualista con los bonos, a las bajas cuantías iniciales en el financiamiento de Reactiva Perú, y el haber destinado tan solo el 0,1% del PIB al programa de subsidios a las planillas que era clave para evitar despidos. Si a este se le hubiese armado con más recursos, hoy no estaríamos contemplando la tremenda sangría del .

¿Habrán llevado estas malas decisiones a que el Perú esté generando el triple de quiebras; el triple de despidos; o el triple de pobres? Es muy probable; pero ya habrá tiempo para realizar un análisis forense de las causas de esta estrepitosa debacle. Mientras tanto, el Gobierno, para comenzar, tiene la enorme responsabilidad de realizar una seria autocrítica a su gestión y escuchar al sector privado de cara a mejorar su aproximación sanitaria y económica. Y es que esta crisis está lejos de acabar, y se debe actuar con decisión y responsabilidad. Más aún, en un contexto en el que este Gobierno está a casi un año de ceder la posta.

(*) Las reflexiones de este artículo forman parte del libro “Pandemonio”, a publicarse por ediciones Crisol.

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