"El problema es que, en el Perú, las mujeres se ven forzadas a abandonar sus estudios con mayor frecuencia que los hombres". (Foto: AFP)
"El problema es que, en el Perú, las mujeres se ven forzadas a abandonar sus estudios con mayor frecuencia que los hombres". (Foto: AFP)
Alek Brcic Bello

Editor de Economía y Día1

abrcic@comercio.com.pe

Hay una realidad ineludible sobre el COVID-19: las están pasándola peor que los hombres en lo que refiere a la recuperación del . El informe técnico del en Lima Metropolitana para el trimestre junio-agosto, publicado la semana pasada por el INEI, da cuenta de ello.

Si bien el reporte señala que la Población Económicamente Activa (PEA) está volviendo de a pocos a las cifras de antes de la pandemia, esto no avanza igual para mujeres y hombres. Comparado con el mismo periodo del 2019, la PEA femenina aún está 22,2% por debajo de lo observado hace un año, mientras que la masculina 15%.

La tasa de desempleo tampoco es la misma. Hoy es más probable encontrar a una persona desempleada entre mujeres de la PEA (17%) que entre hombres (15%). Además, comparado con el mismo trimestre del 2019, la población ocupada masculina ha caído mucho menos (-23,9%) que la femenina (-30,2%).

MIRA: Anatomía de una debacle económica: el mercado laboral peruano en el 2020, por Miguel Jaramillo

Ahora, no es solo que las mujeres estén pasándola peor en la reactivación del empleo, sino que las diferencias en el partidor las ponen en una situación de injusta desventaja. Así, en un país en el que según estimados del Instituto Peruano de Economía las mujeres reciben 70 centavos en promedio por cada sol que gana su contraparte masculina, el coronavirus está aumentando desigualdades ya de por sí bastante graves.

Y es que el mercado laboral no funciona en línea recta. Al medir el empleo por nivel de educación, por ejemplo, el último informe del INEI da cuenta de que la población ocupada se contrajo mucho más entre aquellos con educación primaria (-46,9%) o secundaria (-31,7%) que entre los que cuentan con educación superior no universitaria (-19,7%) o universitaria (-17,1%).

El problema es que, en el Perú, las mujeres se ven forzadas a abandonar sus estudios con mayor frecuencia que los hombres (por embarazos precoces, matrimonios tempranos, situación de pobreza, etc.). Es cierto que en la última década se ha avanzado en este aspecto, pero aún existen más de 10 puntos porcentuales de diferencia entre el total de mujeres y hombres mayores de 25 años con secundaria completa (64% y 75,4%, respectivamente).

Por otro lado, si se observa el reporte por tamaño de empresa, son más los empleos perdidos en unidades económicas chicas que en grandes. Según el INEI, la población ocupada en empresas de hasta 10 trabajadores cayó en 30,1% (891 mil personas). En cambio, en empresas de entre 11 y 50 trabajadores, disminuyó en 31,6% (148 mil personas), y para empresas de más de 50 trabajadores, solo cayó en 18,7% (280 mil personas).

El dato anterior por sí solo no dice mucho. Separado por género, sin embargo, es más común que las mujeres trabajen en empresas chicas que los hombres. En el área urbana, el INEI señala que el 66,1% de mujeres ocupadas trabaja en empresas de hasta cinco trabajadores, mientras que el 21% lo hace en empresas de más de 50 personas. Para hombres, los porcentajes son 57,4% y 25,4%, respectivamente.

Otro problema es que muchos de los sectores reactivados están dominados por trabajadores masculinos. En pesca y minería, por ejemplo, se emplea en promedio a una mujer por cada nueve hombres. En el sector comercio, en cambio, son dos mujeres por cada hombre.

Y todo lo anterior, sin considerar que las mujeres tienen una tasa de informalidad laboral más alta que los hombres (en Lima la diferencia es de 10 puntos porcentuales, 61,9% y 52,5%, respectivamente). Al respecto, Apoyo Consultoría estima que, durante la primera fase de reactivación, solo el 8% de mujeres volvió a sus trabajos formales frente a un 19% de hombres.

O también que la cuarentena trajo un incremento desproporcionado de trabajo doméstico no remunerado para las mujeres. Sobre esto, una encuesta de Ipsos señala que durante el aislamiento obligatorio el 67% de mujeres ocupó la mayor parte de su tiempo haciendo quehaceres del hogar contra un 48% de los hombres.

La situación es bastante grave y demanda esfuerzos urgentes, pero no se trata de algo nuevo. El Reporte de Género 2020 del Foro Económico Mundial estimaba antes del COVID-19 que, al ritmo actual, cerrar la brecha global de paridad económica e igualdad de oportunidades tomaría unos 257 años. Por ello, si esto ya era un problema gigantesco antes de la pandemia, el virus lo ha hecho peor.

En el 2018 el Ejecutivo declaró el “Decenio de la Igualdad de Oportunidades para mujeres y hombres” hasta el 2027. Como van las cosas, existe muchísimo trabajo pendiente para que esas buenas intenciones no queden solo en un decreto.

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