Cortázar y su maravilloso juego del amor: "Rayuela"
Cortázar y su maravilloso juego del amor: "Rayuela"
Redacción EC

RAÚL MENDOZA CÁNEPA ()

Horacio Oliveira es el protagonista de Rayuela, la obra cumbre de Julio Cortázar. Encuentra en La Maga su opuesto, pero queda prendado de ella. Opera en ellos la química del “azar”, que al decir de Borges no es sino la ignorancia sobre la extraordinaria y compleja maquinaria de la causalidad.  


En Rayuela, Horacio y La Maga son una pareja peculiar, se citan pero nunca precisan el lugar del encuentro... pero se encuentran. Donde caminen, entre puentes y calles, se encuentran y cada coincidencia sutil es un genuino hallazgo en una ciudad de 9 millones de habitantes. Nada es menos casual que la casualidad, habrá de decir Horacio.“Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts…”


Oliveira es argentino y tiene cuarenta años o un poco más. Tiene una edad media que en su caso, está signada por una  búsqueda cuyo objeto esencial él mismo ignora. Es, por sobre todo, un intelectual. Conoce de muchas materias y es esa avidez la que lo lleva a París. Curiosamente en Europa es capturado por un trabajo menor y por un amor que le es esencial.  


Búsqueda


Gregorovius, uno de los personajes, advierte a Oliveira que su extraña e imprecisa búsqueda  no tiene ni pies ni cabeza. Tiene la impresión que lo que el intelectual hurga no está lejos sino en su propio bolsillo. Pero la búsqueda del protagonista no es material y asequible a los sentidos, es metafísica. 


El amor


Es una búsqueda la que lo conduce a París porque ese sea quizás el lugar apropiado para encontrarse a sí mismo. Y es en esta ciudad de romance y luz que conoce a La Maga, aquel personaje inabarcable que ha encandilado a miles de lectores. Su luz no radica en el intelecto sino en la gracia y ese hechizo es el que enamora al protagonista. Su búsqueda parece haber finalizado. 


Horacio no es de pasiones, pero en aquella ciudad el amor llama desde todos los rincones y puentes. Oliveira es un hombre de intelecto y La Maga representa la escasez de conocimientos. Su ignorancia incomoda al protagonista, pero su intuición y creatividad la salva del desprecio del perfeccionista Horacio. Para llegar al complemento espiritual debieron pasar primero por el goce físico, que es también complemento natural. La respuesta, desde el punto de vista de Oliveira, es que ella representa lo que a él le falta. 


Cuenta en la historia de Cortázar aquella necesidad de horadar en el alma de La Maga para que con manifiesta ternura escuche los poemas que ella recita, pero no los escucha sino desde el fondo de sus entrañas. Horacio coloca su oreja en el pecho de la mujer y se tapa los oídos. 


Del lado de acá


La vida de Oliveira es la que transcurre en París (Del lado de allá, según la novela) y en Buenos Aires (Del lado de acá).  En París, este peculiar personaje es un exiliado, pero lo es también en el mismo Buenos Aires. Esté donde esté siempre regresa a París y París es La Maga, son sus rincones mágicos, su capturadora  luz nocturna, sus seductores conciertos.


 Por imperativos del destino ambos terminaron separándose. El quiebre fue  doloroso. Es por tal razón que Horacio torna sus pasos hacia su novia de antaño cruzando el océano. Ella, Gekrepten, es una mujer comprensiva y tolerante. El problema del exilio interior se presenta cuando ambos  frecuentan a Traveler y Talita, una pareja amiga. Horacio verá en Talita a La Maga. La pasión vuelve a su cauce.


Los fantasmas del pasado marcan el destino de este atribulado personaje de Cortázar.

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