La burbuja en la que nos envuelven las redes sociales se ha hecho evidente en estas elecciones (Ilustración: Víctor Aguilar)
La burbuja en la que nos envuelven las redes sociales se ha hecho evidente en estas elecciones (Ilustración: Víctor Aguilar)

Pedro Castillo no es un —aunque muchos de sus se desenvuelven como tales— y, aunque no es un tuitero compulsivo, utiliza esta red ocasionalmente. Sin embargo, sí mantiene actualizada constantemente su página oficial en Facebook —, en la que suma casi cien mil seguidores, aunque los likes apenas pasan los 50 mil. En redes, está. Y sus votantes, también, pues no son pocas las páginas que se han creado a favor del candidato presidencial y profesor chotano. Entonces, ¿por qué no lo vimos?

La primera respuesta es sencilla: porque no se lo buscó, porque no interesaba verlo. Y, en algunos casos, porque no sabían que existía. Lo que no se conoce no se entiende. Lo que no se sabe que existe no se busca. Y ese es el principio con el que funcionan las redes sociales e internet en general: si bien, por un lado, representan una posibilidad infinita de conocimiento, por otro, los algoritmos nos han encerrado en un espacio en el que solo tenemos cerca aquello que nos interesa.

Mire: Campaña electoral digital: ¿Qué tanto aprovecharon las candidatas y los candidatos la virtualidad en estas elecciones?

Eduardo Mansilla, investigador y docente de la PUCP, que es erróneo repetir el mantra de “el Perú no es las redes”, ya que la verdad es que el Perú no es “su” red, aquella que les decía día a día que había un montón de conocidos entusiastas que negaban la realidad que se notaba en encuestas, en otras redes y en otras partes del país que no eran parte de estas burbujas digitales. “Si hubieran mirado —o tenido acceso— a las redes de aquellos que no piensan o viven como algunos suelen hacerlo, no sería tan singular lo que ocurrió el domingo 11”, añade.

Burbujas vs. burbujas

En el libro El filtro burbuja: cómo la web decide lo que leemos y lo que pensamos, el estadounidense Eli Pariser señala que, si bien durante algún tiempo parecía que internet iba a redemocratizar por completo la sociedad, la era de una conexión cívica con la que tanto se soñaba no ha llegado. “La democracia precisa de ciudadanos que vean las cosas desde el punto de vista de otros, pero, en vez de eso, cada vez estamos más encerrados en nuestras burbujas. La democracia demanda una dependencia con respecto a hechos compartidos, pero, en su lugar, se nos ofrecen universos paralelos separados”, escribe.

Es cierto que, en nuestro país, no todas las personas tienen el mismo tipo de acceso a internet, como señala Juan Fernando Bossio, docente universitario e investigador. “Mientras más alejado esté de la ciudad o más años tiene la persona, es muy posible que esta no use internet, pero la extensión del uso de celulares amplía la conectividad. Lo que sucede es que, en la medida en que cada quien cierre sus redes y excluya a gente que piensa distinto, pues se crean burbujas, pero, si esa burbuja se parece a la de los conocidos, se crea una mayor de la que es difícil salir”, explica.

Desde 2009, cuando Google decidió apostar por registrar el comportamiento de sus usuarios para ofrecer resultados a medida, internet ha virado hacia la personalización de los contenidos. Los algoritmos no han dejado de conjeturar respecto de los usuarios: incesantemente se preguntan sobre los intereses de quien está detrás del navegador a fin de construir un perfil y, en función de esto, intentar predecir cuáles contenidos quiere ver y a qué tipo de publicidad podría ser más permeable.

Entonces, las peleas o debates en las redes sociales se dan mayormente entre pares, es decir, entre quienes pueden discrepar políticamente y optar por candidatos distintos, pero que comparten los mismos códigos y tienen más de una cosa en común, como la educación, la posición social o el acceso a determinados espacios —características que los pueden ubicar en un mismo círculo dentro de los espacios virtuales...y reales—. Este es uno de los motivos por los que las redes sociales sí son espacios adecuados para, por ejemplo, campañas sociales. Bossio añade: “las campañas políticas en redes sirven para afianzar más que para convencer, mientras las campañas ciudadanas tienen el fin de congregar y es más fácil llegar a consensos. Los grupos de interés común encuentran por ello en las redes sociales espacios para su desarrollo”.

A puertas de la segunda vuelta electoral, el espacio virtual puede ampliar nuestra mirada. Depende de adónde dirijamos nuestra atención...y nuestras búsquedas en Google.

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