Guillermo Niño de Guzmán

Hay libros que se hacen esperar y nos son esquivos, libros que solo llegan a nosotros cuando podemos caer bajo su hechizo. Es algo misterioso, como la intensidad de las pasiones tardías. Me acaba de suceder con Fat City, de Leonard Gardner, una novela que perseguí sin éxito durante un tiempo. Era difícil de conseguir, pues se encontraba descatalogada, y, a la larga, perdí el interés, quizá porque su tema —el boxeo— no me atraía mucho. Si bien apreciaba los reportajes de Norman Mailer y el ensayo de Joyce Carol Oates sobre el deporte de los puños, las ficciones de ese subgénero me dejaban indiferente. Además, había visto la notable adaptación cinematográfica dirigida por John Huston y dudaba de que el texto original fuera del mismo calibre. Ya se sabe que los cineastas suelen preferir novelas discretas como material de base. Pero, en este caso, estaba equivocado, muy equivocado, como he podido comprobar gracias a su reciente edición en español. Al cabo de varias décadas, Fat City ha sido rescatada por Underwood (Madrid, 2016), un nuevo sello independiente que ha tenido el acierto de mantener su título en inglés.


Trailer de la versión cinematográfica de Fat City, estrenada en 1972.

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Antes que nada, habrá que señalar que Fat City es una auténtica novela de culto, reiteradamente elogiada por escritores estadounidenses de distintas generaciones, Raymond Carver y Richard Ford entre ellos, desde que apareciera en 1969. Quedó entre las finalistas del National Book Award de 1970, al lado de Matadero cinco, de Kurt Vonnegut. Sin embargo, nunca fue un éxito de librerías, lo que explica que pronto saliera de circulación. Ni siquiera la película de Huston, que se estrenó en 1972 y cuyo guion fue escrito por el propio Gardner, contribuyó a su difusión. Pese al entusiasmo de la crítica, el aura sombría y desoladora de la historia, así como la participación de dos actores poco conocidos por entonces, como Stacy Keach y Jeff Bridges, le impidieron ganar el favor de los espectadores. Por lo demás, era un drama de boxeadores que se hallaba en las antípodas de lo que había hecho Hollywood en esa vertiente.

Mi deslumbramiento se ha acentuado al descubrir que Denis Johnson es uno de los admiradores más acérrimos de Fat City. En su opinión, se trata de “un libro escrito con tanta precisión y que otorga tal valor a las palabras que sentía que casi podía leerlo con la yema de mis dedos, como si fuese Braille”. El autor de Árbol de humo pensaba que su devoción era excepcional, pero no tardó en darse cuenta de que había más fanáticos como él. Cuando estudió en el taller literario de Iowa, a menudo tropezaba con jóvenes escritores que eran capaces de citar, extasiados, línea por línea, diálogos de los personajes de la novela.


"Además, había visto la notable adaptación cinematográfica dirigida por John Huston y dudaba de que el texto original fuera del mismo calibre. Ya se sabe que los cineastas suelen preferir novelas discretas como material de base. Pero, en este caso, estaba equivocado, muy equivocado" (Crédito: Columbia Pictures)

Más aun, Johnson ha revelado que, entre los 19 y los 25 años, leyó el libro de Gardner “con tanto detenimiento que empecé a temer que jamás sería capaz de escribir algo que no fuese una imitación”. En consecuencia, optó por un gesto extremo y se deshizo de su ejemplar. Dejó que pasara una década y, una vez publicada su primera novela, volvió a leerlo. Según confiesa, se percató inmediatamente de que su alejamiento no lo había librado de “la influencia de su perfección, pues me había enseñado a mí mismo a escribir con el estilo de Gardner, aunque no tan bien. Y ahora, tantos años después, eso aún es verdad: Leonard Gardner tiene algo que decir en cada palabra que escribo”.

No es habitual oír alabanzas de esta clase, sobre todo respecto a escritores que permanecen al margen del canon. Pero Denis Johnson no exagera. Fat City es una novela rotunda y demoledora. Pura fibra. No le sobra una línea. Cada capítulo es una maravilla en cuanto a tono y precisión. La prosa vibra con una tensión desusada y la narración nunca pierde la sobriedad ni el equilibrio. El ritmo es pausado y acezante a la vez. Los personajes entran y salen con naturalidad y discreción, como si fueran parte de una elaborada coreografía. Sus caracteres han sido perfilados cuidadosamente y encajan perfectos en una trama densa y apretada, donde el suspenso es reemplazado por la profundidad. Gardner es un maestro a la hora de generar atmósferas turbias y sórdidas, las mismas que envuelven a individuos solitarios y extraviados, para los cuales no hay redención posible.

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Ficción atípica, despojada de héroes, Fat City es, aparentemente, una novela sobre boxeo. No obstante, sería un error juzgarla bajo ese parámetro. Ciertamente, Gardner conoce el tema de primera mano (fue boxeador amateur en su juventud), pero su mirada trasciende el marco del cuadrilátero. Más que una intriga de pugilistas, Fat City es la crónica detallada de un descenso al submundo del espectro social, ese ámbito de pesadilla donde son confinados los desposeídos de la Tierra. Sin ser un policial, está impregnada del olor de la noche característico del género negro, lo que se advierte en la deriva de los protagonistas, perdedores que deambulan como fantasmas entre hoteluchos, fondas y bares de mala muerte. No en vano se ha dicho que sus escenarios traen reminiscencias de la infinita desolación que campea en las pinturas de Edward Hopper.

El título tiene un sentido irónico. Es una expresión que pertenece a la jerga negra y alude a una situación de bonanza. También era el viejo mote de Stockton, una ciudad del interior de California en la que discurre la trama hacia finales de los años cincuenta, cuando su prosperidad se ha truncado. Gardner se empeña en mostrarnos la otra cara del sueño norteamericano. Sus personajes miserables y errabundos recuerdan a las víctimas de la Depresión tan bien retratadas por Steinbeck, pero la novela no se circunscribe a la problemática social. La preocupación esencial del autor es el individuo que parece condenado de antemano al fracaso por fuerzas oscuras e incomprensibles. De ahí sus coincidencias con la visión amarga y desencantada de Fante y Bukowski, aunque sin el humor que da un respiro a sus ficciones. Gardner es más pesimista e implacable, una suerte de Onetti de Norteamérica. Su incursión novelesca entronca con la mejor tradición literaria estadounidense y se convierte en el eslabón que une a antecesores claves como Hemingway y Cain con los cultores del llamado “realismo sucio” que se impondrá en los años ochenta, liderados por Carver.


"Ni siquiera la película de Huston, que se estrenó en 1972 y cuyo guion fue escrito por el propio Gardner, contribuyó a su difusión." (Crédito: Columbia Pictures)

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Fat City es la única novela que ha publicado Leonard Gardner hasta el día de hoy. Al igual que su obra, su biografía resulta escueta. Creció en Stockton, donde nació en 1933. Más tarde, ingresó a la Universidad de San Francisco para estudiar Literatura. Fue en esa época que empezó a escribir su novela, mientras trabajaba estacionando autos y en una oficina de correo. Cumplió su servicio militar en Louisiana, retomó su formación académica y se dedicó a podar el manuscrito. A lo largo de cuatro años, redujo sus 400 páginas hasta quedarse con 189, “intentando que cada línea tuviera valor por sí misma”. Fat City se publicó en 1969, a sus 36 años. En 1970 recibió una beca Guggenheim. Después vino la colaboración con John Huston, experiencia que le serviría para desarrollar futuros guiones de cine y televisión. Así, en la década del noventa, fue contratado como argumentista y productor de la serie policial NYPD Blue. Gardner firmó más de dos docenas de episodios en el curso de un lustro. Aparte de un cuento que difundió The Paris Review en 1965 y un par de artículos encargados por revistas, eso sería todo.


Fat City (1969) es la única novela publicada de Leonard Gardner, luego de ella solo siguió el silencio; sin embargo, casi medio siglo después, Gardner ha anunciado que está puliendo un nuevo libro. (Foto: Editorial Underwood)

Fat City (1969) es la única novela publicada de Leonard Gardner, luego de ella solo siguió el silencio; sin embargo, casi medio siglo después, Gardner ha anunciado que está puliendo un nuevo libro. (Foto: Editorial Underwood)

Los estudiosos lo han comparado con famosos autores de una sola novela como Ralph Ellison y J. D. Salinger, aunque estos también publicaron libros de relatos o ensayos. Gardner, en cambio, se apartó de la literatura. ¿Cómo entender su silencio? ¿Se sintió presionado por el logro alcanzado por su ópera prima y dudó de su capacidad para escribir otra novela de méritos similares? Cuando se le ha sugerido que su bloqueo creativo podría deberse a su afán perfeccionista, él se ha apresurado a aclarar que, por el contrario, disfruta en el proceso de corrección. ¿Por qué se calló entonces? Quién sabe, tal vez puso toda la carne en el asador. Es decir, volcó en su novela todo lo que había aprendido en la vida. Todas las experiencias que había asimilado en su ciudad natal, su inmersión en el sector marginal de la sociedad, su paso por gimnasios de boxeadores mediocres, bares frecuentados por alcohólicos terminales, y campos donde jornaleros hambrientos se quebraban la espalda recolectando cebollas y tomates bajo un sol inclemente. En suma, todo aquello que moldeó su funesta concepción de la existencia. Luego, al quedarse libre de su carga, ya no tuvo necesidad de escribir. Había dicho todo lo que quería decir.

Ha transcurrido casi medio siglo y, contra todo pronóstico, Leonard Gardner ha vuelto a coger la pluma. Aunque se acerca a los 84 años, asegura que está puliendo un nuevo libro. ¿Será cierto? En cualquier caso, poco importa. Fat City existe, es una novela imbatible y siempre será recordado por ella.

Sobre el libro

(Editorial Underwood)

Editorial: Underwood
Páginas: 224