(Foto: ilustración Giovanni Tazza)
(Foto: ilustración Giovanni Tazza)
Jerónimo Pimentel

1. Evite a los delincuentes probados. Extrapole este consejo a todos los ámbitos de la vida.

2. Mida la ambición del plan de trabajo del candidato versus el lapso de representación parlamentaria: la sobrepromesa indica ignorancia o cinismo. Un año y medio en el Congreso peruano permite apenas un plan mínimo que debería ser evaluado por su justeza y concreción. Si alguien le asegura que acabará con la anemia y hará la carretera trasandina mientras mete a la cárcel a los empresarios corruptos, sepa usted que ese tipo no solo le miente, sino que usurpa las funciones del Ministerio de Salud, del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, de ProInversión y del Poder Judicial.

3. Piense en la idea de representación por un instante: significa que usted delega en otro la capacidad de hablar en nombre de usted. Considere ahora a los congresistas salientes y evalúe si alguno de ellos poseía los méritos para personificarlo. Un truco: revise las listas de los partidos con un espejo en la mano.

4. Recuerde el dicho completo: “Errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico”. Por lo general, preferimos dejar la frase a la mitad. Recuerde de nuevo, pero con sentido autocrítico: ¿cuáles han sido sus elecciones en los comicios previos? ¿Pensó en algún momento que Mulder era un “mal necesario”? ¿Le impresionó la aparente seriedad de Sheput? ¿Fue víctima de la campaña de miedo y tuvo una debilidad naranja? Haga lo que tanto pide hacer: no reincida.

5. Evalúe a su candidato favorito con esta pregunta: ¿es una persona de códigos o de principios? Porque códigos tienen también los narcos y las mafias. ¡Pero tenga cuidado! Como decía Groucho, más importantes que los principios son los finales.

6. Haga la tarea. Revisar las propuestas partidarias no es una labor ociosa, sino un deber. Busque patrones: qué insignia recicla impresentables, cuál es vientre de alquiler y qué colores van decoloridos por la afrenta, la estupidez, la vulgaridad o la ignominia. Descarte.

7. Sea severo: desconfíe tanto de quien nunca se disculpa como de quien se disculpa demasiado. Lo primero es soberbia; lo segundo, ridiculez.

8. Detecte el ardid. Ejemplos: no cometí un delito sino un pecado; en esa época esa donación no era ilegal; ese puente no se cayó, se desplomó. Quien busca los matices morales en las palabras y no en los hechos no es un romántico, sino un sinvergüenza. Los ciudadanos decentes no exploran las fronteras de la ley para encontrar grietas y rajaduras de las cuales aprovecharse, ni se escudan en la religión para evitar la cárcel, ni utilizan maromas verbales con el fin de ocultar su responsabilidad. La dignidad consiste en regirse por leyes más antiguas y elevadas: el honor, el decoro, la civilidad, la dignidad.

9. No busque votos “útiles”. Si un político ha pasado su filtro poco importa más: su voto es una recompensa merecida.

10. Comprométase: realice un seguimiento de su decisión y, si su representante logró una curul, hágase cargo de su político. Los correos electrónicos y las redes sociales ofrecen una amplia gama de posibilidades para mostrar su alegría o decepción, así como las llamadas telefónicas, las campañas y las marchas. En democracia se vota todos los días.