Redacción EC

DIANA GONZALES OBANDO

Leer la poesía completa de Rosina Valcárcel es seguir el rumbo hacia diversos territorios. Las imágenes de sus versos nos llevan por la historia íntima de una vida llena de inquietudes, cuestionamientos y pasiones. O como escribió el poeta Jorge Nájar en el prólogo de "Poesía reunida (1966-2013)" (Fondo Editorial Cultura Peruana): “¿Poesía social? Ni hablar. ¿Poesía sentimental? Ni de vainas. Poesía de la existencia. Poesía de la supervivencia”. 

“Jorge Nájar ha permitido leerme a mí misma; apreciar lo parido, y, paralelamente me ha exhortado a que no renuncie a este difícil oficio de escribir”, nos comenta Rosina. “Escasos escritores coetáneos han examinado tenazmente, con agudeza y ternura oculta mi poesía”. Entrevistamos a la poeta sobre su más reciente publicación "Poesía reunida (1966-2013)": la colección de sus ocho poemarios.

LA ÚNICA SALVACIÓN

La poesía es una presencia que la acompaña durante décadas ¿Cómo llegó a la poesía? ¿Qué hace de la palabra una herramienta esencial para usted?

Lo real nos había marginado. Lo real nos había olvidado. La soledad existencial, el no poder expresarla de niña me fue conduciendo a la poesía. Nos criamos dentro de un clima cultural, literario, humanista en México y ello dejó huellas hondas. También la luz de los metales, de los paseos y de los juegos. Ahí está la clave, la importancia de la poesía en mi existencia. Acaso como la única tabla de “salvación”. A la postre, mi ser se ha ido purificando del vacío, del sentimiento de desarraigo causado por el suceso político del exilio. ¿La palabra? La poesía es un destino. Escribir para mí es un proceso vital y para ello preciso agitarme en los parámetros de la imagen. A estas alturas, creo que la integridad (inconsciente y consciente) de mi planteamiento, la matizada valía estética y la honestidad creadora, hacen de la palabra una herramienta esencial. 

¿Tiene alguna rutina o método para escribir?

 Amé la música clásica y ella me corea a menudo. El jazz, los fados, melodías de tangos, taquiraris... Me agrada recordar a la Virgen de Guadalupe (y otras), fantasear supersticiones que embellecen a mi entorno. Por ejemplo tener una imagen de Oshun; o piezas de búhos, lechuzas, elefantes, gatos, wayruros, populares piedras preciosas, alucino que me pueden dar sabiduría, buena suerte, protección o salud. Siempre me aíslo para crear, me daña el ruido. Antes escribía por ataques, por inspiración, y chamba, claro. En la última década he escrito por las mañanas después de beber tazas de café tinto. A medida que pasan los años escribo con mayor frecuencia e intensidad. Tengo necesidad imperiosa de hacerlo (incluso de lanzar los poemas).

UNA MUJER LIBRE

Hace 48 años que publicó su primer poemario "Sendas del bosque"  (La Rama Florida, 1966), usted tenía 19 años ¿cómo era la época en que se publicó y la participación de las mujeres?

Nací sin prejuicios. Ser mujer jamás me impidió vivir libremente. Escribir, valió la pena partir del sueño, la pesadilla, el amor, o una lucidez crispada. El tiempo era algo duro. La mayoría de los poetas eran varones. Entonces, en Lima, compartí tertulias con Gladys Basagoitia y la argentina Halma Cristina Perry (de la generación del 60); Queti Belevan, María Emilia Cornejo, Águeda Castañeda. Luego con Sonia Luz Carillo, Carolina Ocampo (Huancayo). Más tarde con Gloria Mendoza Borda (Puno), de la generación del 70.  La revista “Piélago” me publicó en sus páginas; participé en recitales y lecturas también; con Julio Nelson y otros leí a los europeos. Obtuve un pequeño premio en un concurso organizado por  San Marcos. Y esos manuscritos formaron "Sendas del bosque", libro cuidado por mis caros amigos José Watanabe y Lorenzo Osores. La participación de las mujeres no era muy significativa. A las antecesoras Carmen Luz Bejarano, Lola Thorne, Julia Ferrer y Cecilia Bustamante las traté después.

Willy Gómez menciona que su obra “no es sino memoria corta”, ¿es su poesía y los temas que aborda una poética de la vida? ¿En sus versos podemos encontrar a la poeta que los creó?

En línea similar a la de Jorge Nájar, en el artículo “Rosina Valcárcel & Los Mapas del amor”, Willy Gómez concluye que “toda mi obra no es sino memoria corta, captura, una inyección letal de emociones, un mapa modificable, pero sin lugar a dudas, un campo de interacción cuyas dimensiones podemos alcanzar por su claridad y extensa similitud con  nuestra voz de esperanzas (…)”. Claro, en mis textos se puede hallar a la autora que los creó en su plenitud, en los instantes de Eros y Tánatos; del compromiso con la Historia de todos los pueblos; de la locura y renacimiento; de la contemplación de la naturaleza.

POESÍA QUE MARCA

En sus poemas incluye a varios personajes de la literatura peruana: Pablo Guevara, Juan Ramírez Ruiz, Blanca Varela, etc. ¿La mención equivale a la importancia de ellos en su vida y poesía?

Es evidente, Juan Ramírez Ruiz  (precursor de Hora Zero), era un iconoclasta, anarquista, desencadenado, cuando lo conocí en 1970. No sólo por su irreverencia y rebeldía devino en un poeta central para mí, sino por su propuesta de una nueva escritura ideogramática. Lo quisimos mucho.En circunstancias y tiempos varios, diversas promociones de poetas jóvenes estuvimos cerca del experimental vehemente Pablo Guevara, aprendimos a su lado.En mayo de 1991 recién conocí a Blanca Varela. Luego leí con mayor interés su obra y pudimos platicar largo a propósito de una entrevista que plasmé en la revista “La casa de cartón”. Hecho que me selló. Blanca Varela merece el Premio Nobel. Sí, mi ofrenda a los autores citados surge del valor que tienen en mi obra y en mi existencia.

POEMAS:

Loca como los pájaros

¿Cómo esconder mi corazón turbado?
¿Cómo arrancarlo?
¿Cómo entregar belleza sin orgullo?
¿Por qué me falta lo que anhelo?
¿Cuándo recibir el amor osado que yo entregué?
¿Hasta cuándo dar todo sin reparar en mi dolor?
¿Por qué no distinguen si canto o lloro?
¿Por qué si deseo bailar otros duermen?
¿Por qué se niegan a calmar mis pesares?
¿Por qué nací en la suavidad de la rosa
Y otros en el frío del acero?
¿Por qué nací loca como los pájaros 
Y otros crueles como una espada?

En “Loca como las aves” (Arteidea Editores, 1995)

Blanca

[a la poeta B. Varela]

el silencio del país nos acosa
un tanto derrotado

todo el día he recorrido tus versos
se inclinaron sobre mí

tus ojos púrpuras
hoy están más cerca

es bello tu nombre
como la rosa de Barranco
en medio de esta ciudad muerta

En “Naturaleza viva” (Hipocampo Lima, 2011)