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Diana Gonzales Obando

Una planta, un ave o una roca fueron ante los ojos de un hermoso paraíso de dudas y asombros. Miles de cartas y anotaciones son las pruebas del trabajo obsesivo del naturalista alemán por captarlo todo, no con fotografías ni videos como en el mundo contemporáneo, pero sí a la manera del siglo XVIII: con minuciosas descripciones y dibujos en papel.

En 1799, Humboldt emprendió un viaje por América que duraría cinco años. Recorrió Venezuela, Cuba, Ecuador, el Perú y México y recolectó plantas, minerales y especies, un material tan abundante como valioso. Desde una recóndita comunidad americana, enviaba sus herbarios a una persona de confianza en Europa para evitar perderlos. El tiempo le podría jugar una mala pasada y prefería asegurar sus tesoros. Miles de plantas quedaron registradas y dibujadas en libretas que sobrevivieron a lluvias, tormentas y hasta una caída al río donde Humboldt perdió un libro y mojó las páginas de su diario. Para él, sus cuadernos de anotaciones eran tan importantes como su vida.

“Uno de los objetivos del viaje de exploración científica de Humboldt a América fue elaborar una visión comparativa de las antiguas altas culturas de Europa, Asia y América”, nos explica el arqueólogo peruano César Astuhuamán. “Para lograrlo aplicó rigurosamente el método comparativo”, agrega. Según el investigador, el viajero alemán “integró el espíritu científico y romántico, el del viajero, filósofo y naturalista”.

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—Su visión de la naturaleza—
El 14 de setiembre se cumplirán 250 años del nacimiento de Humboldt. Y, así como en todo el mundo, Lima también celebrará la fecha con la exposición El increíble viaje de Alexander von Humboldt, organizada por la Embajada de Alemania y la Delegación de la Unión Europea en el Perú, con el apoyo de la Municipalidad de Lima. Se trata de una serie de paneles —expuestos en el pasaje Santa Rosa, al costado del Palacio Municipal— realizados a partir de las ilustraciones de la artista Lillian Melcher, basadas en el exitoso libro de , "La invención de la naturaleza" (PRH, 2016).

Con estas sorprendentes imágenes se puede revivir la travesía de Humboldt por América, su paso por la selva venezolana y su ascensión al Chimborazo, el volcán ecuatoriano, hecho que es considerado como uno de sus principales logros científicos.

Wulf, quien ha dedicado gran parte de su vida a investigar y a visitar los mismos lugares que recorrió Humboldt hace dos siglos, dice que el sabio alemán fue “un hijo de la Ilustración”. Desde muy joven, sintió una gran curiosidad por saber qué había en el mundo. Sus ideas viajaban con tal rapidez que hablaba a gran velocidad. Era incansable e hizo de la experimentación parte de su rutina. Era un científico innato. “El descubridor de la nueva América”, lo llamó el libertador Simón Bolívar, quien lo conoció en París, en 1804.

Para Wulf había algo que diferenciaba a Humboldt de otros científicos de su época: él buscaba sentir la naturaleza, entender su lenguaje y dinámica como un gran cosmos. Por eso, describió el mundo como “un conjunto natural animado y movido por fuerzas internas”. Para él todo estaba vinculado: “No puede estudiarse ningún hecho aisladamente”, decía.

Para el científico alemán era también necesario agregar a la observación y medición científica, el asombro, las sensaciones y las emociones. Una visión diferente comparada con el duro rigor que enarbolaban sus contemporáneos.

“Quería despertar el ‘amor por la naturaleza’. En una época en la que otros científicos buscaban leyes universales, Humboldt escribía que la naturaleza había que experimentarla a través de los sentimientos”, escribe Wulf.

“Lo irónico es que sus ideas son ya tan obvias que nos hemos olvidado en buena parte del hombre que las forjó”, anota la autora. A fines del siglo XVIII, Humboldt ya estaba inaugurando la visión ecologista contemporánea.

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—El cambio climático—
Como un homenaje al lado artístico del naturalista, las ilustraciones representan escenas de los viajes narrados en sus diarios y cartas: una de las más deslumbrantes es la que cuenta el ascenso al volcán Chimborazo; pero también hay otras sorprendentes, como las que recrean a las anguilas electrocutando a los caballos en el agua o las que narran escenas del frustrado viaje al Cotopaxi.

Estos cuadros también grafican la visión interdisciplinaria de Humboldt, sus estudios comparativos y su extraordinaria capacidad de análisis.

Estas cualidades le permitieron detectar situaciones críticas que estaban afectando la naturaleza. En aquella época, cuando el progreso era la prioridad, el uso de los recursos solo tenía una finalidad económica; por ejemplo, la explotación de la madera era una fuente de ingreso importante para las colonias españolas.

Humboldt se dio cuenta en el lago Valencia, en Venezuela, de que la deforestación estaba afectando el bosque, que se estaban secando los manantiales y los lechos de los ríos. Fue el primer científico en anunciar los efectos dañinos del provocado por los humanos.

Con mucho detalle, las ilustraciones también exponen su posición en contra de la esclavitud, sobre todo después de que fue testigo de los abusos de los colonos sobre los indígenas. Humboldt admiró y respetó profundamente a las poblaciones originarias.

En uno de los gráficos, se recrea, con humor, el momento en que el naturalista y su acompañante intentan reconocer distintos tipos de árboles de la manera en que los indígenas les habían enseñado:
“Me han contado que son capaces de distinguir distintas especies de árbol con solo mascar su corteza”, le dice Humboldt a su compañero animándose a probar esta parte de los árboles. Tras la experiencia le comenta: “Este sabe a moho”; su interlocutor le responde que le sabe igual. “Igual de desagradable”, replica Humboldt haciendo muecas de disgusto. “Después de quince intentos —dice el científico en la viñeta—, todavía no sé cómo lo hacen. Todos saben igual de mal”. Lo cierto es que Humboldt estaba fascinado por la sabiduría ancestral y aprendía humildemente de ella.

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"El increíble viaje de Alexander von Humboldt" es un homenaje al hombre que encontró la libertad en sus viajes y le dio a la naturaleza, dos siglos y medio atrás, la importancia que merecía, alertando de los futuros problemas ante su inminente destrucción, aunque en ese momento no lo escucharon.

SOBRE LA EXPOSICIÓN
"​El increíble viaje de Alexander von Humboldt" se expondrá desde el 12 de setiembre hasta el 13 de octubre en el pasaje Santa Rosa cuadra 1.