Portada de El Comercio del sábado 25 de mayo de 1940 que hace un resumen gráfico del devastador terremoto.
Portada de El Comercio del sábado 25 de mayo de 1940 que hace un resumen gráfico del devastador terremoto.
Héctor López Martínez

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Era el viernes 24 de mayo de 1940. Un día de otoño más en Lima. En los colegios estaba a punto de culminar la jornada de la mañana al igual que en oficinas, algunas tiendas, fábricas y talleres. En “El Comercio” el director y jefes de sección se preparaban para la reunión del mediodía y dar el visto bueno al material de la edición vespertina. En los talleres, entonces ubicados en el mismo edificio, los linotipistas habían comenzado sus labores. En esas circunstancias se produjo el intenso y devastador terremoto, solo superado por el de 1746.

El Comercio, que tres horas más tarde estaría en las calles, lo describió así: “A las 11:35 minutos de la mañana de hoy, se produjo en Lima un fuerte movimiento sísmico de grave intensidad y de duración prolongada. A esa hora un sordo rumor anunció la llegada del fenómeno, el que continuó con extraordinaria violencia, hasta sacudir las paredes de los edificios. Segundos más tarde era fácil advertir cómo las molduras, cornisas y aplicaciones, se desprendían de las casas para caer con impresionante estrépito. A la vez se levantaba una polvareda, consecuencia del material arrancado de las construcciones de quincha y tierra. La población sorprendida por el recio temblor, se echó a las calles. En pocos instantes las aceras y calzadas fueron literalmente invadidas por las familias que salían de sus residencias en busca de refugio. Los jardines y avenidas anchas sirvieron de lugar de espera”.

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“El fenómeno sísmico de esta mañana —continuaba El Comercio— es uno de los más intensos que se recuerda en Lima. Ha sido más fuerte que el de marzo de 1904 y que el habido en la noche del 19 de enero de 1931. Por su duración y gravedad puede catalogarse entre los peores que se han registrado. Así pudimos observar que muchas calles ofrecen un aspecto desolador por la gran cantidad de escombros de muchas fincas que habían caído hacia la calzada, algunas de las cuales estaban vigiladas por la policía que desviaba el tráfico por otras calles de las acostumbradas por cuanto era peligroso traficar debido a que quedaban de pie paredes y cornisas colgantes amenazando derrumbarse”. Inmediatamente después del terremoto quedó suspendido el servicio de luz eléctrica y de teléfonos. Con el correr de las horas se fueron reparando y volvieron a funcionar. Diversas familias levantaban carpas en parques y plazuelas porque ya no tenían casa o temían regresar a ella.

Edición extraordinaria

De inmediato se decidió sacar una edición extraordinaria de la tarde formándose rápidamente el cuadro de comisiones y todo el personal de Redacción partió en busca de noticias. Esta segunda edición salió a las 7:00 de la noche. En ella se leía: “Minutos antes de las 4:00 de la tarde, iniciamos un nuevo recorrido por algunos sectores de la ciudad con el objeto de captar impresiones respecto a las consecuencias del fortísimo temblor de la mañana. Nos dirigimos, primero, a los barrios bajopontinos. Al pasar por la Plazuela de San Francisco, acampaba allí mucha gente, en su mayoría mujeres y niños; y, parándose frente a la fachada de la iglesia, la torre de la derecha yacía en tierra”.

Terremoto de Lima y Callao de 1940 se registró un 24 de mayo a las 11:35 de la mañana
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Los templos limeños fueron severamente afectados. Las torres de la Catedral estaban cuarteadas. La iglesia de Santo Domingo, la Basílica del Rosario, las iglesias de San Agustín, la Merced y San Pedro sufrieron graves daños. Igual ocurrió con muchas construcciones de vieja data que estaban por tierra y otras con evidentes daños estructurales. Casas y edificios modernos, mostraban daños menores o estaban en perfecta situación.

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Las noticias de lo ocurrido en el Callao eran alarmantes y dramáticas. El puerto estaba en ruinas. Las informaciones sobre Chorrillos no eran menos angustiantes; se decía que el balneario estaba seriamente afectado con alto número de víctimas personales. Miraflores y Barranco aunque también sufrieron daños, no fueron de gran magnitud. Las caras de muchas personas tenían un rictus de angustia al no saber nada sobre el paradero de alguno de sus familiares.

Muertos y heridos

La primera página de la edición de El Comercio del sábado 25 de mayo era impactante: Un “collage” de fotografías que daban lúgubre testimonio de la tragedia vivida horas antes. La descripción de lo ocurrido en el Callao, estremece: “En un instante el aspecto normal de la ciudad se cambió adquiriendo la fisonomía de la grandes catástrofes en que la vida humana corre el peligro de desaparecer. Cuando pasó el terremoto todas las calles y plazas se vieron invadidas por enorme muchedumbre que clamaba por sus desaparecidos y por haberse quedado en un instante sin hogar. En los primeros momentos de aturdimiento no se pudo apreciar la magnitud de la catástrofe; pero cuando el polvo de los derrumbamientos se fue disipando se pudo ver con horror que casi todas las casas o estaban medio derruidas o resquebrajadas, en forma peligrosa. A los primeros y recios sacudimientos, cayó por tierra de su alto pedestal la estatua de Grau, que se levantaba en el centro de la plaza de su nombre, rompiéndose un brazo”.

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El lacerante relato continuaba: “En las casas de vecindad, callejones, escuelas y centros de acumulación humana, el número de muertos y heridos fue grande. La policía se encargaba de conducirlos a la Asistencia Pública, donde tres médicos, varios practicantes y enfermeras atendían a los heridos, cuyo clamor se escuchaba desde la calle. A la vez los muertos y aquellos que morían en la Asistencia eran rápidamente conducidos a la Morgue, donde hasta el momento que escribimos estas líneas el número de muertos asciende a 100. El número de heridos y contusos pasa de dos mil”.

El terremoto de 1940 tuvo una intensidad de 8.2 en la escala de Richter y puede repetirse, con igual o mayor fuerza, en cualquier momento. Vivimos en una zona altamente sísmica, en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Por eso El Comercio viene llevando adelante la campaña Estemos Listos que salvará muchas vidas. Sigamos con seriedad sus recomendaciones.

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