La aparición del Betamax inauguró un nuevo concepto de consumo televisivo: el espectador tiene el control. (Foto: Sony Corp. REUTERS/Sony Corp./Handout)
La aparición del Betamax inauguró un nuevo concepto de consumo televisivo: el espectador tiene el control. (Foto: Sony Corp. REUTERS/Sony Corp./Handout)
Óscar Bermeo

La cultura audiovisual tuvo un punto de quiebre el 16 de abril de 1975. Aquel día, los directivos de Sony anunciaron el lanzamiento del Betamax, un inusual sistema de reproducción y grabación de video doméstico. El futuro aparecía en forma de una videocasetera modelo LV-1901 integrada a un televisor Trinitron de 19 pulgadas. Cada cinta permitiría grabar hasta 60 minutos de contenido. Si bien su historia posterior no resultaría muy feliz, su lógica de funcionamiento reformularía el consumo audiovisual para siempre.

La aparición del Betamax no estuvo exenta de expectativa. La rápida aceptación y masificación de la cinta grabadora de audio (casete), y el éxito creciente de la TV empujaban a las marcas a buscar un símil en la imagen. Una vez instalado el uso del videocasete U-Matic ( 1971 ) a nivel profesional, era el turno de tocar las puertas de las casas.

El libro Sony: The Company and Its Founders, de Robert Grayson, recuerda que la promoción del novedoso producto estuvo acompañada por un comercial protagonizado por el conde Drácula. Ahí el vampiro le hablaba al televidente, avisándole que ya no iba a perder sus programas favoritos por trabajar de noche. Betamax podía grabarlos.

La nueva creación de Sony no pudo disfrutar mucho del reinado. Apenas un año después, JVC (The Japan Victor Company) entraría al mercado con el VHS (Video Home System), un formato similar que permitía mayor tiempo de grabación (120 minutos), aunque con una calidad de imagen ligeramente menor. En 1979, se sumaría Philips con el Video 2000. La guerra de los formatos tendría algunos capítulos más hasta que una visión empresarial audaz inclinó la balanza hacia el VHS.

Formato de vídeo analógico que vio la luz en 1975 y que pretendía ser una alternativa al clásico casete compacto. Sin embargo, perdió su batalla con el VHS y se encaminó a una agonía lenta hasta su desaparición final.

Photo by SSPL/Getty Images
Formato de vídeo analógico que vio la luz en 1975 y que pretendía ser una alternativa al clásico casete compacto. Sin embargo, perdió su batalla con el VHS y se encaminó a una agonía lenta hasta su desaparición final. Photo by SSPL/Getty Images

JVC tenía claro que la masificación implicaba no poner trabas, aun cuando eso supusiera sacrificar parte de las ganancias. Así, mientras Sony endurecía sus políticas de licenciamiento en pro de regalías, la competencia compartía su formato con varios productores. Para 1984, el VHS ya vendía el triple de unidades que el resto.

“Se podía grabar una película o un programa, y verlo después, en un horario más cómodo para el espectador”, refiere Emilio Bustamante, catedrático universitario y crítico de cine. Estos actos tan cotidianos en la actualidad significaron una revolución cuatro décadas atrás. La audiencia parecía empoderarse y se flexibilizaba la dependencia de los grandes emisores. “Aparecieron las tiendas de alquiler de películas, la piratería y los intercambios de cintas entre aficionados. Surgió el consumo del filme más allá de las salas de cine y la transmisión televisiva”, agrega Bustamante.

Usos y desusos

Distribuir los cartuchos de las películas se volvió un negocio. Los videoclubes (grandes como Blockbuster o los barriales) se volvieron habituales puntos de encuentro. “El coleccionismo y el intercambio se volvió una nueva economía: algo que no existía antes y estaba mucho más cerca de las personas. Se gestó un mercado informal que sacó la vuelta al circuito del copyright. La obra ahora pertenece al mundo y es de uso general”, menciona Raúl Castro, antropólogo y director de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Científica del Sur.

La popularización de estos formatos caseros abrió las posibilidades de intervenir o producir contenidos. La realizadora Marianela Vega se detiene en la dimensión más íntima. “Estos formatos se convirtieron en depósitos de recuerdos familiares. Uno podía grabar con cámaras los eventos familiares, y los transfería al VHS para verlos y compartirlos”, refiere. Los videocasetes formaron parte de la vida cotidiana hasta entrado el siglo XXI, cuando el DVD tomó la posta.

Hace 45 años nació un mercado hoy muy activo: el del consumo audiovisual casero. La accesibilidad y los formatos se siguen reformulando, pero nada hubiera sido posible sin el primer play en aquel Betamax —después se vendió solo— que tenía una casetera pegada a un televisor.

¡Adiós Betamax! Sony anunció su fin para el 2016
¡Adiós Betamax! Sony anunció su fin para el 2016

La evolución de un formato

  • De museo: Del Betamax quedan escasos remanentes. El último modelo apareció en 1990.
  • Las últimas cintas: En 2015, cuando ya era una pieza de colección, Sony dejó de fabricar las cintas y decretó su salida definitiva.
  • VHS Y DVD: El reinado del VHS duró hasta entrado el siglo XXI. Luego, tomó la posta el DVD.


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