Miguel Pita: "El término raza está en desuso en la comunidad científica casi de forma generalizada, excepto para los animales domésticos" (Foto: El Comercio / Jorge Paredes Laos)
Miguel Pita: "El término raza está en desuso en la comunidad científica casi de forma generalizada, excepto para los animales domésticos" (Foto: El Comercio / Jorge Paredes Laos)
Diana Gonzales Obando

Pensarnos superiores a los demás no tiene fundamento genético. Es la métrica más básica y simple. Para el genetista español Miguel Pita, buscar las diferencias entre las personas en lugar de lo que nos hace semejantes es tener una visión sesgada del mundo.

Hoy, gracias al desarrollo científico, sabemos que el material genético de toda la humanidad es casi el mismo y que nos diferencia muchísimo menos del 1 %. Sabemos también que provenimos de África y que tenemos antepasados comunes; por lo tanto, hablar de esencialismos y nacionalismos es, como mínimo, absurdo. Para la biología, sostiene Pita, lo que nos define como especie es que nos podemos reproducir los unos con los otros, sin importar el origen ni el color. “Siempre digo que la genética, además de ayudarnos con el conocimiento y la superación de enfermedades, es, desde luego, la mejor vacuna contra el racismo”.

¿Por qué el término raza está asociado al color de la piel?

El término raza está en desuso en la comunidad científica casi de forma generalizada, excepto para los animales domésticos, pero —desde luego— está desterrado para referirnos a nuestra especie y a muchas otras, porque es una definición débil. Es decir, que el término raza esté asociado al color de piel nos demuestra que no vale para nada porque la variabilidad dentro de una especie no se refleja en un rasgo tan simple como la piel. Por ejemplo, dos personas con un color de piel muy distinto pueden ser genéticamente mucho más parecidas que dos personas con el mismo color de piel. Usar el color de la piel —que nos entra por los ojos— es una debilidad que tenemos como humanos al interpretar todo de forma simple y directa, sin rigor ni validez. Es absolutamente obsoleto.

Y de esta interpretación deviene el racismo...

Está relacionado con el racismo porque también es una forma simple de ver la vida, sin fundamento. A lo largo de la historia se han cometido errores como simplificar y pensar que las personas, por tener un color de piel distinto, son realmente diferentes. Hoy sabemos y tenemos herramientas para ahondar en el conocimiento de los individuos, y llegar a conocer cuál es la composición de su material genético. Esto es mirar en lo más profundo que se puede mirar: es lo más parecido a ver en su alma. Y descubrimos que el racismo no tiene sentido.

Los individuos de cierta realidad geográfica tienen características físicas similares entre sí. ¿A qué se deben estas coincidencias?

Dentro de la especie humana hay variabilidad, que se entiende como pequeñas adaptaciones a climas concretos. Entonces, hay rasgos externos que nos sirven para relacionarnos con el entorno, pero por dentro todos somos profundamente parecidos. Es decir, las diferencias genéticas entre los individuos son menores al 1 % y, dentro de ese 1 %, solo un 10 % es lo que se puede explicar como las diferencias que tradicionalmente se llamaban razas. Al final, simplemente, son diferencias descartables. Lo que sucede es que son llamativas porque están en nuestro exterior, pero, si mirásemos el cerebro, los pulmones o el corazón de un individuo de África, América, Europa o Asia, serían completamente indistinguibles.

En un momento, la ciencia se desarrolló bajo la óptica racista. ¿Cuánto daño causó?

Hablar de las razas dentro de nuestra especie, entre los siglos XVII y XIX, se contempló mucho, y es una debilidad no solo de la ciencia sino del cerebro humano por comprender las cosas. Tendemos a fijarnos más en lo que nos diferencia que en lo que nos asemeja, pero es un sesgo normal de nuestra forma de interpretar el mundo. Partimos de una necesidad de sentirnos diferentes y especiales: primero, de forma individual y, después, colectiva. A nadie le gusta que le digan que su existencia es tan vulgar como puede ser la de un pájaro, una serpiente o una planta. Creemos que nuestra familia es mejor que la de al lado, que nuestros hijos son más listos, que la gente de nuestro país es mejor que la de otro. Pero es absolutamente infundado.

“Un día en la vida de un virus”

El genetista español Miguel Pita publicó "Un día en la vida de un virus" (Periférica, 2020), un recorrido que imagina y describe el proceso de contagio de un virus. Se puede comprar online.
El genetista español Miguel Pita publicó "Un día en la vida de un virus" (Periférica, 2020), un recorrido que imagina y describe el proceso de contagio de un virus. Se puede comprar online.

Ingresando a su libro Un día en la vida de un virus, aquí recrea el camino que sigue un virus ficticio que nace de un gorila (Zero) y que contagia a un humano. Es una explicación didáctica de lo que es un virus. ¿En algún momento se ha hablado tanto de un virus como ahora?

No, ahora es un momento fascinante como dramático, pero sorprendente porque nos ha obligado a girar la vista en una dirección que no mirábamos nunca como sociedad, a que la humanidad pare, piense y se de cuenta de dónde está y de las cosas que pasan. Tenemos una memoria muy corta, una sensación tremenda de ser un mundo sofisticado e indestructible y de repente llega un pequeño ente que ni siquiera es un ser vivo y paraliza esta sociedad. Nunca nadie se había molestado en comprender lo que es un virus. La mayoría de la gente confundía virus con bacteria. Ahora, la gente no solo conoce lo que es un virus sino que quiere leer más y hablan con naturalidad de tratamientos, vacunas o de inmunoglobulina G.

En el libro se menciona y explica el concepto de ‘memoria inmunológica’ que parece ser clave para entender el funcionamiento del coronavirus y por qué se volvió una pandemia. ¿Puede compartir en qué consiste?

Algo que es importante comprender con respecto a esta pandemia es que es nueva, es una enfermedad que no había llegado nunca a nuestra especie. Eso se traduce en varias cosas que estamos viendo: en la dificultad para obtener medicamentos y en el gran reto que supone obtener la vacuna porque partimos de cero. En muy poco tiempo hay que estudiar un proceso desconocido y la ciencia es un proceso cauteloso, le estamos pidiendo que se de prisa, lo cual es una contradicción en sí misma porque los resultados científicos, para ser rigurosos, tienen que ser revisados una vez tras otra.

Pero es un reto y se traduce en otra cosa que no es social sino fisiológica: no tenemos en nuestro cuerpo ningún tipo de conocimiento sobre esta enfermedad. Nuestras defensas están completamente ciegas. Por ejemplo, la gripe es un virus que va mutando, pero todos la hemos tenido alguna vez de tal manera que cuando llega a nuestro cuerpo nuestras defensas buscan en su archivo y no encuentran el retrato robot de la gripe, pero encuentran a otros parecidos y puede defenderse. Sin embargo, cuando entra el coronavirus nuestro servicio de defensa lo deja pasar y pierde tiempo en identificarlo como grave. No tenemos ningún tipo de información ni científica ni en nuestro cuerpo.

Usa como ejemplo la transmisión desde un gorila. Respecto al coronavirus, su origen se vincula a los murciélagos que, incluso, sufrieron ataques y comenzaron a ser temidos. ¿Pueden contagiarnos los primates o los murciélagos?

Es muy difícil trazar el recorrido de un virus, desde qué especie salta a otra. Es cierto que desde especies como los primates pueden saltarnos perfectamente si no tomamos las medidas adecuadas, nos los comiéramos o si su sangre entrase en contacto con la nuestra. Cuando un virus pasa de una especie a otra nunca se sabe cómo de mal ––o de bien–– le va a sentar a la especie, puede que cause un problema terrible o nada. Pueden haber saltado cientos de virus desde primates y que solo uno haya sido muy grave, es una lotería. La mayoría de los que llegan desde la especie originaria no van a ser capaces de infectar nuestras células y van a morir en el intento. El coronavirus no ha llegado directamente desde los murciélagos, hay una especie intermediaria que está por confirmarse cuál es, es un gravísimo error atacar a los murciélagos porque juegan un papel importante en el ecosistema.

¿En qué consiste la mutación de un virus?

Los virus mutan porque el material genético muta. La vida de un virus consiste en entrar en alguna de nuestras células y copiarse miles de veces. Al copiarse comete errores y produce mutaciones. Un lunar nuevo en la piel es una célula que ha mutado, por ejemplo. Según vamos envejeciendo las células se copian más despacio, peor y van mutando y arrancan enfermedades como el cáncer. El virus entra en la célula y cuando estamos enfermos el virus saca millones de copias en esos cinco días que nos encontramos fatal y es probable que tenga muchas mutaciones.


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