"Funeral Blues", de Auden: breve historia de una traducción
"Funeral Blues", de Auden: breve historia de una traducción
Jerónimo Pimentel

Este es el poema:

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come. 

Let aeroplanes circle moaning overhead 
Scribbling on the sky the message He is Dead, 
Put crêpe bows round the white necks of the public doves, 
Let the traffic policemen wear black cotton gloves. 

He was my North, my South, my East and West, 
My working week and my Sunday rest, 
My noon, my midnight, my talk, my song; 
I thought that love would last for ever: I was wrong. 

The stars are not wanted now: put out every one; 
Pack up the moon and dismantle the sun; 
Pour away the ocean and sweep up the wood; 
For nothing now can ever come to any good.

Lo conocí como la mayoría, por la película "Cuatro bodas y un funeral". Gareth ha muerto y cuando a Matthew, su pareja, le corresponde decir las palabras en el velorio —una costumbre anglosajona—, él opta por leer “Funeral Blues”, de W. H. Auden. Recuerdo, en dicho momento, haber sentido una leve inquietud que entorpeció el quiebre lacrimógeno al que la película induce en su carrusel emocional. Lo que escuchaba era claramente superior a lo que leía en letras amarillas. Lo que sonaba, además de palabras, tenía música. No es posible culpar al responsable del subtitulado por ello (¿Palmera Record?), como sería evidente luego. En ese momento no pude retener el nombre del poeta y, en un mundo sin Internet, aquello se convirtió en una invitación al olvido.
     Casi diez años después me reencontré con el cuarteto. Se encontraba en "Otro tiempo", una bella edición de la poesía de Auden publicada por Pre-Textos. Me había enamorado, poco antes, de la nostalgia que discurre del póstumo “Gracias, niebla”, por lo que me hice del volumen apenas reuní los 73 soles que, según el lápiz de la última página, costó el libro. En la sección llamada “Poemas menores” se lee un apartado titulado “Cuatro canciones de cabaret para Hedli Anderson”, que contiene a su vez el poema “Blues fúnebre”. La traducción de Álvaro García es literal y castiza, lo que obliga a perder la rima y, por ende, el carácter musical de la composición. “Parad vuestros relojes, descolgad el teléfono”, traduce, para continuar “dadle al perro un buen hueso para evitar que ladre…”. No se debe culpar a García de mi decepción, matizada, claro, porque el tomo era bilingüe. Había una oportunidad.
     El origen del poema ayuda a desvelar cuán importante es respetar, esta vez, la eufonía. Auden lo pensó como parte de la obra que coescribió con Christopher Isherwood, "El ascenso de F6", una sátira política que se montó en Inglaterra en 1937. Y, en efecto, lo hizo con la intención de que el texto sea cantado por la actriz inglesa Hedli Anderson. Hay algunas diferencias, sin embargo, entre los versos que se recitaron en el Mercury Theater y los que llegarían al écran 50 años después. En su concepción el poema era burlesco y tenía como fin el cabaret, por lo que no era una elegía en regla, como lo es ahora; además, el poeta eliminó una de las cinco estrofas y reescribió otras dos antes de publicarlo en su forma definitiva (1940).
     A fines de los noventa ya existía Internet y, acaso, más interés en entender cómo un poema que no es precisamente complejo ni polisémico podía comunicar tanto, afectar tanto y, a su vez, resistirse de una manera tan obstinada al español. Quizá su procedencia menor, el contexto de café-teatro y la sencillez de la rima [1] lograron que su espectro trascienda al del lector poético y alcance al gran auditorio [2]. 
     A este punto es obvio mencionar que no hallé traducción plausible, al menos para la sensibilidad del español peruano. En varios blogs se encuentran distintos ensayos de muchas formas fallidos: por apego, rimbombancia o por simple falta de prolijidad. Es probable que esta traducción peque de esos mismos defectos, pero nunca se debe olvidar lo que decía Borges sobre las causas perdidas. Es en este lugar en el que corresponde una digresión que lleve al famoso dilema traductor-traidor, a manera de excusa, pero es preferible presentar de una vez el resultado con ciertas advertencias finales: se trata de una versión libre, la búsqueda de la sonoridad ha obligado a tomar licencias y, por supuesto, da o debería dar pena.

Paren los relojes, corten el teléfono,
Un buen hueso impedirá que ladre el perro.
Silencien los pianos y, mientras retumba un sordo tambor,
Saquen el féretro y dejen salir el dolor.

Que los aviones den vueltas alrededor nuestro
Garabateando en el cielo “Él ha muerto”.
Vistan con negros crespones a las palomas blancas,
Que los policías usen guantes de algodón negro sin falta.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana de trabajo y mi domingo sin gente.
Mi día, mi noche, mi conversación, mi canción;
Pensé que el amor duraría por siempre: ahora sé que no.

No necesitamos estrellas: retírenlas una a una;
Desmantelen el sol y empaquen la luna.
Talen los bosques y vacíen los mares,
Porque a partir de hoy solo habrá pesares.

[1] AABBCCDDEEFFGGHH. 
[2] Recuerda, en ese sentido, al Juan Gonzalo Rose de “Marisel” o “Geometría”.