La protesta ciudadana convocó a miles de personas en torno a cuidar aquello que en el Perú suele ser endeble: la democracia y el bien común (Foto: EFE)
La protesta ciudadana convocó a miles de personas en torno a cuidar aquello que en el Perú suele ser endeble: la democracia y el bien común (Foto: EFE)
Dennis Chávez de Paz

Colaborador. Docente de la UNMSM

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Los jóvenes entienden la democracia como un sistema de igualdad de oportunidades y libertad; pero, en las condiciones actuales la experiencia de la pandemia ha dado lugar a que estos valores y la promesa del desarrollo se conviertan en una ilusión. Cuando están en riesgo los avances logrados, en un país, como el Perú, donde la mayoría de población vive en una situación de pobreza y pobreza extrema, los jóvenes se movilizan e intensifican sus protestas; pues descubren que el mundo de la vida puede ser bastante angosto y cuesta arriba para ellos.

Las movilizaciones juveniles ocurridas en el Perú en los últimos años se han venido expresando contra las decisiones de los que controlan el poder político, sobre todo en el Congreso de la República. Estas decisiones consideradas arbitrarias y acordes a los intereses partidarios o personales, afectando al Estado de Derecho y al sistema democrático, dieron lugar a que en la semana del 10 al 14 de noviembre de este año, se intensifiquen las protestas de los jóvenes, tanto en Lima como en las principales ciudades del país, contra la decisión del Congreso de vacar al Presidente de la República Martín Vizcarra y la toma de posición en dicho cargo por el presidente de ese poder del Estado, Manuel Merino. El saldo trágico, fue de dos jóvenes muertos, muchos heridos y denuncias de desaparecidos. Esta situación, deja ver, como siempre ha ocurrido, que la crítica y los cuestionamientos no son, ni serán, tan fácilmente aceptados por quienes de manera antidemocrática controlan el poder.

El desafío al riesgo

Los jóvenes que decidieron participar en las marchas de protesta, vieron cómo se fue intensificando la prepotencia policial y, a sabiendas que corrían el riesgo de ser muertos, heridos o apresados, optaron por continuar movilizándose. El desafío al riesgo, forma parte de la cultura peruana, en particular si la sobrevivencia está en juego. Esto se ha podido observar en la desobediencia a las órdenes del gobierno de permanecer en cuarentena, para evitar el contagio del Covid19. En una economía donde amplios sectores de la fuerza laboral viven del trabajo informal y del día a día, no tienen más alternativa que arriesgarse al contagio porque las necesidades perentorias de la vida cotidiana no esperan.

El liderazgo del talento

Las marchas de los jóvenes no tienen personajes visibles que los lideren o dirijan, siguen ideas que los articulan en formas de organizarse y participar en las movilizaciones. Estas ideas se difunden por las redes sociales y continúan circulando hasta que alcanzan aceptabilidad y consenso. Estas referidas a la fecha y hora de la marcha, lugares de concentración y zonas de realización, tanto en Lima como simultáneamente en las demás ciudades del país. Las ideas que circulan probablemente también estén referidas a la evaluacion del impacto de las manifestaciones y el avance en el logro de sus objetivos. Sentirse parte de la red, tanto en su gestación como en las acciones que se determinan, es la dinámica de estos jóvenes. Hasta ahora sus movilizaciones, con los costos que han significado de muertos, heridos y presos, han logrado sus objetivos. Esta última marcha ha conseguido hacer dimitir al gobierno de Manuel Merino, ex presidente del Congreso, que sólo estuvo cinco días como presidente de la República, luego que fuera vacado en este cargo Martín Vizcarra.

Un hecho distinguible, ha sido la creatividad de los jóvenes es su participación en las marchas. El grueso de los manifestantes sólo marchaban, pero hubo algunos que específicamente se ocuparon de los primeros auxilios identificándose con el símbolo de la cruz roja; otros se encargaron de desactivar las bombas lacrimógenas. También hubo quienes anotaban a los heridos y detenidos para informar a la prensa y familiares. Inundaron las redes con videos dando la información precisa en tiempo real. Estos jóvenes, muchos de los cuales son nativos digitales con experiencia muy distinta a las generaciones anteriores y que son el futuro del país, luchan, exponen su vida y su libertad, para vivir en una mejor sociedad, expresando su derecho a ser escuchados.

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