Música
Música
Gonzalo Tello

Para nadie debería ser una novedad saber que la música tiene efectos saludables sobre el cuerpo humano. Nos permite despejar tensiones, canalizar diversos tipos de sensaciones así como entrar en armonía con uno mismo. Es decir, nos lleva por un sinfín de emociones y, de acuerdo a la experiencia de cada uno, nos hace disfrutar y soportar los vaivenes de la vida.

Sin embargo, muchas veces estas conclusiones llegan por aprendizaje o experiencia, mas no necesariamente por estudios específicos realizados, no solo para saber cuán beneficiosa es la música en el comportamiento y desarrollo de las personas, sino también desde un punto de vista clínico, en el tratamiento de enfermedades y en cómo podríamos aplicarla para la prevención de algunas patologías.

En este sentido, por ejemplo, es recomendada la inducción musical durante la gestación —un método muy popular— ya que el feto percibe estos sonidos de manera positiva e incentiva su relación con el mundo y con sus padres, antes de nacer. Durante los primeros años, estimular a los niños con música es también beneficioso, pues esta etapa es la más importante en su desarrollo, y resulta beneficioso para su futuro. La enseñanza de algún instrumento a temprana edad permite una mayor dedicación, concentración y perspectiva, que será útil en su vida escolar y posteriormente. El “Efecto Mozart” es un recurso muy conocido y consiste en exponer a los niños a la música del famoso compositor austríaco, pues se logra un estado anímico armonioso.

La música compuesta por Mozart es usada durante el proceso de gestación para crear vínculos más afectivos entre los padres y los que están por nacer.
La música compuesta por Mozart es usada durante el proceso de gestación para crear vínculos más afectivos entre los padres y los que están por nacer.

—Sound Health—
Sin embargo, los estudios sobre cómo la música beneficia clínicamente a las personas es un tema en constante investigación y desarrollo.

Hace algunos años, entrevisté a la famosa soprano estadounidense Renée Fleming, quien me comentó que uno de sus más ambiciosos proyectos era trabajar de la mano del Kennedy Center, uno de los centros culturales más importantes de Estados Unidos, y del Instituto Nacional de Salud (NIH) en un proyecto llamado “Sound Health”, para aplicar la música en tratamientos médicos, ya que el foco principal de la investigación era cómo el sonido impactaba en el cerebro y la salud.

Los principales objetivos de esta investigación eran: expandir el conocimiento y la comprensión actuales sobre cómo escuchar, tocar o crear música implica intrincados circuitos en el cerebro que podrían ser aprovechados para aplicaciones de salud y bienestar en la vida diaria; explorar formas de mejorar el potencial de la música como terapia para trastornos neurológicos; identificar oportunidades futuras para la investigación; y crear conciencia pública sobre cómo funciona el cerebro e interactúa con la música. Este último punto es muy importante, ya que esta investigación tiene como finalidad dar las herramientas a los gobiernos para que consideren mantener las materias musicales en los centros educativos, como un recurso importante que no debería menospreciarse ni darse por descontado.

—La música con fines terapéuticos—
Este proyecto que involucra a decenas de médicos y músicos, entre compositores e intérpretes de variados géneros convocados por Renée Fleming, lleva ya dos años de investigaciones. Una de ellas fue un experimento neurocientífico que consistió en escanear el cerebro de Fleming mientras ella cantaba, lo cual mostraba qué partes del cerebro eran estimuladas. En ese caso, se comprobó que la música y la palabra estaban interconectadas, por lo que las zonas que implican estas acciones coinciden en su ubicación. También se demostró que la música se refleja en diversos lugares del cerebro, lo que puede servir para crear tratamientos que puedan ayudar a pacientes que han sufrido diversos traumatismos o daños causados por accidentes o enfermedades específicas.

Renée Fleming
Renée Fleming

(Este) es un momento emocionante en la Neurociencia, pues comenzamos a entender cómo el cerebro interactúa con su entorno, y la música y el sonido forman parte importante de este. Estamos aprendiendo cómo la música puede influenciar toda clase de aspectos de la función cerebral, y cómo utilizar esta información para aplicarla terapéuticamente como un arma poderosa. Esta iniciativa quiere acercar a comunidades que no necesariamente se han vinculado o se conocen muy bien aún, como los neurocientíficos, compositores, músicos, y cantantes de diferentes estilos”, dice el doctor Francis Collins, director del NIH, a través del canal de YouTube del Instituto, el cual está lleno de información con los diferentes ámbitos del proyecto.

Esta ambiciosa iniciativa quizá no pueda ser replicada en otros países, debido a sus altos costos y las políticas de cada estado; sin embargo, el NIH tiene una plataforma enorme que permite compartir estos conocimientos y sus resultados. De esta manera, estos resultados pueden ser difundidos ampliamente y pueden aplicarse tanto en métodos terapéuticos como de difusión. El objetivo, finalmente, será común: mejorar la vida de las personas a través de la música.