Krzysztof Kieślowski por Víctor Aguilar
Krzysztof Kieślowski por Víctor Aguilar
Katherine Subirana Abanto

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Azul. Rojo. Blanco. Estas tres palabras, para todo cinéfilo medianamente entrenado, evocan un paisaje cinematográfico que roza la perfección, pues, si bien son los colores de la bandera francesa, también son los nombres de la emblemática trilogía que el cineasta polaco Krzysztof Kieślowski creó a inicios de la década de 1990. Sería, también, la última que dirigiría.

Aunque tras presentar el final de la trilogía, en 1994, había anunciado que no haría más películas, ya que no sentía que podía añadir algo a lo que ya había expresado en sus filmes, los cinéfilos del mundo esperaban que, eventualmente, se retractara. La posibilidad se truncó a causa de un infarto al miocardio que acabó con su vida el 13 de marzo de 1996. De una manera triste, el maestro cumplió su palabra.

Cine de autor

Krzysztof Kieślowski nació el 27 de junio de 1947 en Varsovia, Polonia, al interior de una familia de escasos recursos. Estudió en la Escuela de Cine y Teatro de Łódź e inició su carrera haciendo documentales. Entonces, y por muchos años, Kieślowski defendía que el único cine válido era el documental, y que el rol del artista era demostrar la brecha entre la imagen propagandística que exhibía el régimen comunista polaco y la realidad cotidiana.

Joanna Bardzinska, doctora en Comunicación Audiovisual por la UCM, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Varsovia y coordinadora del libro La doble vida de Krzysztof Kieślowski (2015), dice respecto del cineasta que “es un documentalista que retrata la realidad de la Polonia comunista en sus primeras películas, y la realidad de los sentimientos y de los seres humanos en las últimas”. Sin embaro, el director polaco dejó pronto su carrera de documentalista. En realidad, exponer a quienes participaban en sus trabajos le planteaba una serie de dilemas éticos.

En una entrevista, el cineasta refirió: “el mundo real es muy interesante, pero no está permitido hablar de la realidad. Esa es la razón por la que dejé el documental”. Bardzinska, por ello, no habla del paso de Kieślowski hacia la ficción como una evolución, sino más bien como una huida. Y, como producto de este escape, el cine ganó una decena de películas en las que el ser humano se enfrenta a dilemas éticos y a sus sentimientos más profundos.

Kieślowski, por su parte, ganó casi todos los premios de la industria cinematográfica en la década de 1990: el Oso de Plata de Berlín a mejor director (1994), el Premio Especial del Jurado en San Sebastián (1988), el León de Oro de Venecia (1993), entre los más importantes.

¿Dónde verlo? La plataforma de cine independiente Mubi, disponible para Latinoamérica, tiene en su catálogo media docena de películas de Krzysztof Kieślowski: Sin fin ( 1985 ), No amarás ( 1988 ), No matarás ( 1988 ), La doble vida de Verónica ( 1991 ), Azul ( 1993 ), Rojo ( 1994 ), Blanco ( 1994 ).

Pero no se puede olvidar el impecable y complejo tratamiento que les da a las historias que componen su famosísimo Decálogo, una serie de diez episodios basada en los diez mandamientos bíblicos. En estas películas, Kieślowski enfrenta al ser humano con su creador en situaciones cotidianas en las que la moral y la ética son cuestionadas de manera inteligente y profunda.

El realizador polaco no se consideraba un creyente —alguna vez, en una entrevista, contestó: “Yo no creo en Dios, pero mantengo una buena relación con él”—, por lo que su objetivo en esta serie era hablarle con sinceridad a cada ser humano. Por eso, acercarse a su deslumbrante filmografía es una forma de entablar una conversación de la que nadie puede salir indemne.