Foto: Ana González
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Jorge Paredes Laos

Viene por primera vez al Perú para presentarse en dos actividades del , en Arequipa. En su último libro “Contra la igualdad de oportunidades”, el filósofo y sociólogo César Rendueles cuestiona el discurso y la práctica de la meritocracia, pues afirma que es una coartada que, en el fondo, solo sirve para justificar la creciente desigualdad existente en la sociedad contemporánea, tanto en los llamados países ricos como en los emergentes y en los más pobres. En esta entrevista, Rendueles ahonda en el tema del igualitarismo profundo y explica cómo este ha marcado el devenir y el desarrollo humano desde tiempos primitivos.


—En el libro afirmas que la imposición del capitalismo tardío ha acentuado la desigualdad y se han generado expectativas de meritocracia que generan frustración y angustia. ¿Cómo explicas esta situación?

Lo que planteo es la crítica de una visión de la igualdad muy reducida que prevalece en los medios de comunicación, pero también en la universidad y en distintos partidos políticos, y es eso que se llama igualdad de oportunidades. Algo que suena bien y es incluso reivindicado en muchos ámbitos, pero cuando esa es la única forma de igualdad disponible dentro de nuestro catálogo político y moral, pues nos ofrece una visión limitada de la sociedad y muy vinculada con el aumento de la desigualdad en todo el mundo, algo que se produce en los últimos 30 años… Con el modelo de las oportunidades creas una especie de control ‘antidoping’, y planteas que deberíamos igualar el punto de partida de todos a través de herramientas educativas, pero luego la recompensa que cada individuo obtiene no debería tener ningún límite, pues si el punto de partida ha sido igual, esas recompensas, por muy desiguales que sean, serán legítimas. En el fondo, ese modelo se convierte en un programa meritocrático que sirve para justificar las desigualdades existentes antes que para cuestionarlas.


—También planteas que, tras la Segunda Guerra Mundial, se generó una búsqueda del igualitarismo con los estados de bienestar, pero que esto cambió radicalmente tras la caída del muro de Berlín.

Sí, realmente después de la Segunda Guerra Mundial se produce en todo el mundo una disminución de la desigualdad que no tiene parangón en la historia del capitalismo. Esto se da tanto en gobiernos de izquierdas como de derechas. Entonces, los ideales igualitaristas se volvieron hegemónicos y formaron parte del sentido común de la época. Todavía en los años 70, países con gobiernos conservadores tenían impuestos superiores a las rentas más altas. Hoy eso sería una especie de utopía bolchevique. Esto cambió, efectivamente, a medida que eso que llamamos ‘neoliberalismo’ empezó a desarrollarse, y el resultado fue una explosión de la desigualdad. Desde los años 80 hasta hoy la desigualdad ha aumentado muchísimo prácticamente en todos los países.


—Contra la creencia común de que nuestra especie es muy competitiva y jerárquica, afirmas que la igualdad está en el ADN humano y nos ha permitido trascender.

Si la normalidad de la humanidad se midiera en términos temporales, es decir, en aquellas formas de sociedad en la que hemos vivido más tiempo, pues el 90 % de nuestra historia la hemos vivido en grupos muy igualitarios. No podía ser de otra forma porque la desigualdad era incompatible con la subsistencia colectiva. Eso empieza a cambiar tal vez hace unos diez mil años que, en términos antropológicos, son apenas un suspiro en la historia de nuestra especie… Tampoco quiero restar importancia a esa pulsión competitiva, pero no está de más recordar que somos seres duales: somos capaces de imponernos a los demás y mandar, pero también necesitamos sentirnos iguales. Y eso se demuestra porque de hecho la desigualdad nos genera ansiedad, malestar y hace que la gente sufra. Yo creo que tiene que ver con ese hecho natural fundamental y es que somos animales profundamente igualitaristas.


—¿Cómo se demuestra esto estadísticamente?

Hay un hecho que ocurre en España y no sé si pasa en otros países, pero cuando se pregunta a la gente a qué clase social cree que pertenece, la mayor parte de ella, incluso la más pobre, responde que se ve a sí misma como de clase media. Eso nos llama siempre la atención. Pero, fíjate, que la gente de clase alta también dice ser de clase media. A nadie le gusta estar por debajo de nadie, pero tampoco nos sentimos muy cómodos estando por encima de los demás.


—¿No crees que la igualdad llega con la modernidad y la democracia?

Por supuesto, obviamente los procesos de democratización de la modernidad están vinculados a proyectos igualitaristas profundos, radicales y expansivos que empiezan con una exigencia de igualdad de trato ante la ley. Una vez que se echa a rodar este ideal igualitarista solo puede ser detenido cuestionando el desarrollo mismo de la democracia, y eso es lo que ha ocurrido. Los críticos del igualitarismo en el fondo lo que cuestionan es la profundización de la democracia. Ellos no se fían de la democracia, y creen que hay gente que tiene superiores méritos, superiores talentos, por lo que deben tener más poder, más dinero, más prestigio que los demás.


—¿Entonces la igualdad no es un punto de partida, sino un resultado final?

Realmente, el proyecto igualitarista apunta a una intervención constante a lo largo de nuestras vidas para que todo el mundo disponga de lo necesario para tener una existencia plena, y eso es intervenir sobre el punto final para asegurarnos de que el resultado de las competiciones que hay en nuestra vida cotidiana no dé lugar a desigualdades incompatibles. Y eso es algo que hacemos intuitivamente al interior de las familias con nuestros hijos. Los estamos modulando permanentemente para que no se sientan más ni menos que los otros. Felicitamos a uno porque es buen deportista y también a otro porque es bueno en música, y eso mismo hacemos con nuestros círculos de afinidad, con nuestros amigos. Es algo que hemos heredado de sociedades pasadas e intentamos que nadie se sienta menos ni más que otro.

Además…

-César Rendueles se presentará en el Hay Festival de Arequipa el sábado 5 y el domingo 6 de noviembre.

-El libro "Contra la igualdad de oportunidades” ( 2020 ) explora la evolución de la igualdad en distintos contextos sociales, políticos y culturales.

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