Alessandra Miyagi

Marco Mühletaler (Lima, 1984) es director y productor teatral, y director adjunto del Centro Cultural de la PUCP, institución que esta noche clausura la tercera edición del Festival de la Palabra. El 29 de octubre, Mühletaler estrenará una nueva obra de teatro, protagonizada por y Óscar Meza. “Almacenados”, una comedia negra del dramaturgo español David Desola, irá hasta el 12 de diciembre, a las 20:00 en el . Hasta el 27 de octubre habrá preventa de entradas en la boletería del teatro y en Teleticket, a S/ 35,00.

Cuéntanos un poco sobre “Almacenados”, ¿qué te atrajo de ella?, ¿este montaje será una adaptación?
No, no he tocado el texto porque no lo necesita, está perfecto así. Por supuesto, como es una obra española, lo único que he hecho ha sido adaptar algunas palabras al castellano que usamos acá. Pero por lo demás, el libreto está tal cual.

“Almacenados” es una comedia, pero ácida; es una comedia con golpe. Es una crítica a la manera en que asumimos nuestro rol en el trabajo; pero va más allá del ámbito laboral, critica cómo asumimos las funciones que nos imponen en la vida solo porque es lo que se supone que tenemos que hacer. Y esto es totalmente absurdo. Aquí, la comedia no surge del tortazo, sino del absurdo.

Alberto Isola es uno de tus maestros. Cuando recién empezabas tu carrera, trabajaste como asistente de dirección en las obras que él presentaba. ¿Cómo es dirigirlo a él ahora?

Es un placer, es un honor dirigirlo. Al principio, me moría de miedo, claro [risas], pero es muy interesante trabajar con él. Es un actor muy inteligente, que te reta como director. Por ejemplo, hace unas semanas estábamos conversando y me dijo “Toma, escucha esto”, y me regaló tres discos de Steve Reich. Lo escuché e inmediatamente me dije “Esta es la música de la obra”. Es un actor muy generoso que comparte y propone cosas… Además, es muy interesante ver cómo va construyendo los personajes, tiene muchos recursos. Yo estoy aprendiendo mucho con él. Pero, por otro lado, Alberto también aprende, está abierto a escuchar y está constantemente buscando nuevas formas.

Has trabajado en obras muy variadas, desde infantiles, hasta dramas experimentales como “Criadero” de Mariana de Althaus. Y el año pasado y el anterior volviste al teatro para chicos, pero esta vez con musicales. ¿Por qué?
Sí, esta fue una propuesta loca que me hizo Vania Masías. Al principio, la idea no me gustó porque pensé “’La Cenicienta’ y ‘Blanca Nieves’ se han presentado miles de veces, de mil maneras diferentes, qué tengo yo para aportar”. Pero después me dijo que quería llevar la obra a Lima, Trujillo, Arequipa y al Callao en funciones gratuitas. Eso me pareció muy interesante porque la idea consistía en llevar el teatro a la gente, permitir que muchos pudieran ver una función por primera vez. Entonces, nos sentamos a crear, porque no queríamos montar la misma obra de Disney que todos conocemos. Así que convocamos actores de teatro que pudieran dar profundidad a los personajes, que puedan darle un sentido a la historia. Y ellos lograron que, de pronto, una historia que hemos escuchado hasta el hartazgo, deje de ser una historia cualquiera. Entonces, eso se convirtió en una propuesta totalmente distinta. Blanca Nieves, por ejemplo, tenía una fuerza especial, era una mujer empoderada, no la clásica princesita tonta a la que le pasan cosas malas… ¡Se convirtió en una antiprincesa! Luego hicimos “Cenicienta”. Y ni Vania ni yo queríamos a una clásica Cenicienta rubiecita, delicadita… No, queríamos una mujer peruana con fuerza, que no le debe nada a nadie, que no le teme a nada, que se enfrenta a su destino. Así que Melania Urbina interpretó a Cenicienta.

Esto me encantó de estos proyectos, que pudimos llevar un mensaje potente a cinco mil personas por función, en espacios abiertos y en funciones gratuitas.


(Foto: Dante Piaggio)

El director Marco Mühletaler estrenará este sábado 29 de octubre la obra

Hace unos meses, Mariana de Althaus escribió un texto para la Fundación BBVA donde contó que amenazaste de muerte al médico que atendió a Lita Baluarte cuando ella se accidentó en los ensayos…
[Risas] ¡No sabía que Mariana había contado eso! Bueno, sí, lo que pasa es que yo estaba como productor de “Criadero”, y en uno de los ensayos previos al estreno, Lita saltó, cayó mal y se rompió el pie. Y bueno, amenacé al médico porque la estaba engañado. No necesitaba operarse; se había roto el pie, tenía que enyesarse, descansar y todo eso, pero de ahí a operarse… Además, ese doctor le había dado a Lita la tarjeta de presentación de su clínica privada, o sea, para que se opere allí y no en la clínica donde hizo la consulta. Entonces lo llamé y lo amenacé con denunciarlo [risas]. Luego pedí una cita con otro médico de la misma clínica, fuimos con Jorge [Carmona], esposo de Lita, y él grabó la cita [risas]. Y ese video lo pasamos en la obra, con Lita en silla de ruedas, porque no podíamos parar. Porque “Criadero” ya no era una obra más de teatro, se había convertido en una lucha por sacar adelante un proyecto que queríamos muchísimo y al cual le teníamos mucha fe.

¿Qué faceta disfrutas más, la de productor o director?
Son dos placeres distintos, dos tensiones distintas, y dos exigencias diferentes. Creo que producir también es una función artística, no se limita a revisar exceles, sino que el productor se asegura de crear junto al director las condiciones para que la obra pueda salir adelante. Porque lejos de la mirada tradicional, lo que hace el director también es propiciar las condiciones adecuadas, y dar el suelo a los actores para que creen el mundo que él les está invitando a crear. El director no es un dictador de la creatividad, todo lo contrario, tiene que escuchar; y también tiene que saber morir. Para mí, el director tiene que morirse el día del estreno: tiene que soltar la obra y dejar que los actores la manejen. Porque ya en ese punto, ellos saben más de la obra que el mismo director; los actores están ensayándola permanentemente, la están sintiendo y confrontándola con el público. Además, pienso que los actores necesitan cierta intimidad para hacer su trabajo, y la mirada permanente del director, corrigiendo hasta el mínimo movimiento, termina encorsetando procesos que van surgiendo de manera natural. Por eso pienso que el director debe saber morirse un día, y ese día es el del estreno.

¿Alguna vez has intentado escribir para teatro?
No, soy pésimo. Cuando intento, salen cosas horribles, no funcionan, no tienen ritmo. Yo ahí sí no me meto; parto de mis limitaciones, también, y esa es una de ellas.

Siempre has estado ligado al mundo del arte y la gestión cultural. Tu madre, Mina Maggiolo, fue directora de la Orquesta Sinfónica de Radio Filarmonía y de la Orquesta Sinfónica Nacional. ¿Qué fue lo más importante aprendiste de ella?
Mi mamá es directora de orquesta, pero sobre todo es una líder innata. Es muy pero muy estricta con su trabajo, sus músicos me lo han dicho; pero también es una persona que se la juega íntegramente por su equipo, por sus músicos, por su familia. Tiene un nivel de desprendimiento brutal, es capaz de dejar de hacer todo por ella, y hacer mucho por los demás. Entonces creo que la mayor enseñanza que me ha dado es el valor de la solidaridad. También aprendí de ella que hay que mantener siempre la disciplina en el trabajo, pero sin perder nunca el lado humano.

Hablando de liderazgo, en una entrevista, Alicia Morales dijo que pensaba jubilarse este año. ¿Sabes si mantiene esta decisión? Si finalmente lo hace, ¿tú asumirías la Dirección del C.C. PUCP?
Para empezar, yo no creo que Alicia se vaya a ir este año; creo que se va a quedar un poco más. Alicia tiene mucho para dar todavía. Creo que ella es una gestora cultural muy valiosa, probablemente es la más importante que hay en el Perú. Cuando ella decida dejar el cargo, dependerá de quienes deciden el rumbo del Centro cultural y de los proyectos que se tienen para más adelante, decidir quién asumiría la Dirección. Yo, por ahora, estoy encantado; he ido aprendiendo una serie de cosas en este lugar y estoy en capacidad de dar mucho más.

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