Los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron hace 50 años en los primeros seres humanos en pisar la Luna, una hazaña vista en televisión por unas 500 millones de personas. (Foto: NASA)
Los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin se convirtieron hace 50 años en los primeros seres humanos en pisar la Luna, una hazaña vista en televisión por unas 500 millones de personas. (Foto: NASA)

Mario Hamuy
Astrónomo Universidad de Chile
Premio Nacional de Ciencias Exactas

La llegada a la Luna de la misión tripulada Apolo 11 de la NASA ––el 20 de julio de 1969–– fue el desenlace de una frenética carrera iniciada a fines de los años cincuenta, en plena Guerra Fría, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Una proeza contra reloj, empujada por la política más que por la ciencia, catapultó a los norteamericanos a un indiscutido liderazgo tecnológico y político, luego de lo cual las misiones tripuladas a nuestro satélite natural cesaron, al mismo tiempo que la exploración espacial se centró en otros cuerpos más lejanos del sistema solar, siendo Marte el principal objeto de estudio.

Luego de casi dos décadas desde la caminata de Neil Armstrong y Buzz Aldrin sobre la superficie lunar en ese histórico 20 de julio, la investigación de la Luna comenzó a revitalizarse de manos de las agencias espaciales de Japón, Europa, China e India con el objeto de conocer la composición química y mineralógica de su superficie, estudios que han revelado incluso la presencia de moléculas de agua en suelo lunar. Este año la misión Chang´e logró posarse sobre la Luna y deleitarnos con las primeras imágenes de su hemisferio lejano, aquella cara que quedó fuera de nuestra visión directa hace millones de años debido a las mareas que la Tierra ejerció sobre la Luna y que condujo a que nuestro satélite esté siempre dándonos la misma cara, mismo destino que sufrirá la Tierra en el futuro debido a las mareas que la Luna ejerce sobre nuestros océanos.

La Luna es uno de los cuerpos celestes que más motivan al ser humano, desde la incógnita que representaba para las civilizaciones antiguas, hasta lo más superfluo, como la tendencia de los enamorados de regalarla, hasta las investigaciones científicas que han demostrado su valor e incidencia respecto de lo que ocurre con nuestros ecosistemas. Si bien el desafío de poder habitar la Luna en algún momento impone un desafío mayor para la humanidad, no solo por el costo de tal empresa sino por el desarrollo tecnológico que esto implicaría, ya llegará el momento en que nuestros descendientes sean los primeros selenitas de la historia.