El limeño del siglo XXI
El limeño del siglo XXI
Eduardo Arroyo

En 485 años, Lima pasó de ser una apacible aldea, con olor a jazmines y rosas, a ser una ciudad andina y cosmopolita, chola, inmensa, con una gran conurbación, tendencia que se mantendrá en el futuro. Todas las predicciones del Fórum Lima 2000 se han cumplido. Lima se ha extendido por la costa central y existen menos de 5.000 hectáreas de cultivos para sostener a once millones de habitantes. Por eso, depende, inexorablemente, de la sierra central, hecho que se agravará en una capital de puro cemento.

Si no se descentraliza el país con realismo, Lima seguirá creciendo hasta Casma. Y, si no se corrige el transporte vehicular y se detiene la ola de violencia, la ciudad policéntrica colapsará por estrés e ineficiencia en una creciente inseguridad. En medio de estos graves problemas, se está gestando, sin embargo, una nueva limeñidad: una frondosa clase media, de gente trabajadora, emprendedora, llena de fe y esperanza. Un “cholo power” con camioneta, celular de última generación y tarjeta de crédito. Un limeño no solemne, como antaño, sino cultor de Eros, festivo, lúdico, divertido, efusivo, orgulloso de su fútbol, su comida y bebida. Del homo videns de Sartori al homo consumericus de Lipovetsky. Del cultor del individualismo y el narcisismo al amante del presentismo, la diversión y el espectáculo, eso que molesta tanto a Mario Vargas Llosa.

El nuevo limeño es totalmente digital. Parece un celular con dos piernas y dos brazos. Todo comienza a funcionar ya a través de las pequeñas pantallas del smartphone: se vive ahora y se paga al crédito. Se impone cada vez más el dinero de plástico. El limeño joven viste jean azul, polo, casaca y zapatillas; lleva una mochila al hombro y un celular en la mano. La función desarrolla al órgano, afirman que decía Darwin. Y, al no separarse del celular, desarrollará más el brazo con el que opera este aparato. Tendrá una nueva mano entonces y, tal vez, nuevos oídos adaptados al uso de audífonos y ojos miopes por el brillo de las pantallas. Será menos sociable por cuanto habrá perdido el contacto cara a cara. Será pura inteligencia artificial: un cyberhumano.

El limeño del siglo XXI tiene la opción de movilizarse en scooter eléctrico y elige este medio de transporte gracias a una aplicación de su celular.
El limeño del siglo XXI tiene la opción de movilizarse en scooter eléctrico y elige este medio de transporte gracias a una aplicación de su celular.
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > Giancarlo Avila Herrada

En las relaciones, se impondrán cada vez más esos amores líquidos, superficiales, que clamaba el sociólogo Zygmunt Bauman. Ya no más el amor romántico, sino amores convergentes; ya no más compromisos hasta las últimas consecuencias. Hoy los jóvenes son más liberales en sus relaciones de pareja que la generación de sus padres, aunque cuidado con esos amores posesivos, celosos, tóxicos y peligrosos.

En Lima habrá una especie de pugna entre la ciudad moderna y la conservadora. Las relaciones serán más epidérmicas, desarrolladas también a partir del celular y de algoritmos. Y, si triunfa la corriente conservadora, tendremos un limeño digitalizado y probablemente evangélico por la fuerza que vienen adquiriendo estas iglesias en el mundo.

Todo esto no debe hacernos olvidar la creciente amenaza que pesa sobre la capital peruana debido a la crisis climática y a los terremotos y tsunamis. Si la ciudad fuera azotada por un cataclismo como el que sucedió en 1746, no debería sorprendernos que barrios del litoral como Miraflores, Barranco o Chorrillos, o balnearios como La Punta desapareciesen. Además, debido al deshielo de los glaciares, tampoco es improbable que la costa peruana se quede sin agua, por cuanto los bolsones de este líquido están lejos, allá en el Amazonas o el Titicaca. Quizá habrá que desalinizar el agua del océano Pacífico. En fin, son los retos del futuro.

Cinco claves de la limeñidad del siglo XXI:

Habitantes del mundo 2.0

Lo digital se ha vuelto un espacio imprescindible en el día a día de los limeños. Una encuesta del IOP PUCP de 2018 reveló que el 77.8 % de los ciudadanos de Lima y el Callao contaba con un teléfono inteligente, mientras un estudio realizado en 2019 por Comscore, compañía de investigación de marketing en internet, mostró que los peruanos pasan 409.2 minutos al mes en las redes sociales (unas siete horas diarias). El motivo evidente es que casi todo se puede hacer desde el celular: estudiar, realizar operaciones bancarias, buscar una cita, comprar, gestionar el transporte, medir las calorías mientras corremos y organizar nuestras actividades, además de consumir productos de streaming y de entretenimiento. El móvil ha reemplazado algunos espacios físicos y complementado otros. Y el limeño ya no necesita, por ejemplo, tener un local físico para instalar un negocio, ir a una agencia de viajes para planear unas vacaciones o llamar por teléfono para pedir la cena por delivery. El celular —y las apps— permite realizar dichas actividades acortando tiempos y distancias.

“Hay dos conceptos importantes para el limeño digital: la inmediatez y la vigilancia. Lo primero es evidente: las personas ya no están dispuestas a esperar. Lo segundo se refiere a que los usuarios están pendientes de situaciones de abuso o maltrato que los afecten como consumidores o como ciudadanos para denunciarlas inmediatamente por redes sociales”, dice Augusto Ayesta, consultor en comunicación digital.

Un estudio demostró que pasamos 409.2 minutos al mes en las redes sociales (unas siete horas diarias)
Un estudio demostró que pasamos 409.2 minutos al mes en las redes sociales (unas siete horas diarias)

Las plataformas sociales también son de gran ayuda para agrupar a personas con mismos intereses. Así, vemos a cientos o miles de ciudadanos responder a convocatorias políticas, como mítines y marchas, o ir a conciertos, fiestas temáticas o encuentros de runners, organizados en Facebook. “La comunidad utiliza el espacio digital como medio de comunicación, difusión y contención, pero la verdadera interacción —y lo que hace que la comunidad permanezca funcionando— se da en el espacio presencial”, añade.

Sí, son múltiples las utilidades del smartphone, pero Ayesta recomienda balancear su uso. Para ello nos recuerda que también hay aplicaciones que ven el tema de bienestar digital para consumir la tecnología móvil de forma saludable. Paradojas del siglo XXI. (Claudia Guevara)


Vivir en el aire

La explosión demográfica ha hecho que Lima crezca hacia arriba y que el miedo ante la inseguridad ciudadana se manifieste en su arquitectura. La abundancia de rejas en puertas, ventanas y calles hace de Lima una ciudad de fierro y cemento, y de los limeños, ciudadanos con miedo. Además, es una realidad que las viviendas se reducen y que el sueño de la casa con puerta y jardín como en los años 60 es cada vez más lejano.



“Yo te perdono, Lima, el haberme parido / en un quieto verano / de abanicos y moscas”. — Juan Gonzalo Rose, poeta.

“En los últimos veinte años, la población de Lima ha crecido mucho, y este crecimiento causa un problema: los espacios —públicos y privados— se comparten cada vez con más gente que debe aprender a vivir en armonía en ámbitos cada vez más pequeños. Los limeños no sabemos vivir en esta densidad”, comenta Pablo Vega Centeno, arquitecto y sociólogo. Grandes ciudades como Nueva York o París encontraron la manera de hacerlo, y con bastante más población que la de Lima. Entonces, ¿qué estamos haciendo mal? Vega Centeno agrega que es posible vivir bien en departamentos pequeños si se tienen espacios externos en los que los vecinos puedan encontrarse, caminar, sentarse a leer el periódico, jugar, ejercitarse y respirar. “La oferta inmobiliaria ha hecho un híbrido del viejo suburbio, pues todo está dentro del edificio: la terraza, el gimnasio, el jardín, la piscina... Pero necesitamos que la ciudad comience a negociar espacios”, recomienda.

Un departamento en Lima Metropolitana y el Callao está en promedio en US$134.503. (Foto: USI)
Un departamento en Lima Metropolitana y el Callao está en promedio en US$134.503. (Foto: USI)

“Si bien hemos crecido, en términos de estructura urbana, Lima parece la misma de hace 50 años. Los centros neurálgicos de la actividad urbana, donde se concentran los trabajos y servicios, siguen siendo muy pocos y sectarios. Hablamos del centro de Lima, la zona comercial de Miraflores, la zona financiera de San Isidro, el emporio comercial de Gamarra y paramos de contar”, dice. Esto genera que todos los días buena parte de la población se transporte desde los extremos hacia dichas zonas, lo que provoca alto tráfico y, por supuesto, estrés. ¿El resultado? Limeños estresados en viviendas pequeñas. Ya lo sabemos, no es una buena combinación. (Diana Gonzales)


Come, limeño, come

El limeño, como buen peruano, a veces piensa con el estómago. Paola Miglio, periodista e investigadora, nos ayuda a perfilar nuestra relación con la comida. Un aspecto que resalta es que los últimos años en Lima se perdió la costumbre de cocinar en casa. “Tal vez porque más gente vive sola y el ritmo de vida es muy veloz y se pasa mucho tiempo en la calle”, dice. Sin embargo, es una tendencia actual buscar recuperar la costumbre de la comida casera en pos de una vida más sana. Y ello podría explicar la moda de la comida orgánica. Y, aunque comer saludable no pasa exclusivamente por alimentos orgánicos, esta moda ha generado que las personas se preocupen más por el origen de los insumos con los que preparan sus alimentos. Muestra de ello es el éxito de espacios como la Feria de Productores de la avenida Brasil o la Bioferia del parque Reducto. Pero ello no ha alejado a los limeños del ceviche, el chifa o el pollo a la brasa, platos que despiertan pasiones. Como bien dice Miglio: “En una época de experimentación, hay un patriotismo facilón en señalar ‘si le pones palta a mi ceviche, no es ceviche’, por ejemplo”. El limeño, añade, es el que viaja con algún insumo de comida peruana en la maleta. Paola Miglio describe la relación del limeño con la comida como muy de memorias, de huariques y de compartires del tipo “yo conozco el lugar donde preparan el mejor [inserte aquí su plato favorito] del mundo”. (Katherine Subirana)

Bioferia de Surquillo. (Foto: Difusión)
Bioferia de Surquillo. (Foto: Difusión)


Ciudadanos del centro comercial

Los centros comerciales se han convertido en espacios que cubren casi todas las necesidades de entretenimiento del limeño promedio. ¿Cine? Ahí, en el centro comercial. ¿Comida? Ahí, en el centro comercial. ¿Juegos para los niños? En el mismo lugar. Diversos estudios de mercado muestran que las preferencias de los consumidores por áreas de entretenimiento, ocio, gastronomía y experiencia directa con las marcas son el motor de la elección del centro comercial al que acuden, más allá de razones como el precio o distancia. Por ejemplo, es usual que los limeños crucen la ciudad para ir al Mallplaza Bellavista en el Callao, al Jockey Plaza en Surco y al Megaplaza en Independencia.

Los centros comerciales se han convertido en espacios que cubren casi todas las necesidades de entretenimiento del limeño promedio.
Los centros comerciales se han convertido en espacios que cubren casi todas las necesidades de entretenimiento del limeño promedio.

Sin embargo, hay una buena parte de la población, en su mayoría jóvenes, que tiene otra forma de divertirse. Se trata de grupos que aprovechan los pocos espacios públicos y parques ubicados en diversos distritos de Lima para bailar. Con o sin instructor, ellos bailan. Bachata, Kpop, danzas folclóricas, entre otros ritmos, en lugares como el Campo de Marte, el parque Ramón Castilla, el parque Chabuca Granda o el parque Kennedy. Un estudio realizado en el 2000 por el sociólogo Roland Álvarez explicaba la formación de comunidades que tomaron los espacios urbanos para practicar hip hop. Veinte años después, son muchos y muy diversos los estudios que se realizan. Los jóvenes siguen bailando. (Katherine Subirana)


Consumo capital

¿Es el limeño del siglo XXI más consumista y vive más endeudado? Rolando Arellano, especialista en marketing, opina al respecto: “El limeño consume más porque en los últimos 10 o 15 años ha duplicado sus ingresos y, por lo tanto, sus gastos”. Sin embargo, el administrador no cree que los limeños vivan sobreendeudados. “El crédito en el Perú es una novedad que alcanza solo al 50 % de la población, una de las cifras más bajas de la región”, agrega. Una de estas novedades financieras es el crédito hipotecario, que ha redefinido el acceso a la vivienda: las nuevas generaciones de limeños compran departamentos hechos o en planos, y pagan a largo plazo, a diferencia de las generaciones anteriores que ahorraron para levantar sus casas poco a poco.

¿Es el limeño del siglo XXI más consumista y vive más endeudado?
¿Es el limeño del siglo XXI más consumista y vive más endeudado?

¿En qué gastan más los limeños? Según Arellano, en transporte. Solo en movilidad, se va entre el 11 y 12 % de los ingresos. También en buena comida, pues parte del presupuesto diario incluye salir a comer. “La gastronomía peruana no es solamente una moda; ha ingresado a la cultura familiar”, señala Arellano. Otro motivo de endeudamiento es la educación: “Antes, lo importante era que tu hijo obtenga el título universitario sin importar dónde estudiara. Ahora, la gente pide que ese título tenga valor en el mercado de trabajo y necesita más dinero para ello”. Y el limeño de hoy también gusta mucho del turismo interno. Para Arellano, somos una sociedad que disfruta el bienestar. (Diana Gonzales)

Una vida petfriendly

De la azotea a la habitación

Tener una mascota (para algunos el término ya no es correcto) hace 30 años en Lima significaba, casi siempre, tener un perro en la azotea, salvo que sea de raza. Esto ha cambiado. Hoy estamos ante decenas de grupos de rescate y adopción de perros y gatos callejeros, y una genuina preocupación por sus condiciones de vida. Un estudio de la consultora Kantar mostró que el 49 % de hogares cuenta con una mascota y, como la vida se desarrolla más en departamentos, las razas pequeñas son las preferidas. La tenencia de perros y gatos ha crecido en 445 %.

Los datos:

  • Datos oficiales: En 2018, la provincia de Lima registraba una población de 9 millones 320 mil habitantes, según el INEI.
  • Patrimonio: El Centro Histórico de Lima fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1991.
  • Limeñismos: Hay dos características puntales en el habla capitalina: alargar las vocales y tomar palabras del inglés.

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